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DIC
2025

24. Vigésimo cuarto día: Belén está cerca



24. Vigésimo cuarto día: Belén está cerca

Belén está cerca. No como un recuerdo lejano ni como una escena repetida año tras año, sino como un acontecimiento vivo que vuelve a irrumpir en la historia. La noche de Navidad no es una tradición que se conserva: es un misterio que se actualiza. El Hijo de Dios viene de nuevo. Viene a tu casa, a tu historia concreta, a tu familia tal como es.

Después de este camino de Adviento, el corazón está más atento. Hemos aprendido a esperar, a agradecer, a reconciliarnos, a guardar silencio, a encender la esperanza, a amar en lo cotidiano. Todo ha sido preparación para este momento. Ahora, Belén no está lejos: está a las puertas del alma.

La Navidad sucede cuando nos detenemos. Cuando bajamos el ritmo. Cuando apagamos el ruido. Cuando respiramos hondo y reconocemos que no todo depende de nosotros. Detente. Respira. Guarda silencio. El cielo se acerca a la tierra, y Dios elige nacer en lo pequeño, en lo sencillo, en lo humano.

El Niño que nace no busca un lugar perfecto. Busca un corazón abierto. No exige méritos, solo disponibilidad. No pide grandes discursos, sino un rincón de acogida. Un poco de silencio. Un poco de gratitud. Un poco de humildad. Allí, en ese espacio sencillo, Dios hace morada.

Acoger a Jesús en la noche de Navidad es permitirle entrar en la historia personal y familiar, con sus luces y sus sombras, con sus heridas y sus esperanzas. Es decirle: “Aquí estamos, Señor. No somos perfectos, pero te esperamos”. Y eso basta. Dios no rechaza un corazón que se abre con verdad.

La familia que se reúne esta noche —quizá alrededor del pesebre, quizá en silencio, quizá con una oración breve— está haciendo algo profundamente grande: está dejando que Dios nazca de nuevo en el mundo. No como idea, sino como presencia viva que transforma, consuela y salva.

Belén está cerca porque Dios siempre se acerca primero. Él no espera que todo esté en orden; Él viene para poner orden desde dentro. Él no espera que la casa esté impecable; Él viene para llenarla de sentido. Él no espera perfección; Él trae misericordia.

Que esta noche no pase como una más. Que no falte un momento de silencio, una palabra agradecida, una oración sencilla en familia. Porque el mayor regalo que una familia puede darse no se envuelve en papel: es un corazón limpio, humilde y abierto para recibir a Jesús.

Belén está cerca.
La Luz nace.
Y donde nace la Luz, todo puede volver a comenzar.


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.

 


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