07
DIC
2025

7. La Santísima Virgen María, maestra de la espera



7. La Santísima Virgen María, maestra de la espera

En el camino del Adviento, ninguna figura ilumina mejor el arte de esperar que la Santísima Virgen María. Ella no tuvo claridad absoluta sobre todo lo que iba a suceder; no recibió un mapa detallado de su misión ni una explicación exhaustiva de los planes de Dios. Sin embargo, poseía algo infinitamente más grande que cualquier certidumbre humana: una confianza absoluta en el Señor.

María nos enseña que la verdadera espera no nace de tener todo bajo control, sino de abandonarse en manos de Dios. Ella no comprendía plenamente el misterio que llevaba en su vientre, pero confiaba plenamente en aquel que se lo había prometido. La suya fue una espera sin angustia, sin desesperación, sin ansiedad por saberlo todo. Fue una espera amorosa, recogida, obediente… y profundamente fecunda.

Con María se aprende a creer sin ver, a caminar sin entenderlo todo, a aceptar que la vida espiritual se despliega paso a paso. Ella avanzó así: desde el silencio de Nazaret hasta la alegría de Belén; desde la incertidumbre humana hasta la plenitud divina. Su silencio no fue vacío: fue espacio para escuchar, para discernir, para guardar en el corazón la Palabra que transformaría la historia.

Quien se toma de su mano descubre algo esencial: la fe madura en el silencio y florece en la obediencia. No una obediencia servil, sino la obediencia amorosa de quien confía en que Dios sabe lo que hace. María nos invita a dejar de pelear con las preguntas que aún no tienen respuesta, a abandonar los miedos que nos aprisionan y a abrir el alma para que Dios actúe a su tiempo.

El Adviento, vivido con María, se vuelve un tiempo suave, un tiempo de paz interior. Ella acompaña cada espera, cada incertidumbre, cada oración pronunciada desde el cansancio o la esperanza. Y en su compañía, uno descubre que Dios nunca llega tarde, nunca improvisa, nunca olvida. Solo pide una cosa: que confiemos.

María esperó con amor. Esperó con fe. Esperó con esperanza. Y es así como nos enseña a esperar también a nosotros. Porque donde ella está, la oscuridad disminuye, el miedo retrocede y la luz del Niño que viene empieza a brillar con más fuerza en el corazón.


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario Parroquial.

 


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