Sábado
3 de enero de 2026
El Santísimo Nombre de Jesús
El Nombre que revela, salva y abre futuro
La Iglesia, aún envuelta en la luz de la Navidad, celebra hoy con sobriedad y hondura el Santísimo Nombre de Jesús. No se trata de una devoción sentimental ni de una fórmula piadosa más, sino del reconocimiento de una verdad central de la fe: en el Nombre de Jesús se concentra el misterio de Dios que se hace cercano, que salva y que permanece fiel a la humanidad.
El Nombre, en la Sagrada Escritura, no es un simple sonido. Nombrar es revelar la identidad y la misión. Por eso el ángel no deja espacio a la improvisación: “Le pondrás por nombre Jesús” (cf. Mt 1,21), es decir, Dios salva. En este Nombre está dicho todo el Evangelio.
“Todo el que obra la justicia ha nacido de Él” (1 Jn 2,29–3,6)
La primera carta de san Juan nos sitúa en una clave decisiva: la filiación divina. No es una metáfora piadosa. Ser hijos de Dios es una realidad concreta que transforma la vida. “Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos!”.
El Nombre de Jesús no solo se pronuncia; se vive. Quien permanece en Él no puede seguir habitando cómodamente en el pecado. Aquí san Juan no propone una moral de perfeccionismo, sino una espiritualidad de coherencia: vivir como hijos, caminar en la justicia, dejar que la gracia sane lo que aún está herido.
Esta palabra es profundamente esperanzadora. No nos define lo que hemos sido, sino lo que Dios está haciendo en nosotros. El futuro del cristiano no está cerrado por el pasado; está abierto por la filiación recibida en Cristo.
“Aclamemos con júbilo al Señor” (Salmo 97)
El salmo responsorial ensancha el horizonte: la salvación no es privada ni intimista. “El Señor da a conocer su victoria, revela su justicia a las naciones”. El Nombre de Jesús es buena noticia para todos los pueblos, para la historia concreta, para un mundo cansado de promesas vacías.
La alabanza no es evasión de la realidad. Es el reconocimiento de que Dios actúa y sigue actuando. Aclamar al Señor es confesar que el mal no tiene la última palabra, que la fidelidad de Dios sostiene el devenir humano incluso cuando los signos parecen contradecirlo.
“Este es el Cordero de Dios” (Jn 1,29–34)
El Evangelio nos presenta a Juan el Bautista en su gesto más luminoso: señalar, no retener; mostrar, no sustituir. “He ahí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”. El Nombre de Jesús queda unido para siempre a esta misión: cargar con el pecado, no condenar; ofrecer vida, no imponerla.
Juan reconoce en Jesús al Hijo de Dios porque ve descender el Espíritu y permanecer en Él. Este detalle es decisivo: Jesús no actúa desde la fuerza humana, sino desde la comunión con el Padre. Su Nombre está inseparablemente unido al don del Espíritu, que hoy sigue descendiendo sobre la Iglesia.
Tradición viva y enseñanza de la Iglesia
Los Padres de la Iglesia contemplaron con asombro el poder del Nombre de Jesús. San Bernardo afirmaba que este Nombre es “miel en la boca, melodía en el oído y júbilo en el corazón”. No por magia, sino porque remite siempre a la Persona viva de Cristo.
El Magisterio recuerda que invocar el Nombre de Jesús es confesar la fe en su presencia real, salvadora y actual. La devoción auténtica al Santísimo Nombre nunca se separa de la vida sacramental, de la caridad concreta y del compromiso con la verdad.
Una esperanza que se pronuncia y se encarna
Celebrar hoy el Santísimo Nombre de Jesús es renovar la certeza de que nuestra historia no camina a ciegas. Hay un Nombre que sostiene, orienta y da sentido. En medio de un mundo fragmentado, este Nombre sigue siendo refugio, criterio y envío.
Mirando hacia el futuro, la Iglesia confiesa con serenidad que no hay otro nombre dado a los hombres por el que podamos ser salvados. No como exclusión, sino como ofrecimiento. Jesús es el Nombre que Dios pronuncia sobre la humanidad para decirle, una y otra vez: no estás sola, no estás perdida, aún hay camino.
Que este día nos encuentre pronunciando ese Nombre con fe, viviéndolo con coherencia y anunciándolo con esperanza.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario parroquial.
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