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DIC
2025

11. Undécimo día: Caridad que toca la vida



11. Undécimo día: Caridad que toca la vida

El Adviento nos recuerda que la fe no se queda en palabras ni en emociones: se vuelve concreta, se encarna, se hace gesto. No existe un Adviento auténtico sin caridad, porque la caridad es el lenguaje con el que Dios habla a través de nosotros. Es la forma más visible del amor cristiano; es el puente que une el corazón con las manos, y a las manos con la vida de los demás.

Un pequeño acto de solidaridad abre ventanas al cielo. A veces basta un alimento compartido con quien lo necesita, una visita a esa persona que lleva días en silencio, un mensaje de ánimo, una colaboración discreta que nadie ve pero que Dios conoce. Son gestos sencillos, casi invisibles, pero cuando nacen de un corazón sincero, se vuelven lámparas que alumbran la noche de otros.

La caridad transforma primero a quien la recibe, pero transforma aún más a quien la da. Nadie que ayuda queda igual. El alma cambia cuando se sale de sí misma, cuando descubre que otro existe, sufre, necesita, espera. La bondad deja luz en el camino, una luz que no se apaga, que renueva la esperanza y nos despierta a la verdad más profunda del Evangelio: amar es vivir.

En familia, la caridad se aprende como se aprende todo: viendo, imitando, incorporando pequeños hábitos que se vuelven modos de ser. Enseñar a un niño a compartir su pan, a ceder su lugar, a ayudar en casa, es sembrar en su corazón el tesoro más grande: la capacidad de amar sin esperar recompensa. Y cuando los adultos sirven sin quejarse, ayudan sin exhibirse y acogen sin juzgar, el hogar se convierte en escuela de misericordia.

Adviento es el tiempo ideal para preguntarnos:
¿A quién puedo tender la mano hoy?
¿Quién necesita un gesto de cariño, un alimento, una palabra, un abrazo?
¿Dónde puedo poner más amor del que estoy poniendo?

La caridad que toca la vida no es un acto aislado, es un modo de vivir. Y es el modo que Jesús eligió: acercarse, aliviar, acompañar, levantar, sanar. Cuando imitamos esos gestos, aunque sea en su versión más pequeña, estamos haciendo presente la Navidad antes de que llegue.

Porque cada acto de caridad —cada pan compartido, cada lágrima acompañada, cada mano tendida— prepara el pesebre del corazón donde Cristo nacerá. Allí donde hay amor concreto, Dios ya está. Allí donde hay caridad, el Adviento se vuelve vida.


Pbro. Alfredo Uzcátegui.

Vicario parroquial.

 


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