24
MAR
2026

Cuando levantéis al Hijo del Hombre…: mirar a Cristo para vivir



Martes 24 de marzo de 2026
Semana V de Cuaresma
Memoria de San Óscar Arnulfo Romero, Obispo y Mártir

“Cuando levantéis al Hijo del Hombre…”: mirar a Cristo para vivir

La Palabra de Dios en este día nos sitúa en un momento decisivo del camino cuaresmal. La Iglesia nos invita a dirigir la mirada hacia Cristo elevado, porque solo en Él encontramos la vida, la sanación y la esperanza.

En la primera lectura (Nm 21, 4-9), el pueblo de Israel, en su travesía por el desierto —probablemente en torno al siglo XIII a.C., durante el éxodo desde Egipto hacia la Tierra Prometida— cae en la murmuración. Este episodio refleja una constante histórica del pueblo: la lucha entre la fe y la desconfianza. Dios, en su misericordia, no abandona, sino que ofrece un signo concreto de salvación: la serpiente de bronce, que al ser mirada con fe, otorgaba vida.

Este acontecimiento, profundamente arraigado en la memoria de Israel, será posteriormente conservado incluso en el templo (cf. 2 Reyes 18,4), hasta que el rey Ezequías la destruye por haber sido objeto de idolatría. Este detalle histórico nos recuerda que los signos solo tienen sentido cuando conducen a Dios, no cuando sustituyen a Dios.

Cristo, cumplimiento de la historia de salvación

El Evangelio (Jn 8, 21-30), proclamado hoy, nos sitúa en Jerusalén, en el contexto de la fiesta de las Tiendas (Sukkot), una de las celebraciones más importantes del judaísmo del siglo I. En este ambiente cargado de simbolismo —luz, agua, memoria del éxodo— Jesús revela su identidad más profunda: “Yo Soy”, evocando el nombre divino revelado a Moisés (cf. Éxodo 3,14).

Cuando Jesús dice: “Cuando levantéis al Hijo del Hombre…”, está anticipando su crucifixión, que tendrá lugar históricamente alrededor del año 30 d.C., bajo el gobierno del procurador romano Poncio Pilato. La crucifixión, castigo reservado a los criminales y esclavos, se convierte paradójicamente en el trono desde donde Cristo reina.

Aquí se cumple plenamente la figura de la serpiente de bronce: ya no se trata de un signo, sino del mismo Hijo de Dios elevado para la salvación del mundo.

Mirar para sanar

El hilo conductor de la liturgia es claro: mirar a Dios transforma la historia personal y colectiva.

El pueblo miró la serpiente y vivió.
Nosotros miramos a Cristo y somos salvados.

Los Padres de la Iglesia, especialmente San Agustín (siglo IV-V), interpretaron este pasaje como una figura profética de la cruz: Cristo, sin pecado, carga con el pecado del mundo para sanarlo desde dentro. Esta interpretación ha sido asumida por la Tradición constante de la Iglesia y recogida en la liturgia.

San Óscar Arnulfo Romero: historia encarnada del Evangelio

Hoy contemplamos también la vida de San Óscar Arnulfo Romero (1917–1980), una figura clave en la historia reciente de la Iglesia en América Latina.

  • Nació el 15 de agosto de 1917 en Ciudad Barrios, El Salvador.
  • Fue ordenado sacerdote en 1942 en Roma.
  • Nombrado Arzobispo de San Salvador en 1977, en un contexto de fuerte tensión social, injusticia estructural y violencia política.
  • Su conversión pastoral se profundiza tras el asesinato de su amigo, el jesuita Rutilio Grande, en marzo de 1977.

A partir de ese momento, Romero se convierte en una voz clara en defensa de los pobres, denunciando la violencia, las desapariciones y las injusticias. Sus homilías dominicales, transmitidas por radio, se convirtieron en un referente moral para el país.

El 24 de marzo de 1980, mientras celebraba la Santa Misa en la capilla del hospital de la Divina Providencia, fue asesinado por un francotirador. Sus últimas palabras fueron profundamente eucarísticas: ofrecía el sacrificio de Cristo por la salvación de su pueblo.

Décadas después:

  • Fue beatificado el 23 de mayo de 2015 por el Papa Francisco.
  • Canonizado el 14 de octubre de 2018, reconociendo su martirio “in odium fidei” (por odio a la fe).

San Óscar Romero es hoy un testigo universal de que el Evangelio tiene consecuencias históricas reales. Su vida demuestra que la fe no es evasión, sino compromiso con la verdad y la dignidad humana.

Cristo elevado: centro de nuestra esperanza

Jesús no evita la cruz; la abraza. Y en ese gesto revela el rostro de Dios. La cruz no es el final, es el paso hacia la vida.

En un mundo marcado por crisis, incertidumbre y sufrimiento, la cruz sigue siendo el punto de referencia. Como enseñó el Concilio Vaticano II, en Gaudium et Spes, “el misterio del hombre solo se esclarece en el misterio del Verbo encarnado”.

Para nuestra vida hoy

Hoy también nosotros caminamos en un “desierto”: incertidumbres, cansancio, heridas personales y sociales. Pero la respuesta sigue siendo la misma que en la historia de la salvación: levantar la mirada hacia Cristo.

Mirarlo en la cruz.
Mirarlo en la Eucaristía.
Mirarlo en los pobres y sufrientes.

Ahí se encuentra la verdadera sanación.

Tres mensajes de hoy

  1. La historia de la salvación muestra que Dios actúa incluso en medio de la crisis.
  2. Cristo elevado en la cruz es el cumplimiento de todas las promesas de Dios.
  3. La fe auténtica transforma la historia concreta, como lo vivió San Óscar Romero.

Propósito para hoy

Buscar un momento concreto de oración ante el crucifijo o el Santísimo Sacramento, contemplando a Cristo y pidiéndole la gracia de vivir una fe comprometida con la verdad, la justicia y la caridad.

En este camino hacia la Pascua, la historia misma nos enseña que Dios no abandona a su pueblo. Cristo ha sido levantado. Y quien lo mira con fe, comienza ya a vivir la vida nueva.

Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial.


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