SERIE: CONOCIENDO CADA DÍA A LA VIRGEN MARÍA
Día 5: María, Madre del Hijo de Dios
“El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros” (Juan 1,14)
El misterio más grande confiado a una mujer
En el corazón de la fe cristiana está este misterio: Dios se hace hombre. Y para entrar en nuestra historia, elige el camino más sencillo y más humano: el seno de una Madre.
María no es madre de un hombre que luego se hace Dios. Ella es verdaderamente Madre del Hijo de Dios, porque el que nace de ella es una sola Persona: Jesucristo, verdadero Dios y verdadero hombre.
Este es el fundamento del título que la Iglesia proclama con firmeza desde los primeros siglos: Theotokos, Madre de Dios.
Una maternidad única y real
La maternidad de María no es simbólica ni espiritual en primer lugar: es real, concreta, histórica. Ella lleva en su vientre al Hijo eterno del Padre, lo da a luz, lo alimenta, lo educa, lo acompaña.
Dios quiso necesitar de una Madre.
Este hecho revela la humildad de Dios y la dignidad de la maternidad. En María, la maternidad alcanza su máxima grandeza: ser instrumento del misterio de la Encarnación.
Madre del Hijo… y Madre nuestra
Si María es Madre de Cristo, y nosotros somos miembros de su Cuerpo, entonces también es Madre nuestra.
Jesús lo confirma desde la cruz: “Ahí tienes a tu madre” (Juan 19,27). No es un gesto emocional, es una entrega real.
María no deja de ejercer su maternidad. Sigue cuidando, intercediendo, acompañando el camino de cada cristiano.
La enseñanza de la Iglesia
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña:
“María es verdaderamente ‘Madre de Dios’, porque es la madre del Hijo eterno de Dios hecho hombre” (CEC 495).
Este dogma no exalta solo a María, sino que protege la verdad sobre Cristo: Él es Dios desde el primer instante de su encarnación.
La luz de San Luis María Grignion de Montfort
San Luis María Grignion de Montfort afirma con claridad:
“Dios Hijo se hizo hombre por nuestra salvación, pero en María y por María.”
Montfort subraya que la Encarnación no es un acto aislado, sino un misterio vivido en comunión con María. Dios quiso entrar al mundo pasando por ella.
Por eso, acercarse a María es acercarse al misterio mismo de Cristo.
Oración
Santísima
Virgen María,
Madre del Hijo de Dios,
que llevaste en tu seno al Salvador del mundo,
enséñame a acoger a Jesús en mi vida
con fe, amor y disponibilidad.
Sé para mí verdadera Madre,
guíame hacia tu Hijo
y ayúdame a permanecer siempre en Él.
Amén.
Hoy es un día para hacer un acto sencillo pero decisivo:
¿Estoy dejando que María sea realmente Madre en mi vida?
No
basta reconocerla, hay que acogerla.
No basta admirarla, hay que confiar en ella.
Porque
quien recibe a María…
aprende a recibir verdaderamente a Cristo.
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