19
DIC
2025

Creer y vivir



Creer y vivir

La fe que se traduce en vida concreta

La fe cristiana no se queda en el pensamiento ni se agota en la emoción: se verifica en la vida. Creer en Dios implica asumir una manera nueva de mirar, decidir y actuar. La fe auténtica transforma criterios, ordena prioridades y da coherencia a la existencia cotidiana. No es un añadido piadoso a la vida, sino el principio que la unifica. Cuando la fe no se encarna en gestos concretos, corre el riesgo de volverse estéril; cuando se vive, se convierte en luz para uno mismo y para los demás.

Creer y vivir significa dejar que el Evangelio modele la conciencia. Las decisiones morales, el uso del tiempo, la relación con el dinero, la manera de trabajar, de amar y de perdonar, todo queda tocado por la fe. No se trata de perfección inmediata, sino de un camino sincero de conversión. La fe no elimina la fragilidad humana, pero orienta el corazón hacia el bien y da fuerza para levantarse cada vez que se cae. Por eso, creer no es proclamarse mejor que otros, sino vivir reconciliados, responsables y disponibles para el bien.

La fe se hace visible especialmente en la caridad. Quien cree en Dios no puede permanecer indiferente ante el sufrimiento del prójimo. La fe que no ama es incompleta. En el servicio silencioso, en la justicia buscada con perseverancia, en la cercanía a los pobres, en la defensa de la dignidad humana, la fe muestra su verdad. No es casual que Jesús haya identificado la fe con obras de misericordia: allí donde se ama, Dios se hace visible.

Vivir la fe también implica pertenecer. El creyente no camina solo: forma parte de la Iglesia. En la comunidad, la fe se educa, se corrige, se celebra y se sostiene. La Eucaristía es el centro donde creer y vivir se unen: de ella brota la fuerza para amar como Cristo ama. La fe celebrada se convierte en fe vivida.

Finalmente, creer y vivir es aceptar que la fe tiene consecuencias. No todo da igual. La fe ilumina opciones, exige coherencia y llama al testimonio. En un mundo marcado por la confusión y el relativismo, la vida creyente se vuelve signo: no de imposición, sino de esperanza. Una fe vivida con sencillez y verdad es una de las pruebas más convincentes de la existencia de Dios.

Pensar

La fe cristiana se confirma cuando transforma la vida. Creer en Dios implica asumir una manera nueva y concreta de vivir.

Sentir

Descubre la alegría serena que nace cuando fe y vida caminan juntas. La coherencia interior es fuente de paz.

Actuar

Revisa tu vida a la luz del Evangelio: decisiones, relaciones, compromisos. Da un paso concreto para que tu fe se haga visible en obras de amor.

Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.

 


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