SERIE DE PENTECOSTÉS 2026
EL ESPÍRITU SANTO: EL GRAN DESCONOCIDO
ARTÍCULO NRO. 5
El Espíritu Santo y la Santísima Virgen María
14 de mayo de 2026
“El
Espíritu Santo vendrá sobre ti y el poder del Altísimo te cubrirá con su
sombra.”
(Lucas 1,35)
Si existe una criatura humana que vivió plenamente abierta a la acción del Espíritu Santo, esa fue la Santísima Virgen María. Toda su vida estuvo marcada por la docilidad, la fe y la confianza absoluta en Dios. María no puso obstáculos al Espíritu Santo; al contrario, permitió que Dios obrara libremente en ella para realizar el gran misterio de la salvación.
En un mundo donde muchas veces el corazón humano vive lleno de ruido, autosuficiencia y temor, María aparece como modelo luminoso de escucha y obediencia. Ella nos enseña que el Espíritu Santo actúa con fuerza en quienes saben abrirse humildemente a la voluntad de Dios.
La historia de la salvación cambia profundamente en el momento de la Anunciación. Una joven sencilla de Nazaret responde con fe al llamado de Dios y el Espíritu Santo realiza en ella el milagro más grande de la humanidad: la Encarnación del Hijo de Dios.
Hoy también el Espíritu Santo sigue buscando corazones disponibles. Sigue buscando hombres y mujeres capaces de decir: “Hágase en mí según tu palabra.”
El Evangelio de san Lucas nos presenta el momento decisivo: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti.” (Lucas 1,35)
El Espíritu Santo desciende sobre María y en su seno virginal comienza la vida terrena de Jesucristo. La Santísima Virgen María se convierte así en la mujer totalmente abierta a la acción divina.
María no comprende plenamente todo lo que Dios le pide, pero confía. Su “sí” cambia la historia.
“He aquí la esclava del Señor.” (Lucas 1,38)
La acción del Espíritu Santo continúa acompañándola durante toda su vida:
Los Hechos de los Apóstoles muestran a María reunida en oración con la Iglesia naciente esperando la venida del Espíritu Santo:
“Todos ellos perseveraban en la oración junto con María.” (Hechos 1,14)
Qué hermoso misterio. La mujer sobre quien descendió el Espíritu Santo en la Anunciación ahora acompaña maternalmente a la Iglesia que nace en Pentecostés.
María no ocupa el lugar del Espíritu Santo. Ella conduce hacia Él y nos enseña a vivir abiertos a su acción.
Escuchemos la sabiduría de la Iglesia
San Luis María Grignion de Montfort enseñaba:
“Cuando el Espíritu Santo encuentra a María en un alma, vuela hacia ella.”
Esta expresión refleja la profunda unión espiritual entre la Santísima Virgen María y el Espíritu Santo en la obra de la santificación.
El Concilio Vaticano II enseña en Lumen Gentium que María ocupa un lugar especial dentro del misterio de Cristo y de la Iglesia, acompañando maternalmente al Pueblo de Dios.
Asimismo, San Juan Pablo II recordaba que María es modelo perfecto de docilidad al Espíritu Santo y ejemplo de fe para todos los creyentes.
El Catecismo de la Iglesia Católica afirma:
“María es la obra maestra de la misión del Hijo y del Espíritu Santo.” (CIC 721)
El Espíritu Santo actúa hoy
La Santísima Virgen María continúa enseñándonos a escuchar a Dios en medio del ruido del mundo.
Vivimos tiempos donde muchas personas desean controlar todo:
María nos enseña otro camino:
Cuando
una madre reza por sus hijos con fe, el Espíritu Santo actúa.
Cuando un joven busca sinceramente la voluntad de Dios, el Espíritu Santo
actúa.
Cuando una familia vuelve a colocar a Cristo en el centro del hogar, el
Espíritu Santo actúa.
La Iglesia necesita hoy cristianos con corazón mariano:
María nos recuerda que el Espíritu Santo no actúa principalmente en el ruido o la soberbia, sino en el corazón humilde que sabe decir: “Señor, hágase tu voluntad.”
Para meditar
•
La Santísima Virgen María vivió plenamente abierta al Espíritu Santo.
• Dios realiza grandes obras en los corazones humildes.
• María continúa acompañando espiritualmente a la Iglesia y a nuestras
familias.
Compromiso espiritual del día
Hoy rezaré lentamente el Ave María pidiendo a la Santísima Virgen María que me enseñe a escuchar al Espíritu Santo.
Oración final
Ven,
Espíritu Santo.
Así como descendiste sobre la Santísima Virgen María en Nazaret y fortaleciste
a la Iglesia junto a ella en Pentecostés, ven también sobre nosotros.
Haz nuestro corazón humilde, dócil y disponible para la voluntad de Dios.
Que María nos acompañe siempre en el camino de la fe y nos enseñe a vivir
abiertos a tu gracia.
Amén.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario parroquial.
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