Escuchar la voz del Buen Pastor y construir comunidad misionera
Martes 28 de abril de 2026 – Cuarta Semana de Pascua
La Pascua continúa desplegando su fuerza transformadora en la vida de la Iglesia. No se trata de un recuerdo, sino de una realidad viva: Cristo resucitado sigue guiando, hablando y reuniendo a su pueblo. La Palabra de hoy nos sitúa en dos ejes fundamentales de la vida cristiana: la misión que nace del encuentro con Cristo y la escucha confiada de su voz como Buen Pastor.
La Iglesia que nace de la misión y crece en comunidad
El libro de los Hechos de los Apóstoles (Hch 11, 19-26) nos presenta un momento decisivo: la expansión del Evangelio más allá de las fronteras de Israel. Los discípulos, dispersados por la persecución, no se repliegan en el miedo, sino que anuncian a Jesucristo con valentía. Así nace la comunidad de Antioquía, donde por primera vez los seguidores de Jesús son llamados “cristianos”.
Aquí encontramos una enseñanza clara: la Iglesia crece cuando se pone en salida. No se edifica desde la comodidad, sino desde la fidelidad al mandato misionero. Como recuerda el Magisterio, la Iglesia es por naturaleza misionera (cf. Ad Gentes, 2). Cada bautizado está llamado a ser testigo, no por imposición, sino por convicción interior.
San Juan Crisóstomo, uno de los Padres de la Iglesia, al comentar estos pasajes, insiste en que la predicación eficaz nace de una vida coherente: no basta anunciar con palabras, es necesario anunciar con la vida.
“Mis ovejas escuchan mi voz”: la identidad del discípulo
En el Evangelio (Jn 10, 22-30), Jesús se revela con claridad: Él es el Pastor que conoce a sus ovejas, las llama por su nombre y les da vida eterna. No es un líder distante, sino cercano, comprometido, fiel hasta el extremo.
La clave está en una frase sencilla pero exigente: “Mis ovejas escuchan mi voz”.
Escuchar implica más que oír. Significa acoger, discernir, obedecer. En un mundo lleno de ruidos, opiniones y propuestas pasajeras, el cristiano necesita cultivar el silencio interior para reconocer la voz del Señor.
San Agustín enseñaba que el corazón humano está inquieto hasta que descansa en Dios. Solo quien aprende a escuchar a Cristo encuentra verdadera paz y dirección.
Jesús, además, ofrece una promesa firme: “Nadie las arrebatará de mi mano”. Esta certeza es profundamente consoladora. No estamos solos. Nuestra vida está sostenida por la fidelidad de Dios.
Un canto universal: todos los pueblos llamados a alabar
El Salmo 86 nos invita a una alabanza universal: “Alaben al Señor todos los pueblos”. La salvación no es exclusiva, es ofrecida a todos. La Iglesia, desde sus inicios, comprende que su misión no tiene fronteras.
Este horizonte universal es especialmente actual. En medio de un mundo fragmentado, la fe cristiana sigue proponiendo una unidad que nace del amor de Dios y se expresa en la fraternidad.
San Luis María Grignion de Montfort: camino seguro hacia Cristo
Hoy la Iglesia celebra a San Luis María Grignion de Montfort, un gran apóstol de la devoción a la Santísima Virgen María. Su enseñanza es clara y profundamente evangélica: María nos conduce siempre a Jesucristo.
En su obra Tratado de la verdadera devoción a la Virgen María, propone una consagración total a Jesús por María, no como fin en sí mismo, sino como camino seguro de santidad. Su espiritualidad es exigente, pero profundamente liberadora: invita a una entrega total a Dios, confiando plenamente en su gracia.
En sintonía con el Evangelio de hoy, Montfort nos recuerda que escuchar la voz del Buen Pastor implica también acoger el camino humilde y seguro que Dios nos ofrece a través de la Santísima Virgen María.
Tres mensajes de hoy
Propósito para hoy
Dedicar un momento concreto de silencio para escuchar la voz del Señor —en la Palabra, en la oración— y compartir con alguien una palabra de fe o esperanza.
Hoy el Señor sigue hablando. Sigue llamando. Sigue reuniendo a su pueblo. No endurezcamos el corazón. Escuchemos su voz, caminemos con confianza y construyamos, con obras concretas, una Iglesia viva, misionera y llena de esperanza.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario parroquial.
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