Viernes
12 de diciembre de 2025
Semana II de Adviento – Fiesta de la Bienaventurada Virgen María de
Guadalupe, Patrona de América
Año Jubilar – Peregrinos de Esperanza
Guadalupe: La Madre que Camina con América y Renueva la Esperanza en Adviento
La memoria viva de Nuestra Señora de Guadalupe vuelve a levantar el corazón del continente entero. Su presencia en el Tepeyac no pertenece al pasado; sigue siendo una caricia maternal para un pueblo que camina entre desafíos, heridas y esperanzas. En este Adviento, cuando la Iglesia nos llama a vigilar y a abrir el alma, la Virgen morena nos recuerda que Dios se acerca siempre a través de lo sencillo, de lo pequeño, de lo que parecía no contar.
1.
“Yo soy la Madre del Amor Hermoso”: la Virgen que abraza a un continente
La liturgia nos regala hoy un texto precioso del libro del Eclesiástico
(Sirácide 24,23-31). Allí la sabiduría divina habla como una madre que fecunda,
que sostiene, que hace crecer. La Tradición de la Iglesia ha visto en estas
palabras un anuncio de la Santísima Virgen María. Todo en ella es fruto de Dios
y, al mismo tiempo, camino de bendición para quienes se acercan con humildad.
Esa imagen se volvió carne en el Tepeyac en 1531, cuando María se inclinó hacia un joven indígena, san Juan Diego, para revelarle que su misión materna abraçaba a todos los pueblos. La tilma con su imagen no es un adorno religioso: es un mensaje vivo, tejido con símbolos que hablan al corazón humano. Allí la Madre se presenta mestiza, embarazada, en actitud de ternura. Allí nos dice que Cristo está viniendo, que está gestándose un nuevo tiempo, una esperanza nueva.
2.
El Evangelio abre la puerta del gozo: María va de prisa a servir
San Lucas (1,39-48) nos conduce al encuentro entre la Virgen y su prima Isabel.
Dos mujeres, dos vientres, dos historias que se tocan. María no se encierra en
sí misma después de la Anunciación. Se pone en camino, se vuelve puente,
solidaridad, servicio.
Ese gesto resume su mensaje en Guadalupe. María siempre va al encuentro. Se acerca al que sufre. Se adelanta a tus miedos. Te dice, como a Juan Diego: “¿No estoy yo aquí que soy tu Madre?” Cuando el corazón tiembla, ella nos toma de la mano para recordarnos que la verdadera grandeza del creyente está en escuchar la Palabra, aceptarla y dejar que se haga vida.
La visita de María provoca alegría. Juan el Bautista salta en el vientre de Isabel. La alegría cristiana no es superficial; brota cuando reconocemos que Dios está entrando en nuestra historia. En tiempos de incertidumbre, esta escena nos invita a cultivar un corazón vigilante y agradecido, capaz de descubrir los pequeños milagros cotidianos.
3.
“Que te alaben, Señor, todos los pueblos” (Sal 66): la belleza de una fe que
une y envía
El salmo nos recuerda que la bendición de Dios no es exclusiva ni cerrada. Es
una bendición que se expande, que contagia vida, que llama a todos los pueblos
a la alabanza. América Latina ha sido marcada profundamente por esta
experiencia: la fe que nació en el encuentro con Cristo y que se consolidó con
la presencia maternal de Guadalupe ha construido un continente que, aun en
medio de sus heridas, sabe que Dios no abandona.
Hoy esa misma fe nos impulsa a comprometernos con la justicia, la paz y la dignidad humana. La Virgen de Guadalupe es protectora de los pobres, defensora de los no nacidos, consuelo de quienes migran, esperanza de los pueblos golpeados por la violencia y la corrupción. Ella nos invita a amar esta tierra que Dios nos regaló y a cuidar a cada persona como un hermano.
4.
La intención del Santo Padre: los cristianos en contextos de conflicto
En este diciembre, el Papa nos pide orar por nuestros hermanos cristianos que
viven bajo persecución, violencia o guerra. Muchos de ellos celebran la fe
escondidos, en silencio, arriesgando la vida. María de Guadalupe nos ayuda a
mirarlos con corazón de familia. Ella conoce la angustia de quienes viven bajo
opresión; ella comprende el dolor de los que no pueden hablar con libertad. Que
nuestra oración les alcance consuelo, fortaleza y una paz que el mundo no puede
dar.
La fiesta de Guadalupe nos invita a pensar en una Iglesia que se hace cercana
como María, a sentir la alegría de Dios que viene a visitarnos y a actuar
sirviendo con prontitud como ella, acompañando a quienes están heridos,
animando a quienes han perdido el rumbo y construyendo comunidades donde la fe
se viva con humildad y esperanza firme.
En este Año Jubilar seguimos caminando, no como quienes avanzan a oscuras, sino
como hijos que se saben sostenidos por la Madre. María de Guadalupe nos
recuerda que Dios hace nuevas todas las cosas y que Cristo viene a renovar la
historia desde dentro.
Que en este Adviento ella nos enseñe a mirar hacia adelante, a no detenernos, a confiar que la luz que nació en Belén volverá a brillar en cada rincón donde un corazón humilde diga: “Señor, aquí estoy”.
Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de América, ruega por nosotros y permanece siempre en nuestro camino.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial.
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