14. Decimocuarto día: Escuchar más, hablar menos
En el corazón de toda familia hay palabras que sanan… y silencios que curan todavía más. En un mundo saturado de ruido, opiniones y prisas, aprender a escuchar se convierte en un verdadero acto de amor. Escuchar no es solo oír sonidos; es detenerse, hacer espacio, acoger al otro tal como es. Y pocas cosas preparan tanto la Navidad como una escucha hecha con el corazón.
Adviento nos invita a bajar el volumen de nuestra voz interior para afinar el oído del alma. Muchas veces hablamos para defendernos, para imponernos, para cerrar conversaciones. Pero cuando escuchamos de verdad —sin interrumpir, sin juzgar, sin preparar la respuesta mientras el otro habla— algo profundo ocurre: el otro se siente visto, reconocido, amado.
En la vida familiar, la escucha es un regalo inmenso. Escuchar con paciencia a un hijo que intenta expresar lo que no sabe nombrar; a un cónyuge que comparte cansancios o sueños; a un abuelo que repite historias que guardan sabiduría… todo eso es construir comunión. No siempre hacen falta soluciones; muchas veces basta la presencia. Un silencio atento puede valer más que mil consejos.
Hay palabras que curan, sí. Pero hay silencios que restauran. Silencios donde el otro puede descansar, ordenar sus pensamientos, confiar. En esos silencios habitados por el amor, Dios también habla. Porque Él es un Dios que escucha, que inclina el oído, que no se cansa de acoger.
Escuchar con el corazón es preparar el pesebre interior. Es limpiar el espacio donde Jesús quiere nacer. Allí donde alguien se siente escuchado, el alma se ensancha y la paz encuentra lugar. Y cuando la familia aprende a escucharse, el hogar se vuelve más humano, más cálido, más verdadero.
En
este día de Adviento, la invitación es sencilla y exigente a la vez:
hablar un poco menos,
escuchar un poco más,
amar con más atención.
Porque quien escucha con amor, ya está regalando lo mejor. Y ese regalo —más necesario que cualquier obsequio debajo del árbol— es uno de los más hermosos caminos para que Cristo nazca en medio de la familia.
Pbro Alfredo Uzcátegui.
Vicario parroquial
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