Serie:
“Concilio Vaticano II: Luz para la Iglesia de hoy”
Artículo N.º 22
Lumen Gentium – Capítulo III
La constitución jerárquica de la Iglesia y particularmente el Episcopado
“Cristo sigue pastoreando a su Iglesia por medio de los Apóstoles y sus sucesores”
“Como el Padre me envió, así también los envío yo.” (Juan 20,21)
Después de contemplar a la Iglesia como Pueblo de Dios, Lumen Gentium nos invita ahora a comprender cómo Cristo quiso organizar y guiar a ese Pueblo a lo largo de la historia.
La Iglesia no es una multitud sin dirección.
Tampoco es una democracia religiosa donde cada uno decide por sí mismo lo que debe creer.
Cristo quiso que su Iglesia estuviera edificada sobre el fundamento de los Apóstoles y que permaneciera guiada por sus sucesores hasta el final de los tiempos.
Por eso el Concilio dedica este importante capítulo a explicar la naturaleza de la jerarquía eclesiástica, especialmente el ministerio de los obispos en comunión con el Sucesor de Pedro.
Durante los siglos anteriores al Concilio Vaticano II, muchas reflexiones sobre la Iglesia habían insistido principalmente en la figura del Romano Pontífice.
Sin disminuir en absoluto la autoridad del Papa, los Padres Conciliares consideraron necesario profundizar también en la misión de los obispos como sucesores de los Apóstoles.
El objetivo era presentar una visión más completa de la estructura querida por Cristo para su Iglesia.
Por ello este capítulo desarrolla la doctrina católica sobre:
Cristo eligió a los Doce
El origen de la jerarquía eclesiástica se encuentra en la voluntad expresa de Jesucristo.
El Señor no se limitó a predicar a las multitudes.
También eligió a doce hombres para que estuvieran con Él y continuaran su misión.
Los Apóstoles recibieron una misión especial:
Entre ellos destacó especialmente Simón Pedro.
A él le dijo Cristo:
“Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia.” (Mt 16,18)
Los Apóstoles tienen sucesores
Los Apóstoles comprendieron que la misión recibida de Cristo debía continuar después de su muerte.
Por ello transmitieron su ministerio mediante la imposición de las manos.
Así nació la sucesión apostólica.
Los obispos son los legítimos sucesores de los Apóstoles.
Esta sucesión no es simplemente histórica.
Es sacramental.
Por ella se mantiene viva la misión que Cristo confió a los Doce.
Gracias a la sucesión apostólica, la Iglesia actual sigue siendo la misma Iglesia fundada por Jesucristo.
El ministerio de los obispos
Lumen Gentium enseña que los obispos reciben la plenitud del sacramento del Orden.
Su misión comprende tres dimensiones fundamentales:
Enseñar
Los obispos son maestros auténticos de la fe.
Tienen la responsabilidad de custodiar íntegramente el depósito revelado.
Santificar
Mediante los sacramentos ayudan al Pueblo de Dios a crecer en la gracia.
Especialmente mediante:
Gobernar
Ejercen el cuidado pastoral de las Iglesias particulares que les han sido confiadas.
Su autoridad debe vivirse siempre como servicio.
El Romano Pontífice
Dentro del Colegio Episcopal ocupa un lugar único el Obispo de Roma.
El Papa es:
El Concilio reafirma plenamente la doctrina definida por el Concilio Vaticano I sobre el primado del Romano Pontífice.
El Papa posee autoridad suprema, plena e inmediata sobre toda la Iglesia.
Esta autoridad no disminuye la misión de los obispos, sino que garantiza la unidad de toda la Iglesia.
La colegialidad episcopal
Una de las enseñanzas más importantes de este capítulo es la doctrina de la colegialidad episcopal.
Los obispos no actúan como autoridades aisladas.
Forman un verdadero colegio unido al Papa.
Así como los Doce Apóstoles actuaban unidos a Pedro, los obispos actúan unidos al Sucesor de Pedro.
Esta comunión fortalece la unidad de la Iglesia universal.
La autoridad como servicio
Jesús enseñó claramente:
“El que quiera ser el primero entre ustedes, que sea el servidor de todos.”
(Mc 10,44)
Por ello la autoridad en la Iglesia nunca puede entenderse como poder mundano.
La verdadera autoridad eclesial es servicio.
El obispo es:
Su misión consiste en conducir al Pueblo de Dios hacia Cristo.
Los sacerdotes y diáconos
Aunque el capítulo se centra principalmente en el Episcopado, también recuerda la misión de los sacerdotes y diáconos.
Los sacerdotes colaboran con el obispo en:
Los diáconos ejercen un ministerio de servicio en:
Todos participan de la misión apostólica de la Iglesia.
La sucesión apostólica: garantía de fidelidad
La Iglesia no transmite simplemente ideas.
Transmite una misión recibida de Cristo.
Por ello la sucesión apostólica constituye una garantía de continuidad doctrinal y sacramental.
Gracias a ella podemos afirmar que la Iglesia Católica actual permanece unida a la Iglesia de los Apóstoles.
La misma fe.
Los mismos sacramentos.
La misma misión.
El mismo Señor.
El Catecismo enseña:
“Los obispos han sucedido, por institución divina, a los Apóstoles como pastores de la Iglesia.” (CEC 862)
Asimismo, San Juan Pablo II recordó que el ministerio episcopal es un servicio de amor destinado a fortalecer la comunión de toda la Iglesia.
Por su parte, Benedicto XVI enseñó que la sucesión apostólica garantiza la presencia continua de Cristo en la historia de la Iglesia.
Este capítulo nos invita a reflexionar:
La unidad con nuestros pastores forma parte de nuestra fidelidad a Cristo.
Defensa de la fe
Error frecuente
“La Iglesia Católica fue modificando su estructura con el paso del tiempo y ya no tiene relación con los Apóstoles.”
Respuesta católica
La Iglesia conserva ininterrumpidamente la sucesión apostólica desde los tiempos de Cristo. Los obispos son sucesores de los Apóstoles mediante el sacramento del Orden. Esta continuidad histórica y sacramental constituye una de las características fundamentales de la Iglesia Católica.
Propósito para hoy
Ofreceré una oración especial por el Papa, por mi obispo diocesano y por todos los sacerdotes, para que sean siempre fieles servidores del Evangelio.
Oración final
Señor Jesucristo, Pastor eterno de tu Iglesia, te damos gracias por el ministerio de los Apóstoles y de sus sucesores. Bendice al Papa, a los obispos, sacerdotes y diáconos. Haz que ejerzan su misión con fidelidad, humildad y caridad. Fortalece la unidad de tu Iglesia y concédenos permanecer siempre en comunión con quienes has puesto como pastores de tu Pueblo. Tú que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial
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