Domingo 4 de enero de 2026 – Solemnidad de la Epifanía del Señor
Epifanía del Señor: la luz que guía a los pueblos y abre caminos de esperanza
“Que te adoren, Señor, todos los pueblos” (Sal 71)
La Epifanía del Señor no es una escena entrañable detenida en el pasado, ni un relato simbólico para niños. Es una afirmación decisiva de la fe cristiana: Dios se ha manifestado en Jesucristo como luz para todas las naciones. En el Niño de Belén, adorado por hombres venidos de lejos, la Iglesia contempla el inicio visible de una humanidad reconciliada, convocada a caminar hacia la verdad, la justicia y la esperanza.
Celebrar la Epifanía es aprender a mirar la historia con confianza, sabiendo que Dios no se encierra en un solo pueblo ni se revela solo a quienes creen tenerlo todo claro, sino que sale al encuentro de quienes buscan con corazón sincero.
Dios no abandona: la esperanza que se educa en la prueba
El texto del profeta Isaías refleja el drama del pueblo herido por el exilio y la infidelidad. Sin embargo, el mensaje es firme: Dios no ha roto su alianza. Aunque el pecado hiere la relación, el Señor sigue hablando, enseñando y sosteniendo. El siervo aprende a escuchar cada mañana para poder sostener al cansado con una palabra de esperanza.
Esta palabra es profundamente actual. En tiempos de incertidumbre, crisis moral y fatiga espiritual, la Epifanía nos recuerda que Dios no se retira de la historia, sino que la acompaña y la educa. El futuro no se construye negando las heridas, sino dejándose formar por la Palabra que sana y orienta.
“Que te adoren, Señor, todos los pueblos”
El Salmo 71 ensancha el horizonte de la salvación. No se trata solo de la prosperidad de Israel, sino de un reino de justicia y paz para todos los pueblos. La Epifanía es el cumplimiento germinal de esta promesa: los Magos representan a las naciones, a las culturas, a la humanidad en búsqueda.
Adorar al Señor no empobrece a los pueblos; los dignifica. La adoración auténtica libera de los ídolos del poder, del miedo y del interés. Por eso, en un mundo fragmentado y polarizado, la Epifanía sigue siendo una palabra profética: solo cuando Dios ocupa el centro, la humanidad encuentra su equilibrio.
El misterio revelado: todos llamados, todos herederos
San Pablo, escribiendo a los Efesios, ofrece la clave teológica de esta solemnidad: el misterio escondido por siglos ha sido revelado. Los gentiles son coherederos, miembros del mismo Cuerpo, partícipes de la misma promesa en Cristo Jesús.
No hay cristianos de primera o de segunda categoría. La Iglesia nace con vocación universal. Esta verdad no es una teoría, sino una responsabilidad pastoral: la fe no puede encerrarse ni volverse autorreferencial. La Epifanía empuja a la Iglesia hacia la misión, hacia el futuro, hacia el anuncio sereno y firme de Cristo como Salvador de todos.
¿Quiénes son los magoi? La luz de Benedicto XVI
Para comprender con mayor profundidad la figura de los Magos, resulta iluminadora la reflexión de Benedicto XVI en su obra Jesús de Nazaret. La infancia de Jesús. El Papa explica que el término magoi no designa reyes en sentido estricto, sino sabios, probablemente procedentes del ámbito persa o babilónico, vinculados al estudio del cielo, la astronomía y el saber antiguo.
No eran supersticiosos ni adivinos. Representan, según Benedicto XVI, a la razón humana en búsqueda, convencida de que el cosmos no es un caos, sino un lenguaje que puede ser leído porque está sostenido por una Razón creadora. En ellos se da un encuentro ejemplar entre fe y razón: una razón humilde, que no se encierra en sí misma, sino que se deja conducir por la verdad.
El Papa subraya un contraste fuerte y actual: los Magos, que no poseen la Escritura, se ponen en camino; mientras que quienes conocen las profecías saben dónde nacerá el Mesías, pero no se mueven. Es el riesgo permanente de toda vida religiosa: saber mucho de Dios sin dejarse transformar por Él.
La estrella no determina ni obliga. No hay fatalismo. La estrella orienta, invita, propone. Los Magos deciden libremente seguirla. Así, la Epifanía revela que Dios respeta la libertad humana y que la fe auténtica es siempre una respuesta responsable a la gracia.
Todo culmina en la adoración. Los Magos no llegan a una teoría, sino a una Persona. Reconocen en un Niño pobre al Rey verdadero del mundo. Oro, incienso y mirra confiesan que Cristo es Rey, Dios y Hombre entregado. Como señala Benedicto XVI, aquí la razón alcanza su plenitud al abrirse a la adoración.
El “regresar por otro camino” expresa una verdad decisiva: el encuentro con Cristo cambia la ruta de la vida. No solo se evita a Herodes; se abandona una lógica vieja para caminar según una novedad interior.
Epifanía hoy: una esperanza que se hace misión
Al comenzar este año 2026, la Epifanía nos ofrece una esperanza concreta y exigente. Cristo sigue manifestándose en la Palabra, en la Eucaristía, en la vida de la Iglesia y en los signos silenciosos de la historia. Pero espera buscadores, no espectadores; adoradores, no indiferentes.
Como los magoi, la Iglesia está llamada a ser estrella que orienta, no luz que deslumbra; a señalar a Cristo, no a ocupar su lugar; a caminar con los pueblos, no a dominarlos. La Epifanía nos asegura que Dios ya va delante de nosotros. Seguir la luz, adorar con humildad y volver a la vida cotidiana por caminos renovados es la forma más realista de construir el futuro.
La Epifanía proclama hoy, con fuerza serena, que la esperanza no es una ilusión: tiene rostro, tiene nombre y sigue atrayendo a todos los pueblos hacia la luz que no se apaga.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario Parroquial.
Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared