Crítica y actualidad de las vías tomistas
Por qué siguen siendo válidas hoy los caminos racionales hacia Dios
Las
cinco vías de Santo Tomás de Aquino fueron escritas hace más de siete siglos,
pero su profundidad y equilibrio hacen que sigan siendo, hoy, uno de los
fundamentos más sólidos del diálogo entre fe y razón. Aunque el lenguaje de
la filosofía y de la ciencia haya cambiado, la intuición esencial permanece: el
mundo, con su orden, su movimiento, su causalidad y su belleza, no se
explica por sí mismo.
Estas vías no son reliquias del pasado; son rutas de pensamiento siempre
abiertas, que ayudan al ser humano moderno a descubrir que creer en Dios es
razonable, y que la fe no es evasión, sino plenitud de la inteligencia.
1. Las vías tomistas no son “pruebas mecánicas”
Una
de las críticas más comunes a las vías de Santo Tomás es pensar que intentan
“demostrar a Dios” como se demuestra un teorema matemático. Pero Santo Tomás
nunca lo pretendió. Él no busca encerrar a Dios en un argumento, sino mostrar
que la existencia de Dios es la explicación más razonable de la realidad.
Sus vías son caminos de inteligencia, no fórmulas cerradas. Cada una
parte de una observación de la experiencia —el movimiento, la causalidad, el
ser, la perfección y el orden— y conduce a una conclusión coherente: que el
universo tiene un fundamento último.
El Aquinate no pretende sustituir la fe, sino preparar el corazón y la mente
para recibirla.
2. La vigencia filosófica: el ser frente al vacío
El
pensamiento contemporáneo ha oscilado entre dos extremos: el racionalismo que
pretende explicarlo todo sin Dios, y el nihilismo que niega todo sentido. Las
vías tomistas, en cambio, proponen un equilibrio luminoso: la razón humana
es capaz de alcanzar la existencia de Dios, pero no de abarcar su misterio.
En una cultura donde muchos sienten el vacío existencial, las vías recuerdan
que la realidad no es absurda, sino fundada en el Ser. Dios no es una
hipótesis añadida, sino la razón última de que haya algo en lugar de nada.
Su actualidad radica en que ofrecen un horizonte de sentido ante el desencanto
del materialismo y del relativismo.
3. El diálogo con la ciencia moderna
Algunos
piensan que la ciencia ha “reemplazado” a Dios. Pero la ciencia no responde al por
qué último de las cosas, sino al cómo. Explica los mecanismos del
universo, pero no su origen ni su finalidad.
Las vías tomistas no compiten con la ciencia, sino que la sostienen
filosóficamente, porque sin un principio de causalidad, de orden y de
racionalidad, la ciencia no tendría sentido.
Como dijo el Papa Benedicto XVI:
“La
fe no teme a la razón, sino que la busca. La razón sin fe se extravía, y la fe
sin razón se debilita.”
Por eso, en un mundo que confía en la ciencia, las vías de Santo Tomás siguen
recordando que la fe es razonable y la razón, creyente.
4. La dimensión pastoral y espiritual
Más
allá de su valor filosófico, las vías tomistas tienen una profunda dimensión
espiritual: nos enseñan a mirar el mundo con ojos de fe y de inteligencia
unidas.
Cada una de ellas puede convertirse en oración:
Así, lo que comenzó como reflexión termina como adoración. El creyente no solo comprende que Dios existe, sino que descubre su presencia activa en todo.
5. Por qué siguen siendo necesarias
Hoy
más que nunca, en un mundo que busca sentido entre la velocidad y la
incertidumbre, las vías de Santo Tomás son una brújula. No ofrecen un Dios
abstracto, sino un Dios razonable y cercano, que se revela como origen
del ser y meta de toda inteligencia.
Las cinco vías no son el final del camino, sino el principio: abren la puerta a
la Revelación, al Dios que en Jesucristo ha mostrado su rostro.
Como enseña el Papa León XIV:
“Las razones de la fe no sustituyen el encuentro con Dios, pero ayudan a purificar el corazón para reconocerlo cuando se manifiesta.”
Pensar
Las vías tomistas siguen siendo actuales porque muestran que el universo tiene un origen inteligente, y que la fe no contradice la razón, sino que la ilumina.
Sentir
Agradece el don de la razón y la fe. Ambas te han sido dadas para buscar la verdad, y esa verdad tiene un rostro: el de Dios que te ama.
Actuar
No tengas miedo de pensar tu fe ni de creer con inteligencia. Estudia, medita y ora: en esa armonía encontrarás al Dios que sigue revelándose en todo lo que existe.
Pbro.Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial
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