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DIC
2025

Del Retoño de Jesé a la Alegría del Evangelio: Un Adviento que Renueva la Esperanza



Martes 2 de diciembre de 2025 – Semana I de Adviento
Isaías 11, 1-10 | Salmo 71 | Lucas 10, 21-24
Memoria de Santa Bibiana, Virgen y Mártir
Intención del Papa: Por los cristianos en contextos de conflicto

 

Del Retoño de Jesé a la Alegría del Evangelio: Un Adviento que Renueva la Esperanza

El Adviento avanza y, con él, la Palabra de Dios abre ventanas hacia el futuro que Dios quiere regalar a su pueblo. Este martes, la liturgia nos sitúa frente a una de las visiones más hermosas de toda la Escritura: el anuncio de un mundo reconciliado, pacificado, renovado desde sus raíces por la acción del Espíritu del Señor. Isaías 11 es un canto que atraviesa la historia con una fuerza que sigue desconcertando, porque no se resigna al realismo triste de los conflictos humanos; apunta más alto, hacia aquello que solo Dios puede inaugurar.

Isaías habla del “retoño que brotará del tronco de Jesé”. Esa imagen —tan sencilla y tan poderosa— revela el estilo divino: cuando todo parece seco, gastado, imposible, Dios saca vida. No lo hace desde el ruido del poder, sino desde la pequeñez. Así llega la salvación, así actúa el Mesías. Ese retoño es Jesús, humilde y firme, lleno del Espíritu, capaz de traer justicia a los pobres y paz a las naciones. La visión de Isaías es un adelanto del Reino: el lobo y el cordero juntos, el niño jugando sin miedo, la tierra llena del conocimiento del Señor. Es una poética del futuro que la Iglesia custodia no como un sueño irreal, sino como una promesa en marcha.

El Salmo 71 responde a este anuncio con una súplica cargada de esperanza: “Ven, Señor, rey de paz y de justicia”. El salmista sabe que la verdadera justicia no nace de imposiciones humanas, sino de ese Rey que defiende al débil, rescata al pobre y derrota la violencia sin caer en la violencia. Cuando la Iglesia reza este salmo, pide una paz distinta a todos los acuerdos políticos: una paz que brota del corazón de Dios y transforma el corazón del hombre.

En el Evangelio, Jesús irrumpe con un gesto que sorprende: se llena de alegría. Esa alegría profunda —la del Espíritu— nace de descubrir a los pequeños abiertos a la revelación del Padre. Los sabios y entendidos no entienden porque quieren controlar; los pequeños comprenden porque están disponibles. Jesús bendice esa actitud de sencillez que permite ver la obra del Padre incluso en tiempos de prueba. Por eso afirma que los discípulos son dichosos: ven y escuchan lo que generaciones soñaron contemplar. En pleno Adviento, estas palabras se vuelven un espejo para nosotros. Quienes esperan con fe también verán a Dios desplegando su acción, muchas veces en lo que parece insignificante.

Hoy la Iglesia recuerda con gratitud a Santa Bibiana, virgen y mártir de la Roma del siglo IV. Su testimonio floreció en un clima político y religioso adverso, durante el breve pero intenso reinado del emperador Juliano el Apóstata, decidido a restaurar el paganismo y a sofocar la expansión cristiana. En torno al año 363, Bibiana, junto con su madre Dafrosa y su hermana Demetria, fue perseguida por profesar públicamente su fe en Cristo. Las autoridades romanas intentaron doblegarla mediante intimidaciones y torturas, pero ella se mantuvo firme, sostenida por la esperanza que no defrauda. Finalmente, fue golpeada hasta la muerte con varas —según la tradición, varas de plomo— entregando su vida sin renegar del Señor. Su martirio silencioso es un canto de amor inquebrantable, un recordatorio de que la belleza de la fe se hace más luminosa cuando es probada.

La memoria de Santa Bibiana ilumina hoy de forma especial la intención de oración del Santo Padre para diciembre: rezar por los cristianos que viven en contextos de conflicto. Como ella, muchos hermanos y hermanas en diversas partes del mundo viven bajo la presión, el miedo o la violencia por su fidelidad a Cristo. Su valentía cotidiana sostiene a la Iglesia entera. Santa Bibiana nos invita a no olvidarlos, a ser para ellos voz, apoyo y consuelo. Y también nos interpela a revisar cómo vivimos nuestra fe en contextos donde no hay persecución externa, pero sí tentaciones de comodidad, indiferencia o silencio.

Este tiempo de Adviento pide una actitud concreta: dejarnos renovar desde dentro. La visión de Isaías no es una poesía para escaparnos del mundo, sino una invitación a trabajar por una sociedad más justa, a educar nuestros afectos, a corregir nuestra violencia interior y a apostar por caminos de reconciliación. Jesús nos recuerda que la verdadera sabiduría nace de la humildad, de saber escuchar, de mantener el corazón disponible. Esa es la forma más práctica de preparar el camino del Señor.

Pensar, sentir y actuar como discípulos en Adviento
El anuncio de Isaías nos mueve a pensar que el futuro de Dios no depende de la fuerza humana sino de su Espíritu; a sentir que, incluso en medio de conflictos, la paz que Cristo trae es real y operante; y a actuar con gestos concretos de humildad, reconciliación y cercanía hacia quienes sufren, especialmente nuestros hermanos cristianos que viven en zonas de tensión o violencia, siendo para ellos una voz, un apoyo y una oración constante.

Así avanzamos en esta primera semana de Adviento: con la mirada puesta en el retoño que brota, con el oído atento a la Palabra que ilumina, y con el corazón dispuesto a colaborar con el Dios que viene para renovar la historia.


Pbro. Alfredo Uzcátegui

Vicario Parroquial

 


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