05
DIC
2025

El deseo de sentido



El deseo de sentido

La inquietud que impulsa al hombre hacia Dios

El ser humano puede vivir con poco, pero no puede vivir sin sentido. Aun en medio de dificultades, pobreza o dolor, cuando sabe para qué vive, encuentra fuerza para seguir adelante. En cambio, cuando pierde el sentido, todo se derrumba. Esta sed interior —que nada material puede saciar— es una de las señales más profundas de que el corazón humano está orientado hacia Dios. El deseo de sentido no nace de la imaginación, sino de la estructura espiritual del hombre, que ha sido creado para la verdad, la comunión y la vida eterna.

1. El corazón humano no soporta el absurdo

Las personas pueden tolerar sacrificios enormes si comprenden su propósito.
Una madre que vela a su hijo enfermo, un estudiante esforzado, un trabajador fatigado, un creyente perseguido… todos soportan porque saben que su esfuerzo tiene un valor.
En cambio, el absurdo paraliza.
La vida pierde brillo, la esperanza se apaga.
Este rechazo natural al sinsentido muestra que el alma necesita un fundamento que dé unidad y dirección a la existencia.

2. Las falsas respuestas del mundo

La sociedad contemporánea ofrece sentidos artificiales:
– éxito,
– dinero,
– poder,
– placer,
– reconocimiento.
Pero ninguno es suficiente.
Se desvanecen, no sostienen en la prueba, no consolidad la existencia.
El ser humano descubre que ninguna realidad finita puede darle un sentido infinito.
Esa insuficiencia permanente apunta hacia un horizonte mayor.

3. El deseo de sentido como camino hacia Dios

El ser humano no inventa el deseo de sentido: lo recibe como don.
Como enseña el Catecismo, “el deseo de Dios está inscrito en el corazón del hombre” (CIC 27).
Esa sed interior funciona como un rastreador espiritual: orienta, guía, inquieta.
Incluso quien se declara ateo siente esta pregunta viva dentro de sí:
“¿Para qué vivo?”
Cuando la vida parece perder su rumbo, esa inquietud es una llamada de Dios invitando a volver al fundamento de todo.

4. Cristo, respuesta al deseo de sentido

Jesús no ofrece teorías sobre el sentido de la vida: se ofrece Él mismo como el Sentido.
“Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida” (Jn 14,6).
En Cristo, la existencia deja de ser un laberinto y se convierte en vocación:
– llamada a la confianza,
– misión de amor,
– camino hacia la eternidad.
Su vida, muerte y resurrección iluminan el misterio del sufrimiento y revelan que incluso el dolor puede tener un sentido redentor cuando se vive unido a Él.

5. La Iglesia, casa donde el sentido se renueva

La Iglesia ofrece al mundo lo que el mundo no puede dar:
un sentido último y verdadero.
En la Palabra de Dios, en la liturgia, en la enseñanza de la fe, en la vida comunitaria y en la caridad, el cristiano descubre que su vida tiene dirección, misión y eternidad.
La fe no elimina las preguntas, pero les da un horizonte.
La fe no evita la lucha, pero la ilumina.
La fe no suprime el dolor, pero lo llena de esperanza.

Pensar

El deseo de sentido es una señal interior de que tu vida tiene un origen y un destino en Dios. La inquietud del corazón apunta hacia Él.

Sentir

Reconoce en tus preguntas más profundas la voz de Dios llamándote a un sentido mayor. Esa inquietud es gracia, no amenaza.

Actuar

Busca cada día el sentido en Cristo: ora, medita la Palabra, participa en la comunidad y deja que el Señor dé unidad y propósito a tu vida.


Pbro. Alfredo Uzcátegui

Vicario Parroquial.


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