16. Decimosexto día: Recordar que Dios cumple sus promesas
El Adviento es una escuela de memoria creyente. Nos enseña a recordar no desde la nostalgia, sino desde la fidelidad. En un mundo donde todo parece frágil y cambiante, la fe cristiana se sostiene sobre una verdad firme y consoladora: Dios cumple sus promesas. No falla, no se contradice, no abandona. Su palabra permanece incluso cuando nuestras fuerzas flaquean.
La historia de la salvación es una larga cadena de promesas cumplidas. Dios prometió una tierra, y la dio. Prometió un pueblo, y lo formó. Prometió un Salvador, y lo envió. Nada de lo que Dios ha prometido ha quedado en el aire. A veces los caminos fueron largos, otras veces incomprensibles; pero siempre estuvieron sostenidos por su fidelidad.
El Adviento nos invita a volver la mirada hacia atrás para aprender a confiar hacia adelante. Recordar lo que Dios ya ha hecho fortalece la fe para lo que aún esperamos. Cuando la vida se vuelve pesada, cuando las respuestas tardan, cuando el silencio parece prolongarse, la memoria creyente se convierte en ancla: Dios ya ha sido fiel, y por eso seguirá siéndolo.
Muchas veces no entendemos los tiempos de Dios. Quisiéramos respuestas inmediatas, soluciones rápidas, señales claras. Pero Dios no se rige por nuestra prisa. Él trabaja con una sabiduría más grande, con una paciencia que abraza la historia entera. Su fidelidad no depende de nuestras certezas, sino de su amor eterno.
En la vida familiar, recordar las promesas de Dios es un acto de esperanza concreta. Es enseñarle a los hijos que no todo se resuelve de inmediato, pero que nada se pierde cuando se confía en el Señor. Es ayudarnos mutuamente a no desesperar cuando el camino se vuelve cuesta arriba. Es sostenernos unos a otros con la certeza de que Dios no abandona la obra de sus manos.
Adviento es el tiempo propicio para ejercitar esta memoria agradecida: recordar momentos en los que Dios sostuvo, abrió caminos, consoló, sanó, acompañó. No para quedarnos en el pasado, sino para alimentar la confianza en el presente y el futuro.
Recordar que Dios cumple sus promesas devuelve la paz al corazón. Nos libera del miedo, nos saca de la ansiedad, nos devuelve la esperanza. Porque si Dios fue fiel ayer, lo es hoy y lo será mañana.
Y así, caminando con esta certeza, el Adviento se vuelve luminoso: no porque todo esté resuelto, sino porque sabemos en quién hemos puesto nuestra confianza. Dios cumple sus promesas. Y esa fidelidad es la luz que nos conduce, incluso en las noches más largas.
Pbro. Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial.
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