Adviento: el tiempo santo que despierta nuestro corazón
El calendario litúrgico vuelve a regalarnos uno de sus tiempos más necesarios: el Adviento, esas cuatro semanas en las que la Iglesia nos invita a despertar, a volver al Señor con un corazón sincero, a prepararnos con profundidad para la Navidad y para la segunda Venida de Cristo. Es un tiempo sobrio, de mirada hacia adentro, que nos devuelve al centro de la fe: Dios viene a nosotros, vino en Belén y vendrá gloriosamente al final de los tiempos.
Adviento es una escuela del alma. El morado nos llama a la interioridad. La voz de los profetas rompe nuestras rutinas e ilumina nuestras sombras. La corona, con su luz progresiva, nos enseña que la esperanza crece con constancia, no con prisa. Todo en este tiempo invita a abrir espacios para que Cristo pueda ser recibido con verdad.
Como comunidad parroquial viviremos cada domingo un paso de este camino. Publicaremos un artículo semanal que unirá el Evangelio del día con el encendido de la vela correspondiente: esperanza, fe, alegría y amor. La llama no es decoración: es un llamado a cultivar esas virtudes en la vida cotidiana.
Y Adviento también es tiempo de signos familiares y comunitarios que fortalecen nuestra fe. Por eso invitamos a todos a acercarse al templo con su corona de Adviento para recibir la bendición. Este gesto sencillo consagra nuestro hogar al Señor y convierte la corona en un pequeño altar doméstico donde la Palabra, la oración y la luz de Cristo acompañan nuestras noches y nuestros días.
La tradición cristiana nos regala, además, dos signos entrañables: el Belén y el árbol de Navidad.
El Belén, desde San Francisco de Asís, es una catequesis viva. Allí contemplamos la humildad del Dios que se hace Niño, la obediencia silenciosa de José, la fidelidad de la Santísima Virgen María, la alegría de los pastores, la luz que guía a los que buscan. Montar el pesebre es una obra espiritual: mientras colocamos cada figura, el corazón también encuentra su lugar en la escena donde Dios se hizo cercano.
El árbol de Navidad nos recuerda la vida que permanece incluso en tiempos fríos. Sus luces anuncian que la oscuridad no vence. Encender el árbol en familia puede ser una forma sencilla de rezar: cada luz, una acción de gracias; cada adorno, un recuerdo de la bondad de Dios. El árbol acompaña al Belén y juntos forman un hogar dispuesto a recibir al Salvador.
Este
año, además, nuestra parroquia quiere preparar la Navidad con un gesto
profundamente hermoso:
El 24 de diciembre invitamos a todas las familias a traer al templo su
imagen del Niño Jesús para la bendición y la procesión, acompañados con una
vela encendida. Caminar con la luz en la mano es confesar públicamente
que Cristo es nuestra esperanza. Y presentar al Niño Jesús para ser bendecido
es renovar nuestra fe en la Encarnación, pidiendo que Él nazca de nuevo en
nuestras vidas, en nuestros hogares y en nuestra historia.
Adviento también reclama decisiones concretas: retomar la oración diaria, participar en la Eucaristía con más fervor, acercarse con humildad al sacramento de la Reconciliación, practicar la caridad con quienes sufren. La conversión no se improvisa: se teje con gestos sencillos y constantes, igual que la corona se ilumina vela tras vela y el pesebre se construye figura por figura.
La Navidad no es un recuerdo romántico; es el misterio de un Dios que irrumpe en nuestra vida para salvarnos. Por eso el Adviento también nos orienta hacia adelante: esperamos al Señor que vendrá con gloria para renovar todas las cosas. Vivir el Adviento es aprender a caminar con la lámpara encendida.
Que este tiempo sea para nuestra parroquia una profunda renovación espiritual. Que cada vela encendida, cada corona bendecida, cada figura colocada en el Belén, cada luz del árbol y la procesión del 24 de diciembre con el Niño Jesús nos recuerden esta certeza: Cristo viene, viene siempre, y quiere nacer en nuestra vida.
La luz comienza a crecer. El Señor está muy cerca.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial.
La corona de adviento es un viento favorable para el espíritu llena la esperanza el convivir con otros ver la necesidad de él ser humano verdaderamente está en situación imperante de ser rescatado de una situación económica pero vacíos de la presencia en su corazón de Dios, también nosotros actuamos debemos fortalecer cada día la fe y seguir cada paso positivamente porque la venida del hijo de Dios se acerca no sabemos día hora ni año de que será sorpresa será. Esta y otras Navidades cooperar con lo mucho o poco en actividades de nuestras parroquias para dar felicidad a un infante y crezca la fe de un niño llamado Jesús.
Página web desarrollada con el sistema de Ecclesiared