07
DIC
2025

Brotará un retoño: La esperanza que renace en Adviento



Domingo 7 de diciembre de 2025
II Domingo de Adviento – La Gracia del Adviento. Tiempo Mariano

Brotará un retoño: La esperanza que renace en Adviento

El Adviento avanza como una suave aurora que anuncia un sol más grande. En este segundo domingo, la Palabra nos invita a mirar hacia adelante con esperanza firme, con la serenidad de quien sabe que Dios está obrando incluso cuando todo parece quieto. El misterio del Adviento no es una espera pasiva; es una gracia que trabaja en lo profundo del corazón, preparando un camino para Jesús y ensanchando el alma para recibir su paz.

1. Isaías 11, 1-10: Un brote nuevo donde parecía no haber vida

Isaías nos regala una de las imágenes más hermosas de toda la Escritura: “De un tronco talado brotará un retoño…”. Cuando un tronco está cortado, cualquiera diría que la historia terminó; sin embargo, Dios no piensa como nosotros. Donde el hombre ve final, Dios ve inicio. Ese retoño es anuncio del Mesías, pero también símbolo de cada historia humana: en nuestras crisis, en nuestras heridas, en lo que sentimos “acabado”, puede brotar vida nueva si dejamos a Dios entrar.

Los Padres de la Iglesia veían en este brote la humildad de Cristo, nacido en pequeñez, creciendo en silencio, manifestando la fuerza del Espíritu sin estridencias. Adviento es permitir que ese brote nuevo nazca también en nuestra vida: una virtud recuperada, una relación sanada, una oración que vuelve a encenderse.

2. Salmo 71: “Ven, Señor, rey de justicia y de paz”

El salmista clama por un Rey que haga justicia, proteja al débil, y establezca una paz verdadera. No se trata de una paz superficial, sino de la reconciliación profunda que sólo Dios puede obrar. Este grito es también el ansia del mundo actual: justicia sin violencia, paz sin imposiciones, armonía sin engaños.

Cada vez que la Iglesia reza este salmo, renueva su deseo de que Cristo reine no solo en los templos, sino en las conciencias, en la familia, en las instituciones, en la vida pública. Adviento nos educa para esa paz: nos enseña a desarmar el corazón, a escuchar, a esperar, a confiar. Es una escuela de paciencia y de mansedumbre.

3. Romanos 15, 4-9: La esperanza que no defrauda

San Pablo nos recuerda que la Escritura fue escrita “para enseñanza nuestra”, para que, “con la paciencia y el consuelo que dan las Escrituras, mantengamos la esperanza”. La esperanza cristiana no es optimismo ingenuo; es certeza de que Dios guía la historia hacia su plenitud. Esta esperanza nos permite perseverar, incluso cuando los tiempos se vuelven difíciles.

Pablo añade un detalle precioso: Cristo vino para que los hombres glorifiquen a Dios con un solo corazón y una sola voz. Adviento es un tiempo de comunión. No nos preparamos solos; nos preparamos como Pueblo. No caminamos aislados; caminamos juntos, animándonos, perdonándonos, sosteniéndonos unos a otros.

4. Mateo 3, 1-12: Juan el Bautista y la valentía de convertirse

Juan aparece en el desierto, como un centinela que despierta a un pueblo adormecido. Su voz es recia, pero su mensaje es medicina: “Conviértanse, porque está cerca el Reino de los cielos.” La conversión no es una carga; es un regalo. Dios no nos pide cambiar para castigarnos, sino para liberarnos. Él quiere que encontremos un rumbo más pleno, un corazón más sereno, una vida más orientada a lo esencial.

Juan anuncia al que viene con el Espíritu y el fuego: un Cristo que purifica sin destruir, que poda sin arrancar, que enciende sin consumir. Su fuego no es amenaza, sino un calor que ordena, ilumina y transforma.

5. La Gracia del Adviento: un tiempo mariano

La Iglesia vive el Adviento muy de la mano de La Santísima Virgen María, la mujer que supo esperar, escuchar y confiar. Ella encarna la gracia de este tiempo: silencio fecundo, disponibilidad sin cálculo, fe que madura en lo escondido. María es el “sí” que abre la historia a la salvación; es el brote más puro de la humanidad regenerada.

En este domingo, a las puertas de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, María nos recuerda que la esperanza cristiana no es teoría: es carne, es historia, es vida concreta. Ella nos enseña a preparar el corazón como quien prepara un hogar para un Niño: con ternura, con orden interior, con alegría sencilla.

6. Pensar, sentir y actuar

La Palabra nos invita a reconocer que, incluso en los ámbitos más secos de la vida —los troncos talados de nuestras historias— Dios puede hacer brotar un retoño nuevo; sentir, como María, el gozo sereno de quien confía sin ver; y actuar convirtiendo el corazón, reconciliando, abriendo caminos de paz en la familia, en la comunidad y en el país, sabiendo que cada gesto de justicia y bondad acelera la llegada del Reino.

Adviento es gracia. Es Dios que camina hacia nosotros antes de que nosotros corramos hacia Él. Que este domingo permita que Cristo encuentre puertas abiertas, corazones vigilantes y manos dispuestas a construir paz.

La Santísima Virgen María, Madre de la esperanza, nos acompañe en este camino de luz hacia la Navidad.


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario Parroquial.

 


Escribir un comentario

No se aceptan los comentarios ajenos al tema, sin sentido, repetidos o que contengan publicidad o spam. Tampoco comentarios insultantes, blasfemos o que inciten a la violencia, discriminación o a cualesquiera otros actos contrarios a la legislación española, así como aquéllos que contengan ataques o insultos a los otros comentaristas.

Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared

Aviso legal | Política de privacidad | Política de cookies