05
DIC
2025

5. Quinto día: Encender la llama interior



5. Quinto día: Encender la llama interior

Una vela encendida siempre contagia luz. No necesita palabras, no hace esfuerzos: simplemente arde, y al arder ilumina. Así es también el corazón cuando se deja tocar por Dios. Hay personas cuya sola presencia trae paz, cuya mirada transmite esperanza, cuya voz calma. No porque no tengan problemas, sino porque han aprendido a mantener encendida la llama interior.

Adviento es ese tiempo para pedirle al Señor que nuestra luz no se apague por las prisas, los cansancios o las preocupaciones que tantas veces apagan el alma sin que lo notemos. La fe, como la llama, necesita cuidado: un espacio protegido, un soplo de oración, un tiempo de silencio, un gesto de amor concreto que renueve su fuerza.

En los hogares donde cada uno procura encender la llama del bien, algo hermoso sucede: la casa se vuelve más cálida. No hace falta un gran milagro; basta una palabra dicha con cariño, un perdón ofrecido sin condiciones, un servicio hecho sin esperar nada a cambio. Cada gesto así aviva la luz, la mantiene dinámica, viva, fecunda.

Una familia que alimenta la llama del amor se convierte, sin proponérselo, en un faro silencioso en medio del mundo. No impone, no grita, no presume. Simplemente ilumina. Y esa luz discreta, que surge de un corazón encendido por Dios, es capaz de orientar caminos, sostener vidas y despertar nuevas esperanzas.

En este día de Adviento, la invitación es sencilla y profunda:
“Señor, enciende en mí tu luz. Que mi vida arda en amor, en fe y en esperanza. Que nunca se apague la llama que pusiste en mi corazón.”

Cuando la luz interior permanece viva, la Navidad deja de ser un recuerdo para convertirse en presencia: Jesús nace en un alma que arde, y su luz se extiende, suave y poderosa, a todos los que la rodean.


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario Parroquial.

 


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