Lunes
1 de diciembre de 2025
Semana I de Adviento
Adviento: Dios nos prepara una casa de paz
La liturgia de este lunes, recién estrenado el Adviento, nos ofrece una palabra que es bálsamo y, al mismo tiempo, llamada a caminar. El Adviento siempre es este doble movimiento: Dios viene, Dios se acerca, Dios hace su parte… y nosotros abrimos la puerta, nos levantamos y respondemos. La esperanza cristiana nunca es pasiva; nace de la certeza de que el Señor actúa y nos invita a colaborar con Él.
Hoy la Palabra nos ofrece tres imágenes luminosas: un brote que renace, una casa llena de protección y una fe humilde que conmueve el corazón de Jesús. Son imágenes para sostenernos, especialmente cuando lo cotidiano se vuelve áspero o cuando la historia del mundo parece ir en dirección contraria a la paz que anhelamos.
1. Isaías 4, 2-6: Un renuevo que vuelve a brotar
El profeta Isaías describe una tierra herida, una historia marcada por la infidelidad, y sin embargo anuncia que surgirá un “Renuevo del Señor”, un brote nuevo que traerá honor, salvación y vida. Este renuevo, para nosotros, tiene un nombre: Jesucristo. La Iglesia lo ha visto siempre así. La esperanza de Israel se cumple en Él.
Isaías presenta también una imagen bellísima: Dios mismo será sombra, refugio, cobijo, tienda y protección para su pueblo. No habla de un castillo, ni de un ejército, ni de un sistema perfecto. Habla de una presencia que acompaña y sostiene. En estos días de Adviento, esa presencia nos recuerda que la vida no es territorio abandonado; Dios se instala en medio de lo frágil.
Muchos padres de la Iglesia, como San Jerónimo y Orígenes, entendieron este texto como un anuncio del modo en que Dios reconstruye el corazón del creyente. No empieza por fuera, sino por dentro. Primero sana el alma, luego ilumina el camino. Primero ofrece refugio, luego nos enseña a caminar. Y todo comienza en esa pequeña promesa: un brote.
2. Salmo 121: “Vayamos con alegría al encuentro del Señor”
Este salmo es un canto de peregrinos. Hombres y mujeres que suben a Jerusalén cantando porque saben que van hacia la casa donde Dios habita. El Adviento nos invita a recuperar este espíritu de peregrinos, gente que camina no por costumbre, sino por deseo.
La
alegría del salmo no es ingenua; nace de una convicción:
Si vamos hacia el Señor, vamos hacia la paz.
Por eso, en tiempos donde abunda la queja y la desconfianza, la Iglesia propone otro camino: caminar con alegría, acudir juntos, sostenernos mutuamente, y creer que nuestra historia —personal y nacional— tiene una meta más alta que cualquier conflicto humano.
3. Mateo 8, 5-11: La fe que sorprende a Jesús
El
Evangelio nos regala la figura maravillosa del centurión, un hombre
extranjero, sin pertenencia religiosa visible, pero con un corazón capaz de
reconocer a Jesús con una claridad sorprendente. Le dice:
“Señor, no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará
para sanarme.”
Jesús
se conmueve tanto que declara:
“En nadie en Israel he encontrado una fe tan grande.”
El centurión no pide pruebas, no exige privilegios, no se escuda en su posición. Solo confía. Esa confianza es el camino del Adviento: dejar que Dios actúe sin ponerle obstáculos, creer que basta una palabra suya para abrir senderos nuevos donde antes solo había cansancio.
Los Padres de la Iglesia veían en el centurión el modelo del creyente maduro: humilde, práctico, valiente para confiar. Y su frase, que repetimos en cada misa, es puerta de sanación para cualquier corazón.
4. San Eloy: el artesano que dejó a Cristo entrar en su taller
Hoy celebramos a San Eloy, obispo, artesano, hombre admirable por su honestidad y su capacidad para unir trabajo y fe. Su vida recuerda que no hay oficio pequeño cuando se vive delante de Dios. San Eloy encontró a Cristo en el trabajo de sus manos y en el servicio al pobre.
Adviento también es esto: permitir que Cristo entre en nuestros talleres, oficinas, hogares y rutinas. Hacer espacio para Él en lo real, no solo en lo espiritual.
5. La intención del Santo Padre para diciembre
“Por los cristianos que viven en contextos de conflicto.”
Esta intención ilumina el texto de Isaías: Dios se promete a sí mismo como refugio. Y el mundo necesita refugio. Las comunidades cristianas golpeadas por la violencia, la persecución o la polarización necesitan nuestra oración constante, nuestra solidaridad, nuestra voz.
Adviento nos llama a estar cerca de ellos. No son una noticia lejana; son hermanos. Y su dolor, en el corazón de Cristo, nunca es inútil.
Adviento nos anima a pensar que Dios nunca abandona las historias heridas; sentir que la esperanza no nace del optimismo, sino de la presencia fiel del Señor que viene; y actuar haciendo espacio para Cristo con gestos concretos de fe, humildad y misericordia, especialmente hacia quienes cargan sufrimientos provocados por la violencia y los conflictos del mundo.
Caminemos hacia la luz
El Adviento siempre inaugura un camino nuevo. Isaías nos promete un renuevo. El salmo nos invita a caminar con alegría. El Evangelio nos enseña una fe humilde que abre puertas. Y San Eloy nos recuerda que la vida cotidiana puede ser un lugar donde Cristo nazca.
Este
lunes iniciamos la semana con esperanza cierta:
Dios está cerca, y su palabra puede sanarlo todo.
En todo lo que hagamos hoy, dejemos que esa esperanza se convierta en luz para quienes caminan a nuestro lado.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario Parroquial.
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