27
DIC
2025

27 de diciembre: San Juan, el amor que permanece



27 de diciembre: San Juan, el amor que permanece

 

Después del testimonio fuerte y sangriento de San Esteban, la Iglesia nos presenta hoy una figura distinta, pero complementaria: San Juan, apóstol y evangelista. Si Esteban nos mostró la fe que da la vida en un instante decisivo, Juan nos enseña la fe que permanece, la que se vive a lo largo del tiempo, sostenida por el amor.

 

San Juan no murió mártir en el sentido clásico, pero su vida fue una entrega constante. Fue el discípulo amado, el que reclinó su cabeza en el pecho de Jesús durante la Última Cena, el que permaneció al pie de la cruz cuando muchos huyeron, el que recibió a La Santísima Virgen María como madre. Su martirio fue distinto: fue el martirio de la fidelidad, de la constancia, del amor que no se enfría.

 

La liturgia lo coloca en plena Navidad para recordarnos algo esencial: el amor es la forma más alta del testimonio cristiano. No siempre se nos pedirá derramar la sangre, pero siempre se nos pedirá amar, permanecer, cuidar, sostener, creer cuando otros se van. San Juan enseña que la fe madura no se demuestra solo en gestos heroicos, sino en una vida anclada en Cristo.

 

Juan comprendió como pocos el misterio de la Encarnación. Su Evangelio comienza con palabras que atraviesan los siglos: “El Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros”. Para él, la Navidad no era una escena tierna, sino una revelación decisiva: Dios ha entrado en la historia y nada vuelve a ser igual. Quien se deja amar por Dios aprende a amar de verdad.

 

En sus cartas, Juan es claro y exigente: “Dios es amor”. No como idea abstracta, sino como experiencia concreta. El que ha conocido a Dios ama; el que no ama, no ha comprendido a Dios. Por eso su mensaje sigue siendo actual y necesario, especialmente para las familias: la fe se sostiene cuando el amor se cuida.

 

En el contexto navideño, San Juan nos invita a revisar cómo vivimos el amor en lo cotidiano. No un amor sentimental, sino un amor paciente, fiel, comprometido. El amor que escucha, que perdona, que acompaña. El amor que permanece incluso cuando no recibe reconocimiento. Ese amor es el que hace creíble el Evangelio.

 

San Juan también nos recuerda que la fe no se vive en soledad. Él vivió siempre en relación: con Jesús, con la comunidad, con María. La Navidad es profundamente comunitaria: Dios nace para reunir, no para dividir; para crear vínculos, no para romperlos.

 

En este 27 de diciembre, la Iglesia nos invita a contemplar al Niño de Belén con los ojos de San Juan: ojos de amor, de asombro, de fidelidad. Y nos pregunta, con suavidad pero con verdad:

¿Permanece tu fe cuando pasan la emoción y el entusiasmo?

¿Permanece tu amor cuando cuesta?

 

Que San Juan apóstol nos conceda la gracia de una fe que no se apaga,

de un amor que no se cansa,

y de una vida que permanezca siempre unida a Cristo.

 

Porque quien ama, permanece en Dios.

Y quien permanece en Dios, ya vive la vida eterna.

Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.


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