Serie:
“Concilio Vaticano II: Luz para la Iglesia de hoy”
Artículo N.º 28
Lumen Gentium
Síntesis y actualidad de la Constitución Dogmática sobre la Iglesia
“La Iglesia de Cristo: misterio de comunión, santidad y misión”
“Ustedes son linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido por Dios.” (1 Pedro 2,9)
Después de recorrer los ocho capítulos de Lumen Gentium, llegamos al final de uno de los documentos más importantes de todo el Concilio Vaticano II.
Esta Constitución Dogmática nos ha permitido redescubrir la identidad más profunda de la Iglesia.
En tiempos donde muchas personas reducen la Iglesia a una institución humana, una organización social o una estructura administrativa, el Concilio nos recuerda una verdad esencial:
La Iglesia es una realidad divina y humana, fundada por Jesucristo, vivificada por el Espíritu Santo y llamada a conducir a toda la humanidad hacia la salvación.
Comprender qué es la Iglesia significa comprender mejor quiénes somos nosotros como cristianos.
Promulgada por San Pablo VI el 21 de noviembre de 1964, Lumen Gentium fue el fruto de una profunda reflexión sobre la naturaleza de la Iglesia.
Durante siglos, la Iglesia había defendido su identidad frente a numerosas crisis:
El Concilio quiso presentar nuevamente la riqueza del misterio de la Iglesia con un lenguaje accesible, profundamente bíblico y fiel a toda la Tradición.
Cristo: la luz de las naciones
Todo el documento comienza con una afirmación decisiva:
Cristo es la luz de las naciones.
La Iglesia no posee una luz propia.
Toda su misión consiste en reflejar la luz de Cristo.
Por eso la Iglesia no existe para anunciarse a sí misma.
Existe para anunciar a Jesucristo.
Cuando la Iglesia permanece unida a Cristo ilumina al mundo.
Cuando se aleja de Él pierde su verdadera identidad.
La Iglesia es misterio
Lumen Gentium enseña que la Iglesia no puede comprenderse únicamente mediante categorías humanas.
La Iglesia es:
Su origen se encuentra en el plan eterno del Padre.
Su fundamento es Jesucristo.
Su alma es el Espíritu Santo.
El Pueblo de Dios
Todos los bautizados participan de una misma dignidad fundamental.
Antes de cualquier función o ministerio, todos somos hijos de Dios.
Por ello la Iglesia es una gran familia espiritual donde tienen cabida:
Todos participan de la misión evangelizadora confiada por Cristo.
La estructura jerárquica al servicio de la comunión
Cristo quiso que su Iglesia estuviera organizada.
Por ello instituyó a los Apóstoles y colocó a Pedro al frente del colegio apostólico.
Esta misión continúa hoy mediante:
La autoridad en la Iglesia no es dominio.
Es servicio.
Toda autoridad eclesial tiene como finalidad:
La misión de los laicos
Una de las grandes riquezas de Lumen Gentium fue destacar la vocación propia de los fieles laicos.
Los laicos están llamados a:
La santidad no pertenece exclusivamente a sacerdotes y religiosos.
Toda la Iglesia está llamada a ella.
La vocación universal a la santidad
Quizá una de las enseñanzas más importantes del documento sea esta:
Todos estamos llamados a ser santos.
La santidad no es una meta reservada para unos pocos privilegiados.
Es la vocación común de todo bautizado.
Cada estado de vida ofrece un camino concreto para responder a esta llamada.
La santidad consiste en amar a Dios sobre todas las cosas y amar al prójimo por amor a Dios.
La vida consagrada
Los religiosos y religiosas constituyen un signo visible del Reino de Dios.
Mediante:
recuerdan constantemente a toda la Iglesia que nuestra patria definitiva está en el cielo.
Su vida anuncia anticipadamente la gloria futura del Reino.
La Iglesia peregrina y celestial
La Iglesia no está formada únicamente por quienes viven actualmente en la tierra.
Existe una profunda comunión entre:
Los santos interceden por nosotros.
Nosotros oramos por los difuntos.
Todos permanecemos unidos en Cristo.
María, Madre de la Iglesia
El documento concluye contemplando a la Santísima Virgen María.
Ella es:
María ocupa un lugar singular porque fue la primera en creer, la primera en seguir a Cristo y la primera en vivir plenamente la voluntad de Dios.
Mirándola a ella aprendemos a ser auténticos discípulos del Señor.
Actualidad de Lumen Gentium
Sesenta años después de su promulgación, las enseñanzas de Lumen Gentium conservan plena actualidad.
En una sociedad marcada por:
la Constitución recuerda que la Iglesia sigue siendo:
Su misión permanece intacta.
Cristo continúa actuando en ella.
El Catecismo enseña:
“La Iglesia es en Cristo como un sacramento o signo e instrumento de la unión íntima con Dios y de la unidad de todo el género humano.” (CEC 775)
Asimismo, San Juan Pablo II afirmó que Lumen Gentium constituye una de las claves fundamentales para comprender la misión de la Iglesia en el mundo contemporáneo.
Por su parte, Benedicto XVI insistió en que este documento debe interpretarse siempre en continuidad con toda la Tradición de la Iglesia.
Al concluir el estudio de Lumen Gentium, cada cristiano puede preguntarse:
La renovación auténtica comienza siempre por la conversión personal.
Defensa de la fe
Error frecuente
“El Concilio Vaticano II cambió la naturaleza de la Iglesia.”
Respuesta católica
El Concilio no modificó la identidad de la Iglesia. Lumen Gentium profundizó y explicó con mayor claridad la doctrina católica permanente sobre la Iglesia fundada por Jesucristo. La renovación propuesta fue una renovación en continuidad con toda la Tradición apostólica.
Propósito para hoy
Leeré nuevamente el número 1 de Lumen Gentium y daré gracias a Dios por el don de pertenecer a la Iglesia fundada por Jesucristo.
Oración final
Señor Jesucristo, luz de las naciones, gracias por el don inmenso de tu Iglesia. Haz que la amemos, la sirvamos y permanezcamos siempre fieles a ella. Fortalece nuestra fe, aumenta nuestra esperanza y haz crecer nuestra caridad para que podamos ser miembros vivos de tu Cuerpo y testigos fieles de tu Evangelio. Que, guiados por la Santísima Virgen María, caminemos unidos hacia la plenitud de tu Reino. Amén.
Pbro. Alfredo Uzcátegui
Vicario parroquial
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