Firme
en la tormenta: la fortaleza que vence el miedo.
El
fuerte no es quien no cae, sino quien siempre se levanta con fe.
Virtud Cardinal.
La fortaleza es la virtud que sostiene al alma cuando todo parece derrumbarse. Es el valor de permanecer en pie cuando las olas golpean con furia, la capacidad de resistir en el bien sin rendirse ante el cansancio o el miedo. No se trata de una simple resistencia física, sino de una fuerza interior que nace de la confianza en Dios. En la Sagrada Escritura, el Señor repite con ternura: “No temas, porque yo estoy contigo” (Is 41,10). Quien cree en esa promesa, puede atravesar las noches más oscuras con serenidad en el corazón.
La fortaleza no elimina el sufrimiento, pero lo transforma. El cristiano fuerte no es el que nunca sufre, sino el que en medio del dolor mantiene la esperanza. Jesús mismo, en Getsemaní, experimentó la angustia hasta sudar sangre, pero su fortaleza lo llevó a decir: “Padre, no se haga mi voluntad, sino la tuya”. En esa obediencia nace la verdadera fuerza: la que brota del amor y se alimenta de la fe. Los mártires, los santos, las madres que esperan pacientemente un hijo enfermo, los jóvenes que defienden su fe ante las burlas, todos ellos son testigos de que la fortaleza no es un poder humano, sino un don divino que sostiene y purifica.
Vivimos en un tiempo donde el miedo se disfraza de prudencia, y la comodidad de sabiduría. Pero sin fortaleza, ninguna virtud perdura. Es la fortaleza la que hace posible la justicia, la caridad y la fe en medio de la contradicción. Quien se apoya en Cristo no teme las tormentas: aprende a caminar sobre ellas. San Pablo, prisionero y perseguido, proclamó con alegría: “Todo lo puedo en aquel que me fortalece” (Flp 4,13). Esa es la victoria del creyente: no evitar la cruz, sino abrazarla con esperanza.
La fortaleza es la energía espiritual que nos permite hacer el bien con perseverancia, aun cuando todo parece perdido. No temas tus debilidades; entrégalas a Cristo y deja que su fuerza se perfeccione en tu fragilidad. Frente a las pruebas, no huyas: ora, confía y continúa caminando, porque cada caída puede ser el inicio de una victoria si te levantas con fe.
Libros
consultados:
– Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1808-1832.
– Summa Theologica, Santo Tomás de Aquino, II-II, q.123-140.
– Encíclica Spe Salvi, Benedicto XVI.
– Exhortación apostólica Gaudete et Exsultate, Papa Francisco.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial.
Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared