28
OCT
2025

FIESTA DE LOS SANTOS SIMÓN Y JUDAS, APÓSTOLES



FIESTA DE LOS SANTOS SIMÓN Y JUDAS, APÓSTOLES
Martes 28 de octubre de 2025 – Semana XXX del Tiempo Ordinario
Lecturas: Efesios 2, 19-22; Salmo 18; Lucas 6, 12-19

“Edificados sobre el cimiento de los apóstoles, Cristo Jesús es la piedra angular” (Ef 2,20)

Hoy la Iglesia celebra con gozo la fiesta de los santos apóstoles Simón y Judas, dos columnas silenciosas del Evangelio que nos recuerdan que la verdadera grandeza del discípulo está en la fidelidad, no en la fama. De ellos poco sabemos, pero su testimonio permanece grabado en los cimientos de la Iglesia. Ambos fueron llamados por Jesús y, enviados en su nombre, llevaron la Buena Noticia hasta los confines del mundo. Su memoria ilumina el mes del Santo Rosario y el Mes de las Misiones, invitándonos a redescubrir el ardor apostólico que brota de la comunión con Cristo.

San Pablo, en su carta a los Efesios (2,19-22), nos recuerda que ya no somos extranjeros ni forasteros, sino “ciudadanos del cielo y miembros de la familia de Dios”. Cada bautizado forma parte viva de esa construcción espiritual cuyo fundamento son los apóstoles y profetas, y cuya piedra angular es Cristo mismo. No hay fe cristiana sin comunión, sin pertenencia a esta gran casa que es la Iglesia. En ella encontramos abrigo, misión y sentido. Somos piedras vivas, llamadas a sostener, con nuestra vida, la presencia de Dios en medio del mundo.

El salmo 18 nos hace elevar el corazón: “El mensaje del Señor resuena en toda la tierra”. Esa palabra no se detiene, sigue transformando corazones, familias y comunidades. Los santos apóstoles Simón y Judas son testigos de que el Evangelio no es una idea abstracta, sino una fuerza viva que traspasa culturas, idiomas y fronteras. A través de la fe, Dios hace de nosotros mensajeros de su amor. Allí donde hay un cristiano que reza, ama, sirve o perdona, el mensaje del Señor continúa resonando.

El Evangelio según san Lucas (6,12-19) nos presenta a Jesús en la montaña, en oración, antes de elegir a los Doce. De la oración brota la misión. Jesús no improvisa; su elección nace del diálogo íntimo con el Padre. Allí llama a Simón, a quien llamará Zelote, y a Judas, “hijo de Santiago”. Ellos, junto con los demás, serán los que proclamen el Reino, curen enfermos y liberen a los oprimidos. En esta escena se nos revela el corazón de la Iglesia: una comunidad orante, misionera y sanadora. Los apóstoles son signos de ese poder que sale de Cristo y sana a todos los que se le acercan.

En este mes del Rosario y de las Misiones, los santos Simón y Judas nos invitan a ser discípulos constructores de comunión. En un mundo marcado por la división, el cristiano está llamado a unir, a tender puentes, a llevar paz donde hay conflicto. El Rosario, rezado con fe, nos introduce en la escuela de María, donde aprendemos a meditar los misterios de Cristo y a mirar el mundo con sus ojos. Y la misión no es una tarea reservada a algunos: todo bautizado, por el Espíritu Santo, es enviado a llevar esperanza y consuelo.

Los Padres de la Iglesia enseñaban que el testimonio silencioso de los apóstoles es la piedra más firme de la Iglesia. San Juan Crisóstomo decía: “No basta con admirar a los apóstoles; es preciso imitarlos en su fe y en su entrega”. Ellos no buscaron gloria personal, sino dar su vida por Cristo. También hoy, la Iglesia necesita de esos apóstoles ocultos que, sin aparecer, sostienen con su oración y servicio la vida de la comunidad.

Somos parte de la familia de Dios, edificados sobre los apóstoles y sostenidos por Cristo, piedra angular. Cada uno de nosotros tiene un lugar insustituible en la Iglesia, llamado a construir unidad y a anunciar con la vida el amor del Señor. Alegrémonos de pertenecer a una historia santa que comenzó con hombres sencillos, transformados por el poder del Espíritu. Que la oración del Rosario y el testimonio de los misioneros reaviven en nosotros la pasión por el Evangelio. Seamos discípulos fieles y misioneros de esperanza. Encomendemos hoy nuestras vidas a la intercesión de los santos Simón y Judas, pidiendo al Señor que su mensaje siga resonando en toda la tierra a través de nuestras palabras y obras.

 

Oración final:
Señor Jesús, piedra angular de tu Iglesia, te damos gracias por los santos apóstoles Simón y Judas. Concédenos la gracia de permanecer firmes en la fe, alegres en la misión y constantes en la oración. Haz de nuestras familias hogares de comunión, y de nuestras comunidades, verdaderos templos de tu presencia. María, Reina del Rosario, acompáñanos en el camino de la evangelización. Amén.


 


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.

 


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