28
ENE
2026

Dios siembra esperanza y edifica el futuro: la Palabra que da fruto en el tiempo



Miércoles 28 de enero de 2026
Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia
Memoria obligatoria – Tercera semana del Tiempo Ordinario

 

Dios siembra esperanza y edifica el futuro: la Palabra que da fruto en el tiempo

En este miércoles del Tiempo Ordinario, la Iglesia nos concede una gracia particular: contemplar la Palabra de Dios a la luz del testimonio luminoso de Santo Tomás de Aquino, maestro de la fe, servidor humilde de la verdad y testigo de una esperanza que no envejece. La liturgia de hoy une de modo admirable la promesa fiel de Dios, cantada por el salmista, la pedagogía paciente de Jesús en la parábola del sembrador y la vida de un santo que supo creer, pensar y amar con todo su ser.

Dios es fiel a su promesa: una esperanza que se edifica en el tiempo

La primera lectura, tomada del segundo libro de Samuel (7, 4-17), nos sitúa ante un momento decisivo de la historia de la salvación. David desea construir una casa para el Señor, pero es Dios quien, con soberana libertad, invierte la lógica humana: no será David quien edifique una casa para Dios, sino Dios quien edificará una casa para David. Aquí aparece una verdad fundamental de la fe bíblica: Dios no se deja encerrar en nuestros proyectos, sino que los supera con una promesa más grande, más duradera, más fecunda.

Desde la exégesis y la Tradición viva de la Iglesia, esta promesa alcanza su plenitud en Jesucristo, el Hijo de David, cuyo reino no tendrá fin. Dios no improvisa; Él conduce la historia con fidelidad paciente. Incluso cuando el presente parece frágil, la promesa permanece firme. Esta Palabra educa nuestra esperanza: no está apoyada en el éxito inmediato, sino en la fidelidad de Dios que actúa a largo plazo.

“Proclamaré sin cesar la misericordia del Señor”

El Salmo 88 responde con una confesión confiada: la misericordia del Señor no es un sentimiento pasajero, sino el fundamento estable de la historia. Proclamarla “sin cesar” es una opción espiritual y pastoral. En un mundo marcado por la incertidumbre, la Iglesia está llamada a ser memoria viva de la misericordia, testigo de que Dios no abandona a su pueblo.

Santo Tomás de Aquino enseñó, con claridad luminosa, que la misericordia es la mayor de las virtudes en cuanto se refiere a Dios, porque manifiesta su amor que desciende para levantar al ser humano. Esta convicción no es teoría abstracta: es una esperanza concreta que se traduce en paciencia, caridad y perseverancia.

La Palabra sembrada hoy: una pedagogía de esperanza

El Evangelio según san Marcos (4, 1-20) nos presenta la conocida parábola del sembrador. Jesús no se cansa de sembrar, aun sabiendo que no todos los terrenos darán fruto. Esta parábola es profundamente esperanzadora: el fracaso aparente no detiene al sembrador; la abundancia del fruto final supera con creces las pérdidas.

Desde una lectura pastoral y doctrinal, esta enseñanza nos invita a no absolutizar las dificultades del presente. La Palabra tiene una fuerza propia, capaz de transformar corazones cuando encuentra tierra buena. La Iglesia, los pastores, las familias y cada creyente están llamados a confiar en la eficacia silenciosa de la semilla. El futuro no se construye desde el desaliento, sino desde la fidelidad cotidiana a la siembra.

Santo Tomás de Aquino: fe que piensa, esperanza que ilumina

Celebrar hoy a Santo Tomás de Aquino no es solo recordar a un gran teólogo del pasado. Es acoger un modelo siempre actual: un hombre que buscó la verdad con humildad, que unió fe y razón sin temor, y que comprendió que todo conocimiento auténtico conduce a Dios y al servicio del prójimo.

Los Padres de la Iglesia y el Magisterio reconocen en él un doctor para nuestro tiempo, especialmente en contextos donde la fe es cuestionada o reducida a sentimiento. Santo Tomás nos enseña que la esperanza cristiana no es ingenua: está sostenida por la verdad, alimentada por la Palabra y orientada hacia la plenitud del Reino.

Para nuestra vida hoy

La liturgia de este día nos invita a una actitud clara y serena: confiar en la promesa de Dios, proclamar su misericordia sin cansancio y seguir sembrando la Palabra con paciencia. El futuro pertenece a Dios, y precisamente por eso podemos trabajar con responsabilidad y esperanza.

Que, a ejemplo de Santo Tomás de Aquino, aprendamos a escuchar, comprender y vivir la Palabra sembrada hoy, seguros de que Dios sigue edificando su casa en medio de la historia y que nada de lo sembrado con amor se pierde.

 

Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

 Vicario parroquial.


Escribir un comentario

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas.

Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared

Aviso legal | Política de privacidad | Política de cookies