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NOV
2025

Con su perseverancia salvarán sus almas (Lc 21,19)




Miércoles 26 de noviembre de 2025
Memoria del Beato Santiago Alberione

Con su perseverancia salvarán sus almas (Lc 21,19)

Hay días en los que la Palabra de Dios se convierte en una advertencia amorosa que despierta, ilumina y sostiene. La liturgia de este miércoles nos habla con la serenidad de quien ama y, al mismo tiempo, con la firmeza de quien desea vernos crecer. En un mundo que corre veloz, donde tantas voces reclaman atención, la Palabra vuelve a ser brújula, y la memoria del Beato Santiago Alberione —apóstol incansable de los medios de comunicación al servicio del Evangelio— nos enseña a leer la historia con mirada de fe y corazón valiente.

1. Daniel: el tiempo de las manos que escriben en la pared

El libro del profeta Daniel nos presenta una escena inquietante y cargada de significado: la mano misteriosa que escribe en el muro del palacio del rey Baltasar. El rey celebra un banquete desbordado, ha perdido el sentido de lo sagrado y se ha desconectado de la verdad de Dios. En medio de su orgullo, aparece un mensaje que cuestiona todo lo que él creía firme.

Daniel es llamado no como adivino, sino como hombre de Dios, hombre que sabe interpretar la vida desde la verdad eterna. Su mensaje es directo y verdadero:
“Has sido pesado en la balanza y has resultado falto.”

No es un castigo caprichoso; es un diagnóstico espiritual. El texto señala que el corazón del rey se había vuelto ciego: honró lo superficial y olvidó al Señor del cielo, que tiene en sus manos la vida de todos. Esta advertencia sigue siendo actual. Hoy también hay estructuras, ideologías y decisiones que se tambalean porque han perdido la referencia a Dios.

Sin embargo, esta lectura no nos empuja al miedo, sino a la esperanza. Cuando Dios nos muestra la verdad es para salvar, no para destruir. Daniel aparece como símbolo de la voz fiel que el mundo necesita: una voz que no se vende, no se acomoda y no se deja intimidar. Una voz como la del Beato Alberione, que supo discernir los signos de su tiempo y transformar los medios modernos en caminos de evangelización.

2. “Bendito seas para siempre, Señor”: el salmo que purifica la mirada

El cántico de Daniel 3 es un canto que brota del horno de fuego. Es la alabanza que se eleva en medio de la prueba. Bendecir a Dios no en el éxito, sino en la lucha, es la postura del creyente maduro.

Cada estrofa de este salmo nos enseña a poner a Dios en el centro:
Bendito en su templo, bendito sobre el cielo, bendito en los que confían.

El mundo puede llenarse de ruido, los reinos pueden caer, los poderes pueden pasar… pero Dios permanece. Y el corazón que bendice aprende a mirar la historia no con miedo, sino con serenidad.

Alberione repetía que quien mira a Dios no se desanima jamás. Su confianza absoluta permitió que naciera la Familia Paulina, una obra que aún hoy ilumina a millones a través de la prensa, la radio, el cine, la televisión y las redes. Donde otros veían riesgo, él vio misión. Donde otros veían confusión, él vio oportunidad para el Evangelio.

3. Jesús: la perseverancia que sostiene el futuro

El Evangelio según san Lucas nos introduce en el realismo de Jesús. Habla de persecuciones, dificultades, traiciones, incomprensiones. No oculta la dureza del camino cristiano. Pero en medio de ese anuncio, pronuncia una frase que ilumina toda la vida espiritual:

“Con su perseverancia salvarán sus almas.”

Perseverar no es aguantar por aguantar; es mantenerse unidos a Cristo, firmes en la verdad, confiados en su promesa. Es lo contrario de la superficialidad del rey Baltasar. Perseverar es elegir cada día el bien, incluso cuando cuesta; seguir amando cuando no se ve resultado; mantenerse en la misión cuando hay cansancio.

Jesús promete que nada se perderá:
“Ni un cabello de su cabeza perecerá.”
La vida del creyente está en manos seguras. El futuro no es una amenaza, sino tierra prometida.

4. El Beato Santiago Alberione: profeta del Evangelio en tiempos modernos

Hoy la Iglesia nos regala el testimonio luminoso del Beato Santiago Alberione. Nacido en 1884, vivió los cambios más vertiginosos del siglo XX. Mientras muchos temían la expansión de la industria, la prensa y la comunicación masiva, él comprendió —como Daniel— que Dios también escribe en las paredes nuevas de la historia.

Fundó la Familia Paulina para evangelizar con todos los medios disponibles, convencido de que el Evangelio debía caminar a la misma velocidad que la humanidad. Su espíritu era profundamente contemplativo, pero nunca tuvo miedo de innovar. Para él, las imprentas, las cámaras, las antenas y los micrófonos eran púlpitos nuevos.

Su lema sigue siendo profético:
“Llevar al mundo entero la Palabra de Dios.”

Hoy, en esta parroquia, también estamos llamados a usar todos los medios a nuestro alcance para anunciar la esperanza. Alberione sería feliz viendo comunidades que predican desde la radio, las redes sociales, la catequesis, los jóvenes, los abuelos, la educación y la vida sacramental.

La Palabra de hoy nos invita a mirar el corazón sin miedo, a dejarnos iluminar por la verdad de Dios, a no correr detrás de lo que pasa, sino de lo que permanece. Sentir la serenidad de saber que estamos en manos seguras, sostenidos por la fidelidad de Cristo que nunca abandona. Y actuar como discípulos perseverantes: hombres y mujeres capaces de anunciar el Evangelio con creatividad, valentía y alegría, al estilo del Beato Santiago Alberione, utilizando bien los dones de este tiempo para que la luz de Cristo llegue más lejos y toque más vidas.

El camino continúa. Y cada paso que demos —humilde, firme, confiado— construye el futuro que Dios sueña para su pueblo.


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario Parroquial.


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