El testimonio de los santos
Vidas que son prueba viva de la existencia de Dios
A
lo largo de la historia, millones de hombres y mujeres han encontrado en Dios
el sentido último de su existencia. Algunos de ellos brillaron de manera
especial: los santos. No demostraron a Dios con teorías, sino con su
vida.
Su testimonio es una de las pruebas más convincentes de la fe, porque la
santidad no se explica sin Dios. En cada santo, la humanidad muestra lo que
puede llegar a ser cuando se deja transformar por la gracia. Los santos son la
evidencia viva de que Dios actúa en el mundo.
1. La santidad: un argumento que convence al corazón
El
pensamiento puede dudar, las palabras pueden discutirse, pero una vida
transformada por el amor de Dios no admite réplica.
Como decía Tertuliano en los primeros siglos:
“La
sangre de los mártires es semilla de cristianos.”
Los santos no hablaron solo con la boca, sino con el ejemplo. Su caridad, su
perdón, su alegría en medio del dolor, su entrega generosa al prójimo, son una
predicación silenciosa pero irresistible.
Cada santo es una parábola viva del Evangelio, una prueba de que Dios
sigue obrando en quienes lo aman.
2. Los santos: rostros concretos del Dios invisible
Cuando
contemplamos a los santos, comprendemos mejor cómo es Dios.
En San Francisco de Asís vemos la ternura del Creador; en Santa Teresa de
Calcuta, su compasión por los pobres; en San Juan Pablo II, la fuerza del
Espíritu; en San José, la fidelidad del Padre; en Santa Teresa de Jesús, la
profundidad del alma orante.
Cada santo refleja un matiz de la santidad divina.
Por eso, la Iglesia los presenta como luces en el camino, no para
adorarlos, sino para que a través de ellos descubramos al único que merece adoración:
Dios, fuente de toda santidad.
3. La santidad como obra de la gracia
La
vida de los santos no es una hazaña humana, sino una obra de Dios en
corazones disponibles.
No fueron perfectos desde el principio; muchos de ellos tuvieron luchas,
caídas, conversiones profundas.
San Agustín lo reconocía con humildad:
“Tarde
te amé, hermosura tan antigua y tan nueva.”
Lo que los distingue no es no haber pecado, sino haber permitido que la
gracia los levantara. Su vida demuestra que el Espíritu Santo transforma lo
ordinario en extraordinario, y lo débil en fuerte.
Por eso, la santidad no es privilegio de unos pocos, sino vocación universal,
posible para todos los que abren el corazón a Dios.
4. El testimonio que cambia el mundo
Cada
época tiene santos que la evangelizan desde dentro.
En tiempos de oscuridad, los santos son el amanecer.
En tiempos de guerra, son instrumentos de paz.
En tiempos de indiferencia, son testigos del amor.
San Óscar Romero, mártir de la justicia, decía:
“Si
me matan, resucitaré en el pueblo salvadoreño.”
Y así fue: su voz no se apagó, porque el amor de Dios no muere.
El santo no es un héroe solitario, sino una señal de esperanza para su
tiempo, prueba de que el Evangelio sigue siendo actual y transformador.
5. Los santos de hoy: testigos entre nosotros
No
hace falta ir al pasado para encontrar santos: los hay en cada parroquia, en
cada familia, en cada comunidad.
Son las madres que oran en silencio, los jóvenes que perseveran en la fe, los
enfermos que ofrecen su dolor, los sacerdotes que sirven con alegría, los
laicos que viven con honestidad y amor.
El Papa Francisco los llama los “santos de la puerta de al lado”.
Su vida, sencilla pero fiel, demuestra que Dios sigue actuando en lo
escondido.
El testimonio de los santos —canonizados o anónimos— sigue siendo la prueba más
hermosa de que Dios vive en medio de su pueblo.
Pensar
Los santos son la respuesta viva al escepticismo: su vida transformada por el amor de Dios muestra que la fe no es idea, sino experiencia.
Sentir
Mira a los santos como amigos y modelos. En ellos puedes descubrir el rostro de Dios, que se deja ver en la alegría, la pureza, la caridad y el perdón.
Actuar
Elige hoy un santo que inspire tu vida. Lee algo sobre él, pide su intercesión y propón imitar un aspecto concreto de su fe. La santidad también te espera.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial.
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