Viernes 5 de diciembre de 2025 – Semana I de Adviento
Cuando los ciegos ven y el desierto florece: La Luz que se acerca en Adviento
El Adviento siempre ha sido el tiempo en que Dios ensancha el horizonte y nos educa la mirada. No es una estación fría ni un paréntesis litúrgico; es la escuela donde el Señor nos vuelve a enseñar a esperar. A la luz del Año Jubilar de la Esperanza, este viernes adquiere un color especial: Dios nos invita a entrenar el corazón para reconocer su paso en nuestra historia personal, familiar y eclesial. En un mundo herido por conflictos y tensiones, la Iglesia nos pide orar —como insiste el Papa León XIV— por los cristianos que viven en medio de la violencia. Quienes están en las sombras necesitan que alguien crea, rece, espere y mantenga encendida la luz.
1. Isaías 29, 17-24: cuando Dios vuelve fértil lo que parecía perdido
Isaías es profeta del futuro, de esos que se atreven a anunciar que la vida puede recomenzar cuando todos decían lo contrario. La imagen es poderosa: “Dentro de poco el Líbano se convertirá en vergel y el vergel será como un bosque.” Esto no es poesía decorativa; es teología pura. Dios transforma. Dios recrea. Dios no deja que el desierto tenga la última palabra.
En Adviento, esta promesa toma fuerza: no importa cuán seca haya quedado la fe, cuán desgastadas estén las relaciones, cuán cansado se encuentre el corazón. Dios puede hacer florecer lo que parecía estéril. Y no se trata solo de un cambio exterior. El profeta anuncia algo más profundo: los ciegos verán, los sordos oirán, los humildes recuperarán la alegría, los descarriados volverán a entender.
Esta es la gran noticia del Adviento: Dios trabaja por dentro. Abre oídos que se habían cerrado, limpia miradas que se habían nublado, pacifica corazones duros. En su escuela, siempre hay oportunidad de conversión, de renovación, de comienzo. Quien cree, ve. Quien escucha, camina. Quien se deja tocar, vive.
2. Salmo 26: “El Señor es mi luz y mi salvación”
El
salmista responde con una confesión que sostiene generaciones enteras:
“El Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré?”
En un mundo saturado de ruidos, este salmo se vuelve un refugio para todo discípulo. La luz de Dios no elimina automáticamente los problemas, pero ilumina el camino para atravesarlos sin perder el alma. En este mes dedicado a orar por los cristianos en contextos de conflicto, este salmo es bálsamo y fuerza.
La luz de Dios no es brillo superficial; es claridad interior. Es la capacidad de distinguir lo esencial de lo accesorio, lo verdadero de lo aparente, la paz del engaño. Por eso el creyente no teme: sabe quién camina con él.
3. Mateo 9, 27-31: la fe que abre los ojos
El
Evangelio nos presenta a dos ciegos que se acercan a Jesús con una súplica
sencilla:
“Hijo de David, ten compasión de nosotros.”
Adviento
es eso mismo: caminar a tientas, pero caminar hacia Jesús. Reconocer que
necesitamos que Él abra nuestros ojos. Jesús los conduce al interior de una
casa, casi un espacio de retiro espiritual, y allí les pregunta lo decisivo:
“¿Creen que puedo hacerlo?”
Es la pregunta que hoy nos dirige a todos. ¿Creemos que puede transformar nuestra vida? ¿Nuestra familia? ¿Nuestra comunidad parroquial? ¿Nuestro país herido? ¿La Iglesia? ¿El mundo en conflicto?
Los
dos ciegos responden con la palabra más humilde y más poderosa de la Biblia: “Sí,
Señor.”
Ese sí abrió sus ojos. Ese sí cambia destinos. Ese sí es la llave del Adviento.
Jesús actúa “según la fe” de ellos. La fe no es magia; es disponibilidad. Es dejar que Dios haga lo que solo Él puede hacer.
4. San Blas: la fe que cuida, sana y acompaña
Hoy recordamos a San Blas, obispo y mártir, memoria viva de cómo la fe puede convertirse en caricia y defensa. Su intercesión por quienes sufren enfermedades de la garganta simboliza algo más profundo: el cuidado por la vida, por la voz que proclama, por la palabra que sostiene. San Blas nos recuerda que la fe no se encierra, se entrega; no se repliega, acompaña. En este Año Jubilar, su testimonio es un llamado a ser custodios de la esperanza en medio de cualquier adversidad.
5. Un solo movimiento hacia la esperanza
La Palabra de este viernes nos ayuda a pensar, sentir y actuar desde la fuerza de la esperanza: pensar que Dios puede abrir caminos nuevos, aunque parezca tarde; sentir la paz de quien se sabe sostenido por la luz del Señor; actuar con delicadeza, fortaleza y misericordia, especialmente hacia los que viven en medio de conflictos y persecuciones. Este Año Jubilar nos invita a ser peregrinos de la esperanza, hombres y mujeres que avanzan con la mirada limpia y el corazón humilde, sabiendo que Dios no falla y que su venida transforma todo.
Adviento es eso: permitir que Dios nos vuelva a tocar los ojos para ver lo que Él ve, que nos abra los oídos para escuchar lo que Él susurra, que nos prepare el alma para recibir al Mesías con alegría serena y profunda.
Que este día en la Parroquia de Santa Ana sea una estación de calma, de renovación silenciosa y de esperanza activa. Porque el Señor viene, y cuando Él viene, todo comienza de nuevo.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial
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