02
DIC
2025

2. Segundo día: La Palabra que ilumina



2. Segundo día: La Palabra que ilumina

Enciende una vela y abre la Biblia. Aunque sea un versículo. Deja que el corazón escuche. La Palabra no llega para llenar la cabeza, llega para ablandar lo duro, para recordar que no estamos solos y que Dios habla en lo pequeño.Dentro del Adviento hay gestos sencillos que despiertan una profundidad especial. Encender una vela y abrir la Biblia puede parecer poco, pero es un acto que hace visible algo esencial: la luz viene de Dios, y su Palabra es el fuego que transforma el corazón.

 

La luz de la vela no vence la oscuridad con violencia; simplemente la desplaza. Así actúa la Palabra de Dios cuando encuentra un corazón disponible. No llega para imponer, sino para iluminar. No sacude con estrépito, pero despierta con verdad. No hiere, pero ablanda lo que la vida ha endurecido.

 

Abrir la Biblia, aunque sea un versículo, es reconocer que necesitamos escuchar una voz más alta que nuestras preocupaciones. La Escritura entra por rendijas: una frase que consuela, una promesa que sostiene, un llamado que impulsa. En el Adviento, los profetas se vuelven cercanos, el Evangelio resuena profundo y los salmos se transforman en oración que respira dentro del alma.

 

La Palabra no llega para llenarnos la cabeza de información, sino para suavizar el corazón. Ablanda la dureza del orgullo, desarma el enojo estancado, calma la ansiedad silenciosa. La familia que escucha la Palabra empieza a cambiar desde dentro, despacio pero con firmeza.

 

También nos recuerda algo esencial: no estamos solos. Dios sigue hablando en lo pequeño, en lo cotidiano, en los hogares donde se le abre una rendija de tiempo. Y esa Palabra, escuchada en familia, crea unidad, serenidad y sentido de misión.

 

Este segundo día del Adviento puede ser un buen momento para hacer un compromiso sencillo en casa: elegir juntos un versículo para la semana, colocarlo en un lugar visible y dejar que esa Palabra sea la lámpara encendida que acompaña la vida diaria.

 

Cuando la Palabra ilumina el hogar, todo se transforma. Cada rincón se vuelve un pedazo de Belén. Y la familia aprende que la verdadera luz de la Navidad no proviene de las decoraciones, sino de la voz de Dios que susurra al corazón:

“Estoy contigo. La luz ya viene”.


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario Parroquial.


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