07
NOV
2025

Astucia cristiana y misión: servir al Reino con inteligencia y esperanza



Viernes 7 de noviembre de 2025 – Semana XXXI del Tiempo Ordinario
Lecturas: Romanos 15, 14-21; Salmo 97 (Que todos los pueblos aclamen al Señor);

Lucas 16, 1-8
Memoria de San Vilibrordo, obispo y misionero

Evangelizar con creatividad y fidelidad

San Pablo, en su carta a los Romanos, manifiesta una profunda confianza en la comunidad a la que escribe: “Estoy convencido, hermanos míos, de que ustedes rebosan de bondad, llenos de todo conocimiento y capaces de aconsejarse unos a otros”. Con estas palabras, el apóstol nos recuerda que la vida cristiana no es una tarea de unos pocos, sino una vocación compartida. Todos estamos llamados a participar en la misión evangelizadora de la Iglesia, cada uno desde su propio don. Pablo se sabe instrumento de Dios y actúa con humildad, reconociendo que todo lo que ha logrado ha sido “por el poder del Espíritu Santo”. Su vida es un testimonio de fe dinámica, misionera y abierta al mundo.

El Evangelio de hoy, en cambio, nos presenta una parábola que desconcierta: la del administrador astuto (Lc 16, 1-8). Jesús no alaba su corrupción, sino su sagacidad. Lo que se destaca es su capacidad de actuar con decisión cuando se ve en dificultad. El Señor nos invita a aprender de esa actitud práctica, pero orientándola hacia el bien. Nos dice que los hijos de este mundo son más astutos en sus negocios que los hijos de la luz. En otras palabras, Jesús nos anima a usar nuestra inteligencia, creatividad y recursos con la misma energía y compromiso, pero al servicio del Reino de Dios.

La fe no es pasividad. Ser discípulo de Cristo exige discernimiento, audacia y esperanza. No se trata de vivir con astucias humanas, sino con sabiduría espiritual; no de manipular, sino de servir; no de aprovechar las circunstancias para el beneficio propio, sino de transformarlas en oportunidades para amar y hacer el bien. Como enseña el Papa Francisco, el Evangelio requiere “una pastoral en salida, creativa, que no se encierre en estructuras caducas, sino que sepa arriesgar por amor a Cristo y a las almas”.

El Salmo 97 proclama con alegría: “Que todos los pueblos aclamen al Señor”. Este canto universal de alabanza nos recuerda que la misión de la Iglesia no tiene fronteras. Evangelizar no es imponer, sino proponer con alegría el amor de Dios. Cada acción buena, cada gesto de misericordia, cada palabra de consuelo o justicia, es una forma de hacer visible el Reino.

Hoy celebramos también a San Vilibrordo, conocido como el “Apóstol de Frisia”. Nacido en Inglaterra, fue discípulo de San Wilfrido y misionero en tierras del norte de Europa. Su vida fue un ejemplo de perseverancia y fidelidad a la misión, enfrentando climas hostiles, culturas distintas y desafíos inmensos, pero siempre confiando en el poder del Evangelio. Fundó iglesias, monasterios y centros de evangelización, llevando la luz de Cristo hasta regiones que aún no conocían la fe. Su testimonio nos enseña que la evangelización no se hace con comodidad, sino con entrega, oración y esperanza.

En un mundo que a veces parece indiferente o cansado de lo sagrado, el cristiano está llamado a ser creativo en su testimonio, como lo fue San Pablo, y decidido en su acción, como el administrador de la parábola, pero siempre con el corazón de un misionero como San Vilibrordo: humilde, alegre y perseverante.

La verdadera astucia cristiana consiste en poner la inteligencia, la palabra y la acción al servicio del Reino de Dios; que el ejemplo de San Pablo y San Vilibrordo nos inspire a vivir una fe activa, valiente y llena de esperanza en el poder del Evangelio, siendo cristianos creativos en el bien, que busquen siempre nuevas formas de amar, servir y anunciar a Cristo en nuestras familias, escuelas, trabajos y comunidades.

Oración final:
Señor Jesús, enséñanos a ser fieles administradores de tus dones. Danos la sabiduría para actuar con rectitud, la audacia para servirte con alegría y la esperanza para no rendirnos ante las dificultades. Que, como San Vilibrordo, llevemos tu luz a cada rincón de nuestra vida. Amén.

 

Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.


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