Día 25: La oración después de la Comunión y la bendición final
“Bendeciré al Señor en todo momento; su alabanza estará siempre en mi boca” (Salmo 34,2)
Después del momento íntimo de la Comunión, la liturgia nos invita a una oración común de acción de gracias, pronunciada por el sacerdote. Luego, con la bendición final, somos enviados al mundo, no como quienes terminan algo, sino como quienes han sido fortalecidos para vivir la fe.
1. La oración después de la Comunión: recogida y acción de gracias
Esta oración, breve pero profunda, recoge el sentido de la Misa del día, y expresa la gratitud de la Iglesia por el don recibido. Es una súplica para que lo que hemos celebrado se convierta en vida.
“Damos gracias a Dios sin cesar, porque al recibir su Palabra, la acogisteis no como palabra humana, sino como lo que realmente es: Palabra de Dios” (1 Tesalonicenses 2,13)
Aquí, el sacerdote habla “por todos”, y la asamblea responde con un Amén consciente, sellando lo vivido.
2. La bendición final: enviados en el nombre del Señor
Después de esta oración, el sacerdote nos da la bendición en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. No es un simple gesto de despedida, sino una acción litúrgica que nos fortalece para continuar nuestra misión cristiana.
“El Señor te bendiga y te proteja, haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su paz” (Números 6,24-26)
Hemos estado con Jesús, ahora vamos a llevarlo al mundo.
3. "Podéis ir en paz": misión con alegría
Las palabras finales de la Misa, “Podéis ir en paz”, nos recuerdan que la Misa no termina: comienza en la vida. Hemos sido alimentados, perdonados, iluminados… ahora somos enviados a amar, servir, evangelizar.
“Id y haced discípulos a todos los pueblos” (Mateo 28,19)
Pensamiento del día
La bendición final no es un
adiós, es un envío.
Hemos estado con el Señor: ahora somos enviados por Él al mundo con su paz y su fuerza.
Compromiso del día
Hoy, después de la Misa, no
salgas deprisa ni distraído.
Agradece interiormente todo lo recibido.
Y vive tu día sabiendo que has sido bendecido y enviado:
eres testigo del Amor de Dios para los demás.
Oración final
Gracias, Señor, por esta Misa,
por tu Palabra, por tu Cuerpo y tu Sangre.
Gracias por bendecirme y enviarme.
Hazme luz donde hay oscuridad, paz donde hay división,
y testigo tuyo donde más te necesitan.
Contigo, nada me falta. Amén.
Frase para meditar
“El que ha recibido a Cristo
no puede volver igual al mundo: lleva dentro la luz, la fuerza y la misión del
Resucitado.”
— San Juan Pablo II
Para profundizar hoy
Catecismo de la Iglesia Católica, nn. 1332 y 1671–1673
Sobre la bendición final, el envío, y la dimensión misionera de la Eucaristía.
La Imitación de Cristo, Libro IV, cap. XIII
“Una vez alimentado por Cristo, sal al mundo sin temor, con el alma ardiente, y obra según el Espíritu que has recibido.”
Agradecida por el contenido, está muy interesante.
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