Viernes 27 de marzo de 2026
Semana V de Cuaresma
El Señor está conmigo como fuerte guerrero (Jer 20, 11)
En este camino cuaresmal, la Palabra de Dios de hoy nos introduce en una experiencia profundamente humana y, al mismo tiempo, profundamente divina: la tensión entre la persecución y la confianza, entre el rechazo y la fidelidad, entre la oscuridad del mundo y la luz que viene de Dios.
El
profeta Jeremías, en la primera lectura (Jer 20, 10-13), abre su corazón con
una sinceridad conmovedora. Se siente rodeado de enemigos, vigilado,
traicionado. Su misión no le ha traído aplausos, sino incomprensión. Sin
embargo, en medio de esa prueba, brota una afirmación que sostiene toda su
vida:
“El Señor está conmigo como fuerte guerrero”.
Aquí encontramos una clave esencial de la vida espiritual: la fidelidad a Dios no elimina la cruz, pero sí da sentido y fuerza para cargarla.
El Salmo responsorial (Sal 17) recoge este clamor confiado: “Sálvame, Señor, en el peligro”. No es el grito de quien desespera, sino la oración de quien sabe en quién ha puesto su confianza.
En el Evangelio (Jn 10, 31-42), contemplamos a Jesús en un momento de creciente tensión. Sus palabras y sus obras provocan rechazo. Intentan apedrearlo. Lo acusan. Lo persiguen. Pero Jesús no retrocede. Él permanece firme en la verdad de su identidad: es el Hijo enviado por el Padre.
Y,
aun así, no responde con violencia, sino con claridad, con serenidad y con la
fuerza de sus obras:
“Si no me creen a mí, crean a las obras”.
Cristo no se impone; se propone. No grita; revela. No destruye; salva.
La liturgia de este viernes nos sitúa frente a una realidad que no podemos ignorar: ser fieles a Dios tiene un costo. En un mundo que muchas veces rechaza la verdad, el creyente puede experimentar incomprensión, soledad o incluso persecución.
Pero
esta Palabra también nos enseña algo decisivo:
Dios no abandona a quien le es fiel.
Jeremías lo experimentó. Jesús lo vivió hasta la cruz. Y nosotros estamos llamados a recorrer ese mismo camino con esperanza.
San Juan Crisóstomo enseñaba que “ninguna prueba puede vencer al que confía verdaderamente en Dios”. Esta certeza no es teoría: es experiencia viva de la Iglesia a lo largo de los siglos.
Tres mensajes de hoy
1. La fidelidad a Dios implica valentía
No siempre será cómodo vivir el Evangelio. Habrá momentos en que decir la verdad, defender la vida o vivir la fe exigirá firmeza interior. La fe auténtica no es tibia: es decidida.
2. Dios está presente en medio de la prueba
Jeremías no niega su dolor, pero afirma la presencia de Dios. Nosotros también estamos llamados a descubrir que, incluso en los momentos más difíciles, Dios camina con nosotros.
3. Las obras hablan más que las palabras
Jesús nos enseña que la credibilidad del cristiano no está solo en lo que dice, sino en lo que vive. La coherencia es el lenguaje más convincente del Evangelio.
Propósito para hoy
Hoy
te invito a vivir un acto concreto de fidelidad:
mantente firme en el bien, incluso si no eres comprendido.
Puede ser defender la verdad con caridad, perseverar en la oración, aunque cueste, o hacer el bien en silencio sin esperar reconocimiento.
Y,
en un momento del día, repite con fe:
“Señor, tú estás conmigo como fuerte guerrero”.
Oración final
Señor
Jesús,
en medio de las pruebas, enséñanos a confiar.
Cuando el mundo nos rechace, sostennos con tu presencia.
Haznos fieles en lo pequeño y valientes en lo grande.
Que nuestras obras reflejen tu luz,
y que nunca dudemos de que Tú caminas con nosotros.
Amén.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario parroquial.
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