21
NOV
2025

Escucha: primer gesto del amor verdadero



Escucha: primer gesto del amor verdadero
Frase guía: Escuchar es acoger el alma del otro como tierra sagrada.

La escucha auténtica tiene algo de sutil y algo de fuerte, como esas raíces que no hacen ruido, pero sostienen toda la vida del árbol. En un mundo que multiplica palabras y acelera opiniones, escuchar se ha vuelto un acto contracultural. No es pasividad ni simple educación: es una forma de amor maduro, ese que reconoce en el otro una dignidad que no depende de acuerdos ni simpatías, sino del simple hecho de ser hijo de Dios.

Escuchar con corazón cristiano significa ofrecer un espacio seguro donde el otro pueda ser él mismo. La Palabra de Dios lo presenta una y otra vez: el Señor escucha el clamor de su pueblo, se inclina ante el que sufre, atiende el suspiro del humilde. Y al hacerlo, transforma la historia. Jesús, a lo largo de los Evangelios, nunca se apresura; siempre da tiempo. Cuando alguien le habla, se detiene: ante el ciego, ante la hemorroísa, ante la samaritana, ante los discípulos cansados. Su escucha no es superficial, es una puerta donde la gracia entra, ordena, sana y renueva.

La tradición cristiana lo ha entendido desde el principio. San Benito pedía “abrir el oído del corazón”, porque solo quien aprende a escuchar es capaz de discernir. Los grandes conciliadores, los santos pastores y los verdaderos amigos de Dios desarrollaron esta virtud silenciosa que sostiene comunidades y pacifica hogares. La escucha previene conflictos, cura heridas y fortalece vínculos. Es un acto de humildad, porque implica dejar de lado la prisa, el juicio fácil y la necesidad de tener la razón.

En la vida diaria, escuchar es más que oír palabras. Es captar gestos, silencios, emociones escondidas, temores que piden permiso para salir. Es dejar que el otro se exprese sin sentir que debe justificar sus lágrimas o adornar sus alegrías. Un esposo que escucha construye paz; una madre que escucha abre caminos a sus hijos; un sacerdote que escucha se convierte en puente entre Dios y la fragilidad humana. Así se tejen familias sólidas, amistades limpias y comunidades maduras.

Escuchar exige paciencia, respeto y deseo sincero de comprender. Y cuando se vive desde la fe, se convierte en un modo concreto de imitar al Señor, que nunca trata a las personas como problemas, sino como historias sagradas. Por eso la escucha es, en el fondo, el primer gesto del amor verdadero: permite que el otro exista con libertad y dignidad ante nuestros ojos.

Al final del día, escuchar no cambia solo al que habla; cambia también al que escucha. El corazón se ensancha, los prejuicios caen, la compasión se despierta. Y desde ese lugar interior más amplio, más sereno, más humano, surgen palabras sabias, decisiones prudentes y relaciones que resisten las tormentas.

La escucha transforma porque es una forma de caridad. Cuando escuchas bien, amas mejor. Y cuando amas mejor, anuncias sin discursos que Dios sigue actuando en medio de su pueblo.

 Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario Parroquial.


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