Miércoles
5 de noviembre de 2025 – Semana XXXI del Tiempo Ordinario
Lecturas: Romanos 13, 8-10; Salmo 111 (Dichosos los que temen al Señor);
Lucas 14, 25-33
Memoria de los Santos Zacarías e Isabel
Conmemoración del Movimiento de Separación en Colón (Panamá)
El amor es el cumplimiento pleno de la Ley (Rom 13, 10)
Queridos hermanos y hermanas en Cristo:
Hoy la Palabra de Dios nos invita a mirar la vida desde la medida más alta del Evangelio: el amor que todo lo transforma. San Pablo nos recuerda en su carta a los Romanos que “no tengan con nadie otra deuda que la del amor mutuo” (Rom 13, 8). Esta exhortación es una joya del pensamiento cristiano, porque nos sitúa frente al corazón mismo de la moral evangélica: no se trata de cumplir leyes por miedo o por obligación, sino de amar con libertad, porque el amor es la plenitud de toda ley.
El verdadero amor cristiano no se mide por palabras, sino por gestos concretos de misericordia, servicio y perdón. Quien ama, no daña; quien ama, no odia; quien ama, no excluye. El amor es el lenguaje universal del Reino, y en él se encuentra la raíz de toda paz y reconciliación posible entre los hombres. San Agustín lo expresó bellamente: “Ama y haz lo que quieras” —porque cuando se ama como Cristo, ya no se puede querer el mal.
El Evangelio de hoy (Lc 14, 25-33) nos pone ante el desafío radical del seguimiento de Jesús. Él nos dice con claridad: “El que no carga con su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo.” No se trata de una invitación al sufrimiento por sí mismo, sino de una llamada a la libertad interior, a esa decisión profunda de poner a Cristo por encima de todo: de los apegos, del egoísmo, del poder, incluso de las seguridades humanas. Seguir a Cristo implica discernir, calcular el costo y elegir con madurez el camino del Reino, sabiendo que lo que se pierde por amor se gana en plenitud.
En este contexto, la memoria de los santos esposos Zacarías e Isabel nos ofrece un modelo luminoso. Ellos vivieron una fe perseverante en medio de la espera, una esperanza que no se rinde, aunque los años pasen, y una obediencia que abre el corazón al milagro. De su fidelidad nació Juan el Bautista, el precursor del Señor. Zacarías e Isabel nos enseñan que la fe auténtica madura en el silencio, florece en la paciencia y da fruto en la fidelidad a Dios.
La historia que se construye con amor y esperanza
El 5 de noviembre es una fecha significativa para nuestra amada patria Panamá. Ese día, en el año 1903, Colón fue escenario decisivo del Movimiento de Separación, con el liderazgo de Porfirio Meléndez y la participación valiente de tantos hombres y mujeres que soñaron con una nación libre. Fue un momento de tensión, de incertidumbre, pero también de esperanza y determinación.
Desde la fe, podemos contemplar aquel acontecimiento no solo como un hecho político, sino como un símbolo de liberación y responsabilidad. La independencia no fue solo una ruptura, sino el inicio de un compromiso: construir una patria basada en la justicia, la unidad y el bien común. Hoy, 122 años después, esta fecha nos invita a renovar nuestro amor a Panamá, a trabajar por un país donde reinen la equidad, la solidaridad y el respeto a la dignidad humana.
Así como el amor cumple la Ley divina, también el amor a la patria cumple la ley del servicio y del bien común. Amar a la patria no es un sentimiento vacío, sino un compromiso ético y espiritual. Implica cuidar de sus símbolos, de su historia, de su gente y de sus valores. Panamá necesita hombres y mujeres que, como Zacarías e Isabel, vivan con fe; y como Porfirio Meléndez y los patriotas de Colón, actúen con valentía y esperanza.
Hoy la Palabra nos recuerda que todo discípulo debe calcular el costo del amor, pero también la alegría de su recompensa. El amor exige renuncia, pero otorga libertad. Exige sacrificio, pero regala plenitud. Amar a Dios y al prójimo es el camino más seguro para construir una sociedad justa, una Iglesia viva y una patria unida.
Que los Santos Zacarías e Isabel intercedan por nosotros, para que nuestra fe sea perseverante, nuestra esperanza firme y nuestro amor fecundo. Y que el Señor bendiga a Panamá, tierra bendita donde el amor, la fe y la libertad se entrelazan como promesa y tarea.
El amor que viene de Dios es la ley suprema que da sentido a toda vida y a toda nación; que el ejemplo de Zacarías e Isabel, junto al valor de los próceres de Colón, despierte en nuestro corazón una fe confiada y un amor fiel a Dios y a la patria; y que vivamos con responsabilidad y servicio, amando sin medida, trabajando con justicia y construyendo, desde nuestra fe, un Panamá más humano y más fraterno.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial.
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