16
MAR
2026

Dios hace nuevas todas las cosas



Dios hace nuevas todas las cosas

Lunes 16 de marzo de 2026 – IV Semana de Cuaresma

La liturgia de este día nos invita a levantar la mirada hacia el futuro con esperanza. En medio de las dificultades del mundo, Dios anuncia una promesa sorprendente: Él está realizando algo nuevo. La Palabra que escuchamos hoy nos conduce desde la promesa profética hasta el signo de vida realizado por Cristo.

Las lecturas de este día —Isaías 65, 17-21; Salmo 29; y Juan 4, 43-54— forman una unidad profundamente consoladora. Dios no abandona su creación ni a su pueblo; al contrario, está siempre trabajando para renovar la vida humana y conducirla hacia la plenitud.

1. “Yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva” (Is 65,17)

El profeta Isaías proclama una de las promesas más luminosas de toda la Sagrada Escritura:

“Yo voy a crear un cielo nuevo y una tierra nueva”.

Estas palabras nacen en un momento histórico difícil para el pueblo de Israel. Después del exilio, la nación experimentaba cansancio, pobreza y desánimo. En ese contexto, Dios anuncia algo que supera toda expectativa humana: una renovación profunda de la creación y de la historia.

El texto describe una vida llena de paz, estabilidad y alegría. Habrá casas habitadas, campos cultivados y una vida larga. No se trata solo de prosperidad material; es la imagen de una humanidad reconciliada con Dios.

Los Padres de la Iglesia vieron en este anuncio una referencia al Reino de Dios inaugurado por Cristo. San Ireneo de Lyon enseñaba que Dios no abandona su creación, sino que la conduce progresivamente hacia su plenitud en Cristo.

La Cuaresma, en este sentido, es el tiempo en el que el creyente deja que Dios renueve su corazón. La novedad de Dios no comienza en estructuras externas, sino en lo profundo del alma.

2. “Te alabaré, Señor, eternamente” (Salmo 29)

El salmo responsorial es un canto de gratitud. El salmista recuerda que Dios lo ha levantado del sufrimiento y lo ha conducido nuevamente a la vida.

Este salmo expresa una experiencia espiritual fundamental: Dios transforma el dolor en alegría.

“Cambiaste mi luto en danza”.

La fe bíblica no niega el sufrimiento, pero afirma con fuerza que Dios tiene la última palabra sobre la vida humana. Incluso las noches más oscuras pueden convertirse en el comienzo de una aurora.

El Catecismo de la Iglesia Católica recuerda que la esperanza cristiana se fundamenta en la fidelidad de Dios, que nunca abandona a sus hijos (CEC 1817-1821).

Por eso, el creyente no vive encerrado en el pesimismo. Vive mirando hacia adelante, sabiendo que Dios puede transformar cualquier situación.

3. La fe que da vida (Jn 4,43-54)

El Evangelio nos presenta el segundo signo realizado por Jesús en el Evangelio de san Juan: la curación del hijo de un funcionario real.

Este hombre recorre una gran distancia para pedir ayuda a Jesús. Su hijo está gravemente enfermo. En su angustia, busca al Señor con humildad.

Jesús le dice:

“Vete, tu hijo vive”.

Lo sorprendente es que el hombre cree en la palabra de Jesús antes de ver el milagro. Confía en la promesa del Señor y regresa a su casa. En el camino recibe la noticia de que su hijo ha sanado exactamente en el momento en que Jesús habló.

San Juan subraya entonces una conclusión hermosa:

“Y creyó él con toda su familia”.

Aquí aparece un aspecto central del Evangelio: la fe abre el camino para que la vida de Dios actúe en nuestra historia.

San Agustín comentaba este pasaje diciendo:
“La fe del padre fue el comienzo de la vida del hijo”.

Cristo no solo sana cuerpos; renueva la vida entera de las personas y de las familias.

4. Cristo, inicio de la nueva creación

Si unimos las lecturas de hoy descubrimos un mensaje profundo.

El profeta anuncia una creación nueva.
El salmo canta la vida restaurada por Dios.
El Evangelio muestra a Cristo dando vida con su palabra.

En Jesús se cumple la promesa de Isaías. Él es el comienzo de esa nueva humanidad reconciliada con Dios.

San Pablo dirá más adelante:

“El que está en Cristo es una nueva criatura” (2 Co 5,17).

La Cuaresma es precisamente el tiempo en que Dios quiere realizar esa renovación en nosotros.

Dios puede renovar nuestra fe, sanar heridas del pasado, restaurar relaciones familiares, devolver esperanza a quienes se sienten cansados o desanimados.

El Evangelio de hoy nos recuerda que la palabra de Cristo sigue teniendo poder para dar vida.

5. Caminar hacia el futuro con esperanza

Vivimos en una época marcada por muchas incertidumbres. Guerras, tensiones sociales, crisis económicas y desafíos culturales pueden llevar fácilmente al desaliento.

Sin embargo, la Palabra de Dios de hoy nos invita a mirar la historia desde la perspectiva de Dios.

Dios no está ausente.
Dios no se ha retirado del mundo.
Dios sigue obrando silenciosamente en la historia humana.

El cristiano vive convencido de que la última palabra de la historia no será el mal ni la muerte, sino la vida de Dios.

Por eso la Iglesia, incluso en medio de las dificultades, continúa anunciando el Evangelio con serenidad y esperanza.

Tres mensajes para hoy

1. Dios siempre está haciendo algo nuevo.
Aunque la realidad parezca estancada, Dios sigue trabajando para renovar la vida de las personas y de la humanidad.

2. La fe abre el camino para los milagros de Dios.
El funcionario del Evangelio creyó antes de ver. La confianza en la palabra de Cristo transforma la historia.

3. Cristo trae vida a nuestras familias.
La fe del padre llevó salvación a toda su casa. Cuando una persona se acerca a Cristo, su fe se convierte en bendición para los demás.

Propósito para hoy

Renovar la confianza en la palabra de Cristo.
Dedicar unos minutos a la oración confiando al Señor una situación concreta —personal o familiar— creyendo con fe que Dios puede renovarla y darle vida nueva.

En este camino cuaresmal, el Señor nos recuerda que la historia no está cerrada. Cada día es una oportunidad para que Dios realice algo nuevo en nuestra vida.

Que esta jornada nos ayude a caminar con esperanza, confiando en Cristo, Aquel que hace nuevas todas las cosas.


Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez

 Vicario parroquial.


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