18
NOV
2025

El alma humana, imagen de Dios



El alma humana, imagen de Dios

La espiritualidad como prueba interior de su existencia

El signo más claro de la presencia de Dios en el hombre no está en las estrellas ni en los océanos, sino en su interior. En lo más profundo del ser humano habita una realidad espiritual que no puede explicarse por la biología ni reducirse a la materia: el alma. Es ella la que piensa, ama, recuerda, elige y espera. Su existencia revela que el hombre no es un simple producto de la evolución, sino una criatura llamada a la eternidad, capaz de Dios y destinada a Él. En la interioridad del alma, donde resuenan la conciencia, la libertad y el amor, se encuentra la huella más luminosa del Creador.

1. El alma, principio espiritual del ser humano

La Sagrada Escritura enseña que Dios creó al hombre “a su imagen y semejanza” (Gn 1,26). Esa imagen no se refiere solo al cuerpo, sino sobre todo a la capacidad espiritual de conocer y amar.
El alma es el principio vital que unifica la existencia: da vida al cuerpo, anima la inteligencia y orienta la libertad.
El Catecismo lo expresa con precisión:

“El alma espiritual es creada directamente por Dios y es inmortal” (CIC 366).
No nace de los padres ni se disuelve con la muerte, porque su origen y su destino están en Dios.
Por eso, el alma humana es la presencia más íntima del Creador en su criatura.

2. La interioridad: lugar del encuentro con Dios

Dios no se busca solo fuera, sino dentro.
San Agustín, tras una larga búsqueda, descubrió esta verdad esencial:

“Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva, tarde te amé… Tú estabas dentro de mí, y yo fuera te buscaba.”
La vida interior es el santuario donde el alma escucha la voz de Dios.
Cuando el hombre hace silencio y mira hacia su propio corazón, descubre una Presencia que lo trasciende y al mismo tiempo lo habita.
Esa experiencia interior, que la fe reconoce como la acción del Espíritu Santo, es una de las pruebas más profundas de que Dios no es una idea, sino una realidad viva.

3. La libertad: signo de la imagen divina

La libertad humana es otro testimonio de la existencia del alma.
No somos marionetas de la biología ni del destino; podemos elegir, amar, renunciar, crear.
Esa libertad no proviene del instinto, sino de una dimensión espiritual.
La verdadera libertad, sin embargo, no consiste en hacer cualquier cosa, sino en elegir el bien.

“Donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad” (2 Co 3,17).
Ser libre es reflejar el modo de amar de Dios, que actúa siempre por amor y nunca por necesidad.
Así, cada acto libre que brota del amor es una chispa de la libertad divina en nosotros.

4. La conciencia moral: voz de Dios en el alma

Todo ser humano, incluso sin conocer la fe, percibe en su interior una voz que le dice lo que debe hacer y lo que debe evitar.
Esa voz no es producto de la cultura ni de la costumbre: es la conciencia moral, el eco de la ley natural inscrita por Dios en el corazón.

“La conciencia es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, donde está solo con Dios cuya voz resuena en lo más íntimo” (Gaudium et Spes, 16).
Esa presencia interior de la verdad y del bien revela que el alma humana está orientada hacia un Absoluto, hacia Aquel que es la Verdad misma.
Negar a Dios equivale a negar la raíz de esa voz interior que nos llama al bien.

5. El anhelo de eternidad

Nada sacia completamente el corazón humano: ni el placer, ni el poder, ni el conocimiento.
Esta insatisfacción no es un defecto, sino una señal.
El alma fue hecha para el infinito y no descansa hasta encontrarse con Él.
La nostalgia de plenitud, la esperanza que atraviesa el sufrimiento, el amor que no quiere morir, son manifestaciones de ese deseo de eternidad que apunta hacia Dios.
Por eso, el alma no solo prueba que Dios existe: lo desea con todo su ser.

Pensar

El alma humana, con su inteligencia, libertad y conciencia moral, es reflejo de Dios. En su interioridad se revela la presencia de un Creador que la sostiene y la llama.

Sentir

Descubre en tu interior la voz de Dios que te habita. En el silencio del alma, más allá del ruido, late la ternura del Padre que te creó para amar y ser amado.

Actuar

Cultiva tu vida interior: ora, medita, examina tu conciencia y busca vivir con autenticidad. En el encuentro contigo mismo encontrarás al Dios que nunca se aparta de ti.

 Pbro. Alfredo Uzcátegui

Vicario Parroquial.


Escribir un comentario

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas.

Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared

Aviso legal | Política de privacidad | Política de cookies