18
FEB
2026

Cuaresma: Tiempo Favorable para Volver al Señor y Renacer en Esperanza



MIÉRCOLES 18 DE FEBRERO DE 2026
MIÉRCOLES DE CENIZA – INICIO DE LA CUARESMA
Sexto día de la Novena en honor a Jesús Nazareno de Atalaya

 

Cuaresma: Tiempo Favorable para Volver al Señor y Renacer en Esperanza

Hoy la Iglesia nos conduce a un umbral sagrado. Con la imposición de la ceniza comenzamos el camino cuaresmal, cuarenta días de gracia que no son un simple recuerdo penitencial, sino una verdadera oportunidad de renovación interior. La Palabra de Dios nos sitúa en el corazón mismo de la conversión: no se trata de gestos externos, sino de un regreso decidido al Señor.

El profeta Joel proclama con fuerza: “Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos” (Jl 2,12-18). La conversión auténtica no es teatro religioso; es un acto profundo del alma que se reconoce necesitada de misericordia. Dios no se cansa de esperarnos. La Tradición de la Iglesia ha visto en este texto una invitación permanente a la humildad, a reconocer que nuestra vida necesita ser purificada, pero también reconstruida por la gracia.

El Salmo 50 nos pone en actitud penitente: “Misericordia, Señor, hemos pecado”. San Agustín enseñaba que este salmo es el espejo del corazón arrepentido. No es un lamento desesperado, sino un grito confiado. El que reconoce su pecado ya ha comenzado a levantarse. La ceniza en nuestra frente no es símbolo de derrota, sino de verdad: somos frágiles, pero somos amados.

San Pablo, en la Segunda Carta a los Corintios (5,20–6,2), nos suplica: “Déjense reconciliar con Dios”. Es impresionante la urgencia del Apóstol: “Ahora es el tiempo favorable”. No mañana. No cuando todo esté perfecto. Ahora. La Cuaresma no es un paréntesis triste; es un tiempo favorable para recomenzar. El Magisterio ha insistido siempre en que la conversión cristiana es dinámica, orientada al futuro, abierta a la esperanza. Dios no nos invita a mirar el pasado con culpa paralizante, sino a caminar hacia adelante con confianza renovada.

El Evangelio según san Mateo (6,1-6.16-18) nos recuerda las tres prácticas fundamentales: limosna, oración y ayuno. Jesús nos previene contra la superficialidad. El cristianismo no es apariencia; es coherencia interior. La limosna purifica nuestra relación con el prójimo; el ayuno ordena nuestros deseos; la oración restablece nuestra relación filial con el Padre. Los Padres de la Iglesia afirmaban que estas tres prácticas son como las alas que elevan el alma hacia Dios.

En nuestra parroquia, este Miércoles de Ceniza se vive además en el contexto del sexto día de la Novena en honor a Jesús Nazareno de Atalaya. Contemplar a Jesús Nazareno, cargando la cruz con paciencia y amor, nos ayuda a comprender el sentido de la Cuaresma. No caminamos hacia la tristeza, sino hacia la Pascua. No avanzamos hacia la oscuridad, sino hacia la Resurrección.

La ceniza nos recuerda nuestra condición mortal, pero la cruz nos revela nuestra vocación eterna. Somos polvo, sí, pero polvo redimido. Somos frágiles, pero llamados a la santidad. En un mundo que muchas veces vive distraído o superficial, la Cuaresma nos ofrece profundidad, silencio, propósito.

Este tiempo nos invita a decisiones concretas. Quizás sea el momento de reconciliarnos en el sacramento de la Confesión. Quizás sea el tiempo de retomar la Eucaristía con mayor fervor. Tal vez debamos revisar nuestras prioridades, ordenar nuestra vida familiar, sanar heridas, intensificar la oración. La conversión cristiana no es abstracta; se traduce en actos reales.

La ceniza se borrará en pocas horas. Pero el propósito debe permanecer. La esperanza debe crecer. El corazón debe renovarse.

Comenzamos hoy un camino de cuarenta días. Lo recorremos juntos, como comunidad parroquial, bajo la mirada misericordiosa del Señor y acompañados por Jesús Nazareno de Atalaya. Que esta Cuaresma no pase sin fruto. Que no sea rutina, sino transformación. Que al llegar la Pascua podamos decir, con alegría serena: el Señor ha hecho nuevas todas las cosas en mí.

Hoy es el tiempo favorable. Hoy comienza una historia nueva.


Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial.

 


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