Jueves
4 de diciembre de 2025 – Semana I de Adviento
Construir sobre roca: el Adviento que transforma la vida
El Adviento no es una estación decorativa: es un tiempo de cimientos. No basta con mirar el pesebre; hay que preparar el corazón para que, cuando llegue el Señor, encuentre terreno firme. La liturgia de hoy nos ofrece una ruta clara para ese trabajo interior: Isaías nos habla de una ciudad fuerte; el Evangelio nos invita a construir sobre roca; el salmo proclama al que viene en nombre del Señor; y el santoral nos entrega a San Juan Damasceno, un hombre que defendió la fe en tiempos de tormenta. Juntos forman un mapa espiritual para las semanas que comienzan.
1. Isaías 26, 1-6: Dios mismo es nuestra fortaleza
El profeta contempla una “ciudad fuerte”, rodeada no de muros de piedra sino de la fidelidad de Dios. Allí entran los que confían, los humildes, los que caminan con el corazón abierto. Esa ciudad es imagen de la Iglesia; pero también de cada alma que, en medio de tensiones, aprende a apoyarse en la gracia más que en sus cálculos. Isaías no promete ausencia de dificultades, promete algo más profundo: estabilidad. El que confía está sostenido, incluso cuando todo parece temblar.
El Adviento nos pregunta dónde apoyamos la vida. ¿En nuestra fuerza solitaria o en esa fidelidad que no falla? En un mundo marcado por el ruido, la prisa y la ansiedad, esta página bíblica recuerda que la paz verdadera no se improvisa: se recibe de Dios como un don que madura en la confianza diaria.
2. Salmo 117: “Bendito el que viene en nombre del Señor”
La liturgia pone en nuestros labios el grito de bienvenida que un día Jerusalén elevó ante Jesús. Este salmo es un abrazo abierto. El pueblo sabe que quien viene de parte de Dios trae vida, verdad y esperanza. Esa misma aclamación la repetimos en cada Eucaristía, como si el mundo entero se inclinara un instante para dejar pasar al Rey manso que se acerca.
El pueblo que ora así se convierte en pueblo vigilante: no dormido, no disperso, no resignado. Es un pueblo que espera, que reconoce los pasos de Dios en la historia y que se levanta para recibirlo. El Adviento despierta esta sensibilidad: la capacidad de decir “bendito” incluso en tiempos duros.
3. Mateo 7, 21.24-27: La casa sobre roca
Jesús habla con claridad: no basta con decir “Señor, Señor”. El cristiano no vive de repeticiones piadosas ni de emociones pasajeras, sino de decisiones sólidas, de una vida que se construye sobre la roca de su Palabra.
Dos casas, dos cimientos, una misma tormenta. La diferencia no está en la violencia del viento, sino en la profundidad de los fundamentos. Adviento nos invita a examinar dónde estamos construyendo. La roca es Cristo, su Evangelio, su modo de vivir. La arena es todo aquello que promete estabilidad, pero se disuelve: la superficialidad, la autosuficiencia, el ego que busca aplausos.
Jesús no condena a quien se equivoca; advierte para que nadie pierda el tiempo edificando sobre ilusiones. Nos está regalando un criterio espiritual para la vida diaria: quien escucha y practica su Palabra, permanece.
4. San Juan Damasceno: un maestro en tiempos complejos
San Juan Damasceno (c. 675–749), nacido en Damasco y considerado uno de los últimos grandes Padres de la Iglesia, vivió bajo dominio musulmán en una época en que la fe cristiana enfrentaba desafíos internos y externos. Fue un defensor brillante de la doctrina sobre las imágenes sagradas durante la crisis iconoclasta, escribiendo desde el monasterio de San Sabas, cerca de Jerusalén, obras que iluminaron a la Iglesia entera.
Su “Exposición de la fe ortodoxa” es una síntesis magistral de la tradición doctrinal que aún hoy sigue siendo referencia para teólogos y pastores. Su vida demuestra que la firmeza de la fe no está reñida con la caridad, que la verdad no necesita gritos, solo claridad, oración y coherencia.
Su ejemplo ilumina la intención de oración del Papa León XIV para este mes: rezar por los cristianos que viven en contextos de conflicto, muchos de los cuales, como Juan Damasceno, viven la fe en medio de presiones y ambientes adversos.
5. Un Adviento que mira hacia adelante
A veces pensamos que el Adviento es un tiempo tierno, casi frágil. Pero en realidad es vigoroso. Es un llamado a la profundidad, a la autenticidad, a la coherencia. Es el Señor diciendo: “No construyas a medias. No vivas a medias. No ames a medias”.
La buena noticia es que Dios no nos pide algo imposible. Él mismo se hace niño para mostrarnos que lo más fuerte nace en lo más pequeño. Que la roca se encuentra en la humildad. Que la estabilidad viene de entregarle la vida de verdad.
Este día nos invita a pensar dónde hemos levantado nuestros cimientos, sentir la necesidad de confiar más en Dios que en nuestras propias fuerzas, y actuar escuchando su Palabra con decisión para construir relaciones, decisiones y proyectos sobre Cristo, la única roca que resiste cualquier tormenta.
Adviento es futuro abierto. El Señor viene, y con Él vienen caminos nuevos. Quien se deja encontrar, encuentra fuerza. Y quien se deja amar, aprende a amar en serio.
Que nuestra parroquia sea en estos días esa ciudad fuerte de la que habló Isaías: un lugar donde la confianza respire, donde la esperanza se contagie, y donde cada corazón pueda preparar un pesebre firme para el Dios que viene a salvarnos.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial.
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