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ENE
2026

9 de enero: Permanecer después del asombro



Permanecer después del asombro

9 de enero de 2026

Después de los días intensos de la Navidad, cuando la liturgia se aquieta y la vida retoma su ritmo ordinario, surge una pregunta silenciosa: ¿qué queda cuando pasa el asombro? La fe cristiana no se sostiene solo en momentos luminosos o celebraciones profundas; se prueba, sobre todo, en la capacidad de permanecer.

Los pastores regresaron a su trabajo. Los Magos volvieron por otro camino. La Sagrada Familia continuó su vida sencilla en Nazaret. Nadie se quedó viviendo del recuerdo; todos siguieron adelante, llevando en el corazón lo que habían visto y oído. Así también nosotros. El verdadero fruto de la Navidad no es la emoción que sentimos, sino la fidelidad que cultivamos cuando ya no hay signos extraordinarios.

Permanecer significa seguir rezando cuando el entusiasmo baja, seguir haciendo el bien cuando nadie lo aplaude, seguir confiando cuando la vida no ofrece respuestas inmediatas. Es aceptar que Dios no solo se manifiesta en lo extraordinario, sino que habita con especial predilección en lo constante, en lo pequeño, en lo aparentemente irrelevante.

Este tiempo posterior a la Navidad es una escuela de madurez espiritual. Nos enseña que la fe no es una sucesión de momentos intensos, sino una relación viva que se cuida día a día. Quien permanece, aunque no sienta, cree. Quien permanece, aunque se canse, ama. Quien permanece, aunque no entienda, confía.

La gracia de Dios no se retira cuando pasa la fiesta; se vuelve más discreta, más silenciosa, más profunda. Y ahí, precisamente ahí, se construye una fe sólida, capaz de sostener la vida entera.

Que este día sea una invitación serena a no buscar siempre lo extraordinario, sino a custodiar lo esencial: la presencia fiel de Dios que permanece con nosotros todos los días, incluso cuando el asombro se transforma en rutina y la luz se vuelve suave, pero constante.


Pbro. Alfredo José Uzcátegui. Martínez.

Vicario parroquial.

 


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