8 de enero de 2026: La fe que se hace obediencia
Después del camino, de la estrella y del encuentro, la fe entra en una etapa menos visible, pero decisiva: la obediencia cotidiana. No la obediencia ciega o temerosa, sino la obediencia confiada que nace de haber reconocido a Dios en la propia historia.
El Evangelio de estos días nos muestra a personas que escuchan la voz de Dios y actúan en consecuencia: José que se levanta de noche, María que guarda en su corazón, los Magos que regresan por otro camino. Todos tienen algo en común: no discuten interminablemente con Dios; confían y obedecen.
La fe madura no se queda en la emoción del encuentro. Se traduce en decisiones concretas, a veces silenciosas, a veces exigentes. Obedecer a Dios no significa perder libertad, sino orientarla hacia la verdad. Es descubrir que el Señor no quita nada bueno, sino que conduce a la vida plena.
Este 8 de enero nos invita a revisar una dimensión poco valorada hoy: la obediencia como camino de crecimiento interior. Vivimos en una cultura que confunde libertad con autonomía absoluta. El Evangelio propone algo más profundo: la libertad que nace de escuchar a Dios y caminar según su voluntad.
En la vida familiar, la obediencia de la fe se expresa en gestos sencillos pero firmes: educar con coherencia, sostener compromisos, elegir el bien incluso cuando cuesta, respetar la verdad aunque no sea cómoda. Así se construye un hogar donde Dios puede actuar con libertad.
La obediencia cristiana no es pasividad. Es escucha activa. Es ponerse en pie cuando Dios llama. Es aceptar que no siempre veremos el resultado inmediato, pero confiamos en quien guía el camino. José no sabía todo lo que vendría, pero sabía a quién obedecía.
Este
día es una invitación clara:
escuchar más y resistirse menos.
Confiar más y controlar menos.
Creer que Dios sigue hablando, también hoy, en la oración, en la Palabra, en la
conciencia.
Que
este 8 de enero nos conceda la gracia de una fe obediente, humilde y libre.
Una fe que no se encierra en ideas, sino que se traduce en vida.
Porque cuando la fe se hace obediencia,
el camino se vuelve seguro,
aunque no siempre sea fácil.
Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.
Vicario Parroquial.
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