20
AGO
2024

Despréndete y Confía: El Camino de Humildad y Amor según Jesús y San Bernardo de Claraval

Despréndete y Confía: El Camino de Humildad y Amor según Jesús y San Bernardo de Claraval


El Señor colmó a san Bernardo con espíritu de inteligencia, para que transmitiera al pueblo de Dios las riquezas de la doctrina. 

En la Liturgia de la Palabra de hoy, la enseñanza central que extraemos del pasaje del libro del profeta Ezequiel 28, 1-10 y del Evangelio según San Mateo 19, 23-30 es un poderoso llamado a la humildad y a la confianza en Dios, virtudes que San Bernardo de Claraval vivió y predicó con gran fervor.


Ezequiel 28, 1-10: La Caída del Orgullo Humano

En Ezequiel, el profeta dirige una dura advertencia al príncipe de Tiro, quien, cegado por su orgullo y riqueza, se creía igual a Dios. Dios, a través del profeta, le recuerda su naturaleza mortal y la inevitabilidad de su caída debido a su arrogancia. Este pasaje nos invita a reflexionar sobre el peligro del orgullo y la autosuficiencia, que nos alejan de la verdadera fuente de nuestra dignidad y fortaleza: Dios.


Mateo 19, 23-30: La Dificultad de los Ricos para Entrar en el Reino de Dios

En el Evangelio de Mateo, Jesús enseña a sus discípulos sobre la dificultad que tienen los ricos para entrar en el Reino de los Cielos. Esto no se refiere exclusivamente a la riqueza material, sino a cualquier apego que nos impida seguir a Cristo con un corazón libre y generoso. Jesús nos llama a una entrega total, prometiendo que aquellos que renuncian a todo por Él recibirán cien veces más y heredarán la vida eterna.


San Bernardo, Abad, Doctor de la Iglesia: El cazador de almas

San Bernardo de Claraval, Doctor de la Iglesia, recorrió Europa para acabar con las guerras y restablecer la paz: Compuso himnos y poemas a la Virgen María.

San Bernardo, cuya memoria hoy celebramos, es un ejemplo luminoso de cómo vivir en la humildad y la caridad. Conocido como el "Doctor Melifluo" por la dulzura de sus enseñanzas, San Bernardo enfatizó la necesidad de amar a Dios sobre todas las cosas y de vivir en la caridad, entendida como el amor puro que se manifiesta en el servicio desinteresado a los demás.


San Bernardo nos dejó una enseñanza profunda sobre el amor y la caridad que resuena con el mensaje de las lecturas de hoy. Sus palabras “Amemos y seremos amados” y “Amar en Dios es tener caridad” nos recuerdan que el verdadero amor, aquel que es enraizado en Dios, es suficiente por sí mismo y se manifiesta en la caridad. Este amor no busca recompensa, sino que encuentra su plenitud en el mismo acto de amar, siguiendo el ejemplo de Cristo.


- Reflexionemos sobre el peligro del orgullo y los apegos materiales que nos alejan de Dios. Recordemos que nuestra verdadera grandeza está en reconocer nuestra dependencia de Él y en vivir una vida de humildad y caridad.


- Inspirados por San Bernardo, cultivemos un amor puro y desinteresado hacia Dios y hacia nuestro prójimo, reconociendo que en amar y servir a los demás, encontramos nuestra verdadera felicidad y el reflejo del amor divino.


- Desprendámonos de todo lo que nos impide seguir a Cristo con libertad. Que nuestras acciones diarias estén marcadas por la caridad y el servicio, buscando siempre el bien del otro, confiando en que Dios nos recompensará con la vida eterna.


Legado de San Bernardo de Claraval


San Bernardo es una figura monumental en la historia de la Iglesia. Como abad del monasterio de Claraval, fue un reformador del Císter y un promotor incansable de la devoción mariana. Sus escritos, sermones y cartas están llenos de una profunda espiritualidad y una ardiente devoción a la Virgen María. Entre sus frases más célebres, encontramos:

- "El amor es suficiente por sí mismo, da sin esperar nada a cambio, y es feliz con solo amar."

- "De María nunca se dice bastante."

Estas palabras son un eco de su vida dedicada al amor de Dios y al servicio a la Iglesia. San Bernardo sigue siendo un modelo para todos los cristianos que buscan vivir una vida de santidad, fundamentada en la humildad, el amor y la caridad.


Que en este día, al recordar su legado, renovemos nuestro compromiso de vivir según el Evangelio, amando a Dios sobre todas las cosas y sirviendo a nuestro prójimo con generosidad y alegría.


La frase "Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María" es parte de la invocación final que se atribuye tradicionalmente a San Bernardo de Claraval y que se añade a la oración de la Salve Regina. 


Según la tradición, San Bernardo de Claraval, en un momento de profunda devoción, exclamó estas palabras al final de la Salve Regina, y desde entonces se han incorporado a la oración. Esta invocación expresa una ferviente súplica a la Virgen María, reconociendo sus virtudes de clemencia, piedad y dulzura, y se ha convertido en una parte querida de la devoción mariana en la Iglesia Católica.


Salve, Regina,
Mater misericordiae,
vita, dulcedo,
et spes nostra, salve.

Ad te clamamus
exsules filii Evae.
Ad te suspiramus,
gementes et flentes
in hac lacrimarum valle.

Eia, ergo, advocata nostra,
illos tuos misericordes oculos
ad nos converte.
Et Iesum, benedictum fructum ventris tui,
nobis post hoc exsilium ostende.

O clemens,
O pia,
O dulcis
Virgo Maria.

En español:

Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.
A ti clamamos los desterrados hijos de Eva;
a ti suspiramos, gimiendo y llorando en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos;
y después de este destierro, muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

Oh clemente, oh piadosa, oh dulce Virgen María.

Esta oración refleja la confianza en la intercesión de la Virgen María, especialmente en los momentos de dificultad y sufrimiento, y su capacidad para acercarnos a Jesús, su Hijo.


Una anécdota conmovedora de San Bernardo de Claraval se refiere a su profundo amor y devoción a la Virgen María, lo que también lo llevó a componer la famosa oración "Acordaos" (Memorare).


Cuenta la historia que durante una de sus predicaciones, San Bernardo llegó a un monasterio donde los monjes estaban luchando con dudas y falta de fervor en su vida espiritual. Viendo su desánimo, San Bernardo se dirigió a la imagen de la Virgen María que estaba en la iglesia, y con una fe ardiente, comenzó a recitar su famosa oración:


Acordaos, oh piadosísima Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han acudido a tu protección, implorando tu auxilio, haya sido desamparado...


Después de recitar esta oración con gran devoción, el ambiente en el monasterio cambió. Los monjes, tocados por la confianza y el amor de San Bernardo hacia María, recobraron su fervor y se dedicaron con renovada energía a su vida de oración y trabajo.


Esta anécdota subraya el profundo amor de San Bernardo por la Virgen y su confianza en su intercesión, mostrando cómo su fe no solo inspiraba a quienes lo rodeaban, sino que también los impulsaba a volver a la senda del compromiso y la santidad.


Jesucristo, siendo rico, se hizo pobre, para enriquecernos con su pobreza. 2Co 8,9



Despréndete y Confía: El Camino de Humildad y Amor según Jesús y San Bernardo de ClaravalDespréndete y Confía: El Camino de Humildad y Amor según Jesús y San Bernardo de Claraval

Escribir un comentario

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas.

Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared

Aviso legal | Política de privacidad | Política de cookies