Acción de gracias por el año vivido y gratitud anticipada por las bendiciones que llegan
Al cerrar el año 2025, la Iglesia nos invita a detener el paso, a hacer silencio interior y a mirar la historia con ojos de fe. No se trata solo de un cambio de calendario, sino de un acto profundamente espiritual: reconocer que Dios ha estado presente en cada día, en lo visible y en lo oculto, en las alegrías y también en las pruebas que nos hicieron crecer.
El año que termina no fue perfecto, porque ninguna vida lo es. Hubo momentos de gozo y también de cansancio, decisiones acertadas y otras que nos enseñaron humildad. Sin embargo, visto desde la fe, todo fue ocasión de gracia. Dios no abandona su obra. Él acompaña, sostiene, corrige y vuelve a levantar. Por eso hoy decimos gracias: por la vida recibida, por la familia, por la comunidad, por el trabajo cotidiano, por la fe que no se apagó y por las personas que fueron consuelo y presencia de Dios en el camino.
Dar gracias no significa ignorar el dolor, sino reconocer que incluso allí Dios estuvo obrando. Muchas bendiciones no llegaron como esperábamos, pero llegaron como las necesitábamos. En el balance sereno del año, descubrimos que no caminamos solos y que la Providencia fue más fiel de lo que a veces percibimos en el momento.
Con esta memoria agradecida, abrimos el corazón al año 2026. La gratitud cristiana no se queda anclada en el pasado; se proyecta con esperanza hacia el futuro. Damos gracias anticipadamente por lo que vendrá, no porque sepamos cómo será, sino porque confiamos en Quién nos acompañará. El futuro no es una amenaza para quien se sabe en manos de Dios, sino un espacio donde Él seguirá escribiendo historia de salvación.
Entramos en el nuevo año con una actitud sencilla y firme: vivir con más fe, más sobriedad, más caridad concreta. Que el 2026 nos encuentre más atentos a lo esencial, más disponibles para servir, más responsables en el cuidado de la vida, de la familia y de la casa común. Que no nos falte el coraje para hacer el bien y la humildad para aprender cada día.
Bendición bíblica para iniciar el año 2026
A la luz de la Palabra de Dios, confiamos el tiempo que comienza a la bendición del Señor, sabiendo que su favor precede nuestros pasos y sostiene nuestro caminar:
«El
Señor te bendiga y te guarde;
el Señor haga brillar su rostro sobre ti y te conceda su favor;
el Señor vuelva hacia ti su rostro y te conceda la paz»
(Números 6, 24-26).
Que el Señor bendiga cada hogar, fortalezca a las familias, conceda salud a los enfermos, consuelo a los afligidos y sabiduría a quienes tienen responsabilidades de servicio y gobierno. Que su luz ilumine nuestras decisiones, su paz habite nuestros corazones y su Espíritu nos enseñe a vivir cada día con fidelidad y esperanza.
Hoy, como comunidad creyente, elevamos una sola oración: gracias, Señor, por el año que termina; gracias también por el año que comienza. Recibimos el tiempo como don, el presente como gracia y el futuro como promesa. Confiamos en Ti, caminamos contigo y, bajo tu bendición, entramos con serenidad y esperanza en el 2026.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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