11
JUL
2024

Amor Inagotable y Misión Evangelizadora: Vivir la Misericordia y la Gracia de Dios

Amor Inagotable y Misión Evangelizadora: Vivir la Misericordia y la Gracia de Dios


Hubo un varón de vida venerable, Benito,por gracia y por nombre, "bendecido", que renunció a su casa y a su herencia, para solamente agradar a Dios, llevando una vida santa.


La Memoria de San Benito, Abad: Jueves de la Semana 14 del Tiempo Ordinario


En el mes de la devoción a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, se nos invita a vivir cada Eucaristía y recibir la Comunión frecuentemente, acompañándonos con la gracia del sacramento de la confesión. Hoy, en la memoria de San Benito, Abad, reflexionamos sobre las enseñanzas centrales del libro del profeta Oseas y del Santo Evangelio según san Mateo, iluminadas por el Magisterio y la doctrina de la Iglesia Católica.


Lectura del libro del profeta Oseas 11, 1-4. 8-9:


"Cuando Israel era niño, yo lo amé, y de Egipto llamé a mi hijo. Cuanto más los llamaba, más se alejaban de mí; sacrificaban a los Baales y ofrecían incienso a los ídolos. Yo enseñé a caminar a Efraín, tomándolo por los brazos; pero ellos no comprendieron que yo los cuidaba. Con lazos humanos, con vínculos de amor los atraje; fui para ellos como quien alza a un niño contra su mejilla; me incliné hacia él y le di de comer. ¿Cómo podría abandonarte, Efraín? ¿Cómo entregarte, Israel? Mi corazón se conmueve dentro de mí, se enciende toda mi ternura. No actuaré en el ardor de mi cólera, ni volveré a destruir a Efraín; porque yo soy Dios y no un hombre, el Santo en medio de ti, y no me dejaré llevar por la ira."


Santo Evangelio según san Mateo 10, 7-15:


"En aquel tiempo, Jesús dijo a sus apóstoles: «Vayan y proclamen que el Reino de los cielos está cerca. Curen a los enfermos, resuciten a los muertos, limpien a los leprosos, expulsen a los demonios. Gratis han recibido este poder, ejérzanlo, pues, gratuitamente. No lleven con ustedes oro ni plata ni monedas. No lleven morral para el camino ni dos túnicas, ni sandalias ni bastón, porque el trabajador tiene derecho a su sustento. Cuando entren en una ciudad o en un pueblo, pregunten por alguien respetable y hospédense en su casa hasta que se vayan. Al entrar en una casa, salúdenla con la paz. Si la casa se lo merece, la paz de ustedes reinará en ella; si no se lo merece, el saludo quedará en ustedes. Y si no los reciben ni escuchan sus palabras, al salir de aquella casa o de aquella ciudad, sacudan el polvo de sus pies. Yo les aseguro que el día del juicio Sodoma y Gomorra serán tratadas con menos rigor que esa ciudad»."


En la lectura del profeta Oseas, vemos un reflejo del amor incondicional y misericordioso de Dios por su pueblo. A pesar de su infidelidad, Dios muestra su ternura y compasión, recordándonos que su amor trasciende el pecado y la rebeldía humana. Esta relación paternal se destaca en la forma en que Dios cuida, enseña y alimenta a Israel, mostrándonos la profundidad de su paciencia y amor inagotable.


En el Evangelio de Mateo, Jesús envía a sus discípulos a proclamar la llegada del Reino de los Cielos, instruyéndoles a llevar un mensaje de curación, resurrección y liberación. Este mandato refleja la misión de la Iglesia de continuar la obra redentora de Cristo, ofreciendo gratuitamente lo que hemos recibido por gracia. Jesús nos enseña la importancia de la confianza en la providencia divina y la simplicidad en la misión evangelizadora.


A la Luz del Magisterio de la Iglesia:


El Magisterio de la Iglesia nos recuerda constantemente el amor incondicional de Dios, tal como lo expresa en Oseas. El Catecismo de la Iglesia Católica (CEC) nos enseña que Dios es amor (CEC 214) y su amor es fiel (CEC 220). Además, la misión evangelizadora que Jesús confía a sus discípulos es una llamada que la Iglesia recibe y perpetúa, buscando siempre llevar la Buena Nueva a todos los rincones del mundo (CEC 849-850).


"El amor de Dios es más fuerte que cualquier pecado o infidelidad. Su misericordia nos alcanza y nos transforma, llamándonos siempre a regresar a Él."


Dejémonos conmover por la infinita ternura de Dios que nos cuida, nos guía y nos alimenta con su amor, y respondamos con gratitud y entrega a su llamada.


En este mes de la devoción a la Preciosísima Sangre de Nuestro Señor Jesucristo, comprometámonos a vivir cada Eucaristía con profunda reverencia y frecuencia, recibiendo la Comunión con un corazón purificado por la confesión. Sigamos el ejemplo de San Benito, cultivando una vida de oración, trabajo y servicio a los demás. Proclamemos con valentía el Reino de los Cielos en nuestro entorno, ofreciendo nuestro tiempo y recursos para sanar, consolar y liberar a los necesitados.


Que la Preciosísima Sangre de Cristo nos inspire y fortalezca en nuestro camino de fe, acercándonos más a Dios y a nuestros hermanos en amor y servicio.


El Reino de Dios está cerca, dice el Señor; arrepiéntanse y crean en el Evangelio. Mc 1, 15


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