Serie:
“Concilio Vaticano II: Luz para la Iglesia de hoy”
Artículo N.º 14
Sacrosanctum Concilium – Capítulo IV
El Oficio Divino
“La oración de Cristo que continúa en su Iglesia”
“Siete veces al día te alabo por tus justos juicios.”
(Salmo 119,164)
La Iglesia no solamente celebra la Eucaristía.
La Iglesia también ora.
Desde los tiempos apostólicos, los discípulos de Cristo han santificado el día elevando continuamente alabanzas, acciones de gracias y súplicas al Padre.
Esta oración constante encuentra su expresión más perfecta en el Oficio Divino, también llamado Liturgia de las Horas.
Muchos católicos conocen la Santa Misa, pero pocos conocen la riqueza espiritual de esta gran oración de la Iglesia.
Por ello, el Concilio Vaticano II dedicó un capítulo completo a recordar la importancia del Oficio Divino para la vida de la Iglesia y para la santificación del tiempo.
Desde los primeros siglos del cristianismo, los fieles heredaron de la tradición judía la costumbre de rezar en determinados momentos del día.
Los monasterios conservaron especialmente esta práctica, organizando la jornada alrededor de la oración de los salmos.
Con el paso de los siglos, el Oficio Divino fue desarrollándose como una de las grandes riquezas espirituales de la Iglesia.
Sin embargo, muchos fieles llegaron a considerarlo una oración reservada únicamente para sacerdotes y religiosos.
El Concilio quiso recuperar su auténtica naturaleza como oración de toda la Iglesia.
¿Qué es el Oficio Divino?
El Oficio Divino o Liturgia de las Horas es la oración pública y oficial de la Iglesia mediante la cual se santifican las distintas horas del día.
No es una devoción privada.
No es una oración personal cualquiera.
Es la oración de la Iglesia universal.
Por medio de ella:
Sacrosanctum Concilium enseña que esta oración prolonga durante toda la jornada la alabanza que alcanza su culmen en la Eucaristía.
Cristo sigue orando en su Iglesia
Una de las enseñanzas más profundas de este capítulo es que Cristo mismo continúa orando en su Iglesia.
El Señor que rezaba los salmos en Nazaret, en el Templo y durante su vida pública sigue elevando al Padre su oración mediante los miembros de su Cuerpo Místico.
Cuando la Iglesia reza la Liturgia de las Horas:
Por ello, cada salmo, himno y lectura adquieren una dimensión profundamente cristológica.
La santificación del tiempo
El tiempo es uno de los grandes dones de Dios.
Sin embargo, con frecuencia vivimos atrapados por las prisas, las preocupaciones y las obligaciones diarias.
La Liturgia de las Horas nos ayuda a recordar que cada momento pertenece al Señor.
La Iglesia distribuye la oración a lo largo del día para consagrar el tiempo a Dios.
De esta manera:
Toda la jornada queda orientada hacia Dios.
Los salmos: escuela de oración
El corazón del Oficio Divino está formado por los salmos.
Los salmos expresan toda la experiencia humana:
Por ello han sido llamados durante siglos:
“La escuela de oración del Pueblo de Dios.”
Jesús mismo rezó los salmos.
Los Apóstoles los rezaron.
Los santos los rezaron.
La Iglesia continúa rezándolos diariamente.
Las principales horas litúrgicas
Después de la renovación promovida por el Concilio, las principales horas de la Liturgia de las Horas son:
Oficio de Lecturas
Profundiza en la Palabra de Dios y en la riqueza espiritual de la Tradición.
Laudes
Consagra las primeras horas de la mañana al Señor.
Hora Intermedia
Santifica el trabajo y las actividades diarias.
Vísperas
Constituyen la gran oración de la tarde.
Completas
Preparan el corazón para el descanso nocturno.
Cada una de estas horas ayuda a transformar la jornada en una continua ofrenda a Dios.
Una oración para toda la Iglesia
El Concilio insiste en que la Liturgia de las Horas no pertenece exclusivamente al clero.
Los sacerdotes tienen la obligación particular de rezarla.
Los religiosos la celebran comunitariamente.
Pero también los fieles laicos están invitados a participar.
Las parroquias, familias y movimientos eclesiales pueden encontrar en esta oración una fuente extraordinaria de crecimiento espiritual.
La Liturgia de las Horas y la vida parroquial
Sacrosanctum Concilium anima a que las comunidades cristianas celebren especialmente:
Esto fortalece:
Voz del Magisterio
El Catecismo de la Iglesia Católica enseña:
“La Liturgia de las Horas está destinada a convertirse en la oración de todo el Pueblo de Dios.”
(CEC 1175)
Asimismo, San Pablo VI afirmaba que la Liturgia de las Horas prolonga la alabanza eucarística y santifica el ritmo cotidiano de la vida cristiana.
Por su parte, Benedicto XVI recordaba que los salmos enseñan al creyente a hablar con Dios utilizando las mismas palabras inspiradas por el Espíritu Santo.
Este capítulo nos invita a redescubrir la importancia de la oración constante.
Podemos preguntarnos:
La santidad no se construye únicamente con grandes decisiones.
También se edifica mediante la fidelidad cotidiana a la oración.
Defensa de la fe
Error frecuente
“La Liturgia de las Horas es una oración reservada únicamente para sacerdotes y religiosos.”
Respuesta católica
Aunque los ministros ordenados tienen una obligación particular respecto al Oficio Divino, la Liturgia de las Horas pertenece a toda la Iglesia. El Concilio Vaticano II anima expresamente a los fieles laicos a participar en esta gran oración litúrgica según sus posibilidades.
Propósito para hoy
Rezaré al menos un salmo de manera pausada y meditada, uniéndome espiritualmente a la oración universal de la Iglesia.
Oración final
Señor Jesucristo, eterno sacerdote y perfecto adorador del Padre, enséñanos a orar con fidelidad y perseverancia. Haz que nuestra jornada esté marcada por la alabanza, la acción de gracias y la confianza en tu providencia. Que unidos a la oración de toda la Iglesia santifiquemos nuestro tiempo y caminemos cada día más cerca de Ti hasta alcanzar la alabanza eterna del cielo. Amén.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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