23
DIC
2025

Fe y responsabilidad moral



Fe y responsabilidad moral

La conciencia cristiana en un mundo confuso

Vivimos en un tiempo donde las referencias morales parecen diluirse. Con frecuencia se afirma que “todo es relativo”, que cada uno decide lo que está bien o mal según su conveniencia o sentimiento. En medio de esta confusión, la fe cristiana no se presenta como una carga añadida, sino como una luz para la conciencia. Creer en Dios implica asumir una responsabilidad moral: reconocer que nuestras decisiones importan, que el bien y el mal no son construcciones arbitrarias y que la libertad necesita verdad para no perderse.

La conciencia no es una voz caprichosa ni un simple reflejo de la opinión social. Es el lugar interior donde el ser humano se encuentra con la verdad moral y donde Dios habla con delicadeza. La fe no sustituye a la conciencia, pero la forma y la educa. Sin fe, la conciencia corre el riesgo de volverse frágil, manipulable o silenciosa; con la fe, se fortalece, se afina y se orienta hacia el bien auténtico. Por eso la vida moral cristiana no nace del miedo al castigo, sino del deseo de vivir en la verdad.

La fe cristiana afirma que no todo da igual porque cada acto humano construye o hiere. Las decisiones diarias —en la familia, en el trabajo, en el uso del dinero, en la palabra dada, en el respeto al otro— tienen un peso moral real. La fe no elimina la complejidad de las situaciones, pero ofrece criterios sólidos para discernir. En un mundo que aplaude la comodidad y justifica cualquier conducta, la conciencia cristiana recuerda que el bien exige a veces ir contracorriente.

Asumir la responsabilidad moral desde la fe no significa sentirse perfecto ni juzgar a los demás. Significa reconocer la propia fragilidad y, al mismo tiempo, no renunciar a la verdad. El cristiano sabe que puede equivocarse, pero también sabe que siempre puede volver a empezar. La misericordia de Dios no anula la exigencia moral; la hace posible. Sin verdad, la misericordia se vacía; sin misericordia, la verdad se vuelve insoportable.

Jesús no propuso una moral fría ni legalista. Invitó a una vida coherente nacida del amor: amar a Dios y al prójimo como criterio último. Desde ahí se comprende la responsabilidad moral cristiana: vivir de tal modo que el bien del otro y la gloria de Dios estén en el centro. La fe no simplifica la vida moral, pero la humaniza, porque enseña a elegir no solo lo conveniente, sino lo justo; no solo lo permitido, sino lo bueno.

En tiempos de confusión, la conciencia cristiana no es un obstáculo para la convivencia, sino una aportación necesaria. Allí donde hay personas que deciden con rectitud, con honestidad y con sentido del bien común, la sociedad se vuelve más humana. La fe, vivida con responsabilidad moral, se convierte así en un servicio silencioso al mundo.

Pensar

La fe ilumina la conciencia y ayuda a distinguir el bien del mal en medio de la confusión moral de nuestro tiempo.

Sentir

Percibe la serenidad que nace cuando actúas conforme a tu conciencia rectamente formada. Esa paz interior es signo de una decisión justa.

Actuar

Examina tus decisiones a la luz del Evangelio. Forma tu conciencia con la oración, la Palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia, y elige siempre aquello que construye el bien.


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.


Escribir un comentario

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas.

Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared

Aviso legal | Política de privacidad | Política de cookies