Jueves
19 de febrero de 2026
Jueves después de Ceniza – Tiempo de Cuaresma
Séptimo día de la Novena en honor a Jesús Nazareno de Atalaya
Elige la Vida: La Cruz que Conduce a la Esperanza
La Iglesia, apenas iniciado el camino cuaresmal, nos coloca hoy ante una decisión decisiva. La Palabra no es ambigua. No es neutra. Es clara, directa y profundamente liberadora. Dios no juega con nuestra libertad: la respeta y la eleva.
El libro del Deuteronomio nos presenta una escena conmovedora: “Mira, hoy pongo delante de ti la vida y el bien, la muerte y el mal… Elige la vida” (Dt 30,15.19). No se trata simplemente de normas morales; se trata de destino. Moisés, antes de entrar en la tierra prometida, recuerda al pueblo que la fidelidad no es imposición, sino camino de plenitud.
La Tradición de la Iglesia ha visto en este texto una síntesis de toda la pedagogía divina. San Ireneo afirmaba que Dios “acostumbra al hombre a caminar con Él”. La Cuaresma es precisamente eso: un entrenamiento del corazón. No es un tiempo triste; es un tiempo serio y luminoso. No es un castigo; es una oportunidad.
El Salmo 1 retoma esta enseñanza con una imagen fuerte y consoladora: el justo es como árbol plantado junto al agua. No vive de apariencias, vive de raíces. En una cultura marcada por lo inmediato, la Palabra nos invita a profundidad. La verdadera felicidad no es ruido exterior, sino estabilidad interior.
Y el Evangelio según san Lucas nos conduce al núcleo del discipulado: “El que quiera seguirme, que se niegue a sí mismo, cargue con su cruz cada día y me siga” (Lc 9,23). Jesús anuncia su pasión. No disimula el costo del amor. Pero inmediatamente revela el sentido: perder la vida por Él es salvarla.
Los Padres de la Iglesia entendieron que la cruz no es fracaso, sino revelación del amor. San Agustín decía que Cristo no vino a quitar la cruz, sino a enseñarnos a llevarla. En Cuaresma no buscamos sufrimiento; buscamos verdad. Y la verdad pasa por la conversión concreta.
Hoy, en el séptimo día de la Novena en honor a Jesús Nazareno de Atalaya, contemplamos su imagen cargando la cruz. No es una cruz teórica. Es una cruz asumida por amor. Su paso firme nos recuerda que la fidelidad cotidiana construye la santidad. Jesús Nazareno no huye del camino; lo abraza para redimirlo.
La Cuaresma nos invita a decisiones concretas. No basta con sentir emoción espiritual. El Deuteronomio insiste: “Ama al Señor tu Dios, escucha su voz, permanece unido a Él”. Amar, escuchar, permanecer. Tres verbos que resumen la espiritualidad cristiana.
Desde la doctrina de la Iglesia, sabemos que la libertad humana encuentra su plenitud cuando se orienta al bien. El Catecismo enseña que la verdadera libertad es capacidad de elegir el bien. Por eso la elección de la vida no es solo biológica; es espiritual, moral y eterna.
Este tiempo santo nos prepara para la Pascua. Y la Pascua no es recuerdo del pasado; es promesa de futuro. Elegir la vida hoy es sembrar resurrección mañana. Cargar la cruz hoy es preparar la gloria futura. Renunciar al pecado hoy es abrir espacio a la gracia.
En una sociedad que propone soluciones fáciles, Jesús nos propone camino exigente, pero fecundo. El que pierde su vida por Cristo la salva. Esta es la lógica del Evangelio. No es pérdida; es transformación.
Como parroquia, en este séptimo día de la Novena, estamos llamados a renovar nuestro compromiso. Que cada familia elija la vida. Que cada joven elija la verdad. Que cada matrimonio elija la fidelidad. Que cada consagrado elija la perseverancia. Que cada uno de nosotros elija a Cristo.
Pensar, sentir y actuar en este jueves cuaresmal significa comprender que la vida cristiana es decisión diaria; sentir gratitud porque Dios confía en nuestra libertad y nos ofrece siempre un nuevo comienzo; y actuar tomando una resolución concreta que nos acerque más al Señor —una confesión pendiente, un acto de caridad, un perdón ofrecido, un tiempo real de oración— sabiendo que cada elección por el bien nos conduce, paso a paso, hacia la plenitud de la vida eterna.
Jesús Nazareno de Atalaya nos enseña que la cruz asumida con amor se convierte en camino de esperanza. Hoy, una vez más, el Señor nos dice: “Elige la vida”. Y nosotros, con fe renovada, respondemos: Señor, queremos seguirte.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez
Vicario parroquial.
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