Convertirse hoy para renacer mañana
Miércoles
25 de febrero de 2026 – Semana I de Cuaresma
Jonás 3, 1-10 | Salmo 50 | Lucas 11, 29-32
Memoria de San Tarasio, obispo
El Signo que Cambia la Historia: Conversión y Misericordia en el Corazón de la Cuaresma
La Palabra de Dios en este miércoles de la primera semana de Cuaresma nos presenta un itinerario claro: llamada, conversión y misericordia. No es un mensaje de amenaza, sino de esperanza. Dios no se cansa de ofrecer nuevas oportunidades. Esa es la gran noticia.
El libro del profeta Jonás nos muestra una ciudad pagana, Nínive, que escucha la predicación y se convierte. Lo sorprendente no es solo la respuesta del pueblo, sino la reacción de Dios: “Vio Dios sus obras… y se arrepintió del mal que había determinado hacerles”. La conversión toca el corazón de Dios. La penitencia sincera cambia la historia.
El Salmo 50 proclama una verdad fundamental para la vida espiritual: “A un corazón contrito, Señor, no lo desprecias”. No es el rito exterior lo que transforma, sino la humildad interior. La contrición es reconocer la verdad sobre uno mismo y, al mismo tiempo, confiar en la misericordia divina.
En el Evangelio según san Lucas, Jesús habla del “signo de Jonás”. La generación que pide señales extraordinarias ya tiene delante el mayor de los signos: Cristo mismo. Él es más que Jonás. Su muerte y resurrección serán el signo definitivo del amor de Dios. La conversión no nace del espectáculo, sino del encuentro con la Persona viva del Señor.
Los Padres de la Iglesia veían en Jonás una figura de Cristo: tres días en el vientre del pez, tres días en el sepulcro. San Agustín afirmaba que Nínive representa al mundo entero llamado a la penitencia. La Iglesia, en la Tradición viva y en el Magisterio, siempre ha insistido en que la conversión es dinámica, constante, orientada hacia la plenitud futura.
San Tarasio, patriarca de Constantinopla en el siglo VIII, defendió la recta doctrina en tiempos de confusión, especialmente en la crisis iconoclasta. Su vida nos recuerda que la conversión no es solo moral, sino también doctrinal: fidelidad a la verdad, custodia de la fe y valentía para sostenerla en tiempos difíciles.
Hoy la Iglesia nos invita a comprender que la Cuaresma no es un paréntesis triste, sino un tiempo de reconstrucción interior. Dios no quiere destruir Nínive; quiere salvarla. No quiere humillarnos; quiere levantarnos.
Tres mensajes de hoy
No importa la historia personal ni los errores acumulados. Si Nínive pudo cambiar, también nosotros podemos hacerlo. La gracia precede siempre a nuestra respuesta.
El corazón contrito abre la puerta a la misericordia. La humildad sincera tiene más fuerza que cualquier gesto exterior.
No necesitamos pruebas espectaculares. Tenemos la Eucaristía, la Palabra, la Iglesia. En Cristo está todo lo necesario para comenzar de nuevo.
Propósito para hoy
Dedicar unos minutos de silencio real ante el Señor para examinar el corazón con honestidad y realizar un acto concreto de conversión: una confesión pendiente, una reconciliación, una decisión firme de abandonar una actitud que no edifica.
La Cuaresma nos orienta hacia la Pascua. La conversión de hoy prepara la alegría de mañana. La misericordia no es un sentimiento pasajero de Dios; es su identidad. Y quien se deja tocar por ella comienza a vivir ya la esperanza del futuro.
Que este miércoles sea un punto de inflexión. No para temer, sino para renacer.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario parroquial.
Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared