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ENE
2026

3 de enero de 2026: El Nombre de Jesús, esperanza pronunciada



3 de enero de 2026: El Nombre de Jesús, esperanza pronunciada

En estos días en que la Iglesia sigue saboreando el misterio de la Encarnación, la liturgia nos conduce con suavidad hacia un detalle que es, en realidad, inmenso: el Nombre de Jesús. No es un nombre más. No es una palabra neutra. Es un nombre que salva, que consuela, que revela el corazón de Dios.

Nombrar a alguien es reconocerlo. Y cuando pronunciamos el Nombre de Jesús, no estamos evocando solo un recuerdo piadoso: estamos confesando una presencia viva. El Niño nacido en Belén no es anónimo. Tiene un nombre, recibido según la promesa de Dios, cargado de sentido y de misión: Jesús, “Dios salva”.

Este Nombre fue pronunciado por primera vez en el silencio humilde de una familia. No resonó en palacios ni en plazas públicas, sino en la intimidad de un hogar. Allí comenzó a desplegarse el misterio de la salvación. Y desde entonces, ese Nombre ha sido refugio en la angustia, fuerza en la prueba, consuelo en la noche y alegría para los sencillos.

El Nombre de Jesús no se impone; se invoca. No se grita; se confía. En él caben nuestras súplicas y nuestros agradecimientos, nuestras caídas y nuestras esperanzas. Decir “Jesús” con fe es abrir el corazón a la misericordia. Es recordar que no estamos solos, que Dios se ha acercado tanto que puede ser llamado por su Nombre.

Para la vida familiar, este día es una invitación concreta: volver a pronunciar el Nombre de Jesús en casa. En la oración sencilla, en la bendición antes de dormir, en la dificultad que se presenta, en la alegría compartida. Donde se nombra a Jesús con amor, el hogar se vuelve lugar de paz.

Comenzando el año, el Nombre de Jesús se nos ofrece como brújula. No promete una vida sin problemas, pero sí una vida acompañada. No elimina la cruz, pero la ilumina con sentido. No quita el camino, pero camina con nosotros.

En este 3 de enero, dejemos que su Nombre habite nuestros labios y nuestro corazón. Que sea pronunciado con respeto, con confianza, con fe. Porque el Nombre de Jesús no es solo sonido: es salvación en acto.

Y así, todavía envueltos en la luz de la Navidad, aprendemos que Dios no solo se hizo carne…
también se dejó llamar por su Nombre.

Pbro. Alfredo José Uzcátegui Martínez.

Vicario parroquial. 


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