25
OCT
2025

Haz, Señor, que te busquemos de todo corazón (Sal 23)



SÁBADO 25 DE OCTUBRE DE 2025
Semana XXIX del Tiempo Ordinario
Memoria de San Gaudencio, obispo y misionero
Mes del Santo Rosario y de las Misiones
Día consagrado a la Santísima Virgen María

Haz, Señor, que te busquemos de todo corazón (Sal 23)

La liturgia de este sábado nos invita a mirar con esperanza el misterio de la vida en el Espíritu. San Pablo, en su carta a los Romanos (8, 1-11), proclama una verdad que debería grabarse en el corazón de todo cristiano: «Ya no hay condenación para los que están unidos a Cristo Jesús». En Cristo hemos pasado de la esclavitud del pecado a la libertad de los hijos de Dios. No somos ya guiados por la carne, sino por el Espíritu que da vida.

El apóstol nos enseña que el Espíritu Santo no solo habita en nosotros, sino que nos transforma desde dentro, dándonos una nueva orientación: vivir según el Espíritu significa dejar que sea Dios quien conduzca nuestros pensamientos, nuestras decisiones y nuestras obras. La vida cristiana, entonces, no es un peso, sino una respiración continua del amor divino. El Espíritu de Dios es el alma de la Iglesia, el soplo que renueva al mundo y la semilla de eternidad plantada en cada uno de nosotros.

El salmo responsorial (Sal 23) se convierte en oración sincera: «Haz, Señor, que te busquemos». Buscar a Dios no es tarea de un día, sino la aventura de toda una vida. Quien se deja conducir por el Espíritu, se convierte en buscador de la presencia divina en lo cotidiano: en los pobres, en la familia, en el trabajo, en la creación. María, a quien consagramos los sábados, es el modelo perfecto de quien busca, escucha y guarda la Palabra de Dios en su corazón. Ella es la primera discípula y la más misionera de todos, porque llevó a Cristo a los hombres antes incluso de su nacimiento.

El Evangelio según san Lucas (13, 1-9) nos presenta la parábola de la higuera estéril. Jesús nos revela la infinita paciencia de Dios, que espera con misericordia nuestra conversión. El dueño del campo representa a Dios Padre, el viñador es Cristo, y la higuera somos nosotros. Dios no se cansa de nosotros, sino que da tiempo, abona y riega nuestra vida para que demos fruto. El Señor no quiere condenar, sino salvar; no destruye, sino que cultiva. Nos pide solo abrir el corazón a su gracia y dejar que el Espíritu Santo produzca en nosotros frutos de amor, justicia, paz y servicio.

San Gaudencio, cuya memoria celebramos hoy, fue obispo de Brescia en el siglo IV y discípulo de san Ambrosio. Fiel pastor, se distinguió por su celo apostólico, su amor a la Eucaristía y su profunda devoción a la Virgen María. Fue misionero incansable en tiempos difíciles para la fe, testigo de que el Espíritu Santo actúa en quienes se dejan guiar por Él. Su ejemplo nos recuerda que cada cristiano está llamado a ser misionero allí donde vive, con palabras, obras y testimonio coherente.

En este mes del Rosario y de las Misiones, contemplemos a María como la “Higuera fecunda” que dio el mejor fruto: Jesús, el Salvador del mundo. Ella nos enseña a perseverar en la fe incluso cuando no vemos resultados inmediatos, a confiar en el tiempo de Dios y a cultivar nuestra vida espiritual con oración constante. Recitar el Rosario es precisamente eso: permitir que el Espíritu Santo, junto con María, abone nuestra alma con los misterios de Cristo, para que florezca la santidad.

Dios no se cansa de esperarnos; el Espíritu Santo nos libera de la condena del pecado y nos impulsa a una vida nueva, fecunda y llena de esperanza. Agradezcamos hoy la paciencia de Dios, su misericordia que nos cuida como el viñador que no renuncia a la higuera, y renovemos nuestra búsqueda de Él rezando el Santo Rosario y practicando la caridad misionera, para que nuestra fe dé fruto en obras concretas de amor, justicia y perdón.

Oración final:
Señor Jesús, viñador de nuestras almas, no permitas que nuestra vida sea estéril. Riega con tu Espíritu nuestro corazón para que demos frutos de conversión, alegría y esperanza. Que María, Madre y Maestra de los misioneros, nos ayude a buscarte con sinceridad y a anunciarte con valentía. Amén.


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial


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